"No me gustan las guerras, pero sí me atraían mucho las mujeres guerreras"
los invisibles
Isabel García Conde. Hija de Juan Tribuna, esta vocación tardía de pasión temprana se doctoró con un trabajo sobre María de Padilla, dulce en las crónicas, cruel en los romances
La leyenda de María de Padilla como embrujadora de hombres llegó a Brasil y hasta la Carmen de Merimée. De buscar el otro perfil de la amante de Pedro I se ocupó Isabel García Conde (1951), segunda de los once hijos del mítico Juan Tribuna.
-Su familia era como un país...
-Aunque mi pasión era el estudio, mis padres, hijos de su tiempo, habían previsto que los chicos fueran a la Universidad y las chicas no. Cuando mi madre se quedó embarazada de Manolo, después de los gemelos, estaba muy débil y se fue con mi abuela. Me quedé al cargo de los pequeños, que por instinto de decían mamá.
-¿Cómo se libera de eso?
-En 1976 me voy a Madrid. Un año después me caso y desde entonces vivo allí. Hasta mi jubilación, trabajé en diseño gráfico en la base aérea de Torrejón de Ardoz. Hasta 1992, para los americanos; desde entonces, con el Ministerio de Defensa.
-¿Dónde surge ese afán?
-En la biblioteca que tenía mi padre. Recuerdo un inencontrable titulado Memorias de un reporter de los tiempos de Cristo y las poesías completas de Manuel Machado.
-¿En Madrid se sacó la espina?
-Empecé con cursos para mayores, a interesarme por mujeres marginadas por la historia en la política, la poética, la pintura. Me dijeron que por qué no iba a la Universidad. No tenía ni Selectividad. Torrejón estaba a ocho kilómetros de la Universidad de Alcalá de Henares y me matriculé en Humanidades. Tuve que esperar a que mis hijos terminaran su carrera para empezarla yo.
-De la base aérea a la tierra...
-Terminé el Trabajo de Fin de Grado, dirigido por el medievalista Joaquín Rubio Tovar, sobre la presencia de la mujer en Chretien de Troyes, un autor francés del siglo XII. Lo titulé expresivamente Del Silencio a la palabra. Fui premio extraordinario de carrera. Todos mis compañeros era veinteañeros, más jóvenes que mis hijos.
-¿Qué tenía la Edad Media?
-Me interesa el texto y el contexto. Me gustaría llegar a ser como un personaje del Renacimiento, con ese conocimientos global. La poesía medieval era deudora de Ovidio, de Homero. En el silencio de la mujer, descubrí que la reina no era ficha del ajedrez.
-¿Cuál fue su siguiente meta?
-Me dieron a elegir un profesor para mi máster, y creo que acerté con Jon Juaristi. No me gustan las guerras, pero me atraían mucho las mujeres guerreras del Romancero. Juaristi me sugirió la época de Pedro I. Y así llego a María de Padilla.
-¿Qué sabía de ella?
-Sólo sabía que había sido la amante de Pedro I y que tenía una calle en Sevilla.
-Una calle para una amante...
-Pedro I siempre la consideró su mujer. Si él estaba guerreando, ella estaba en un castillo. A lo largo de nueve años de relación, hay más de 170 desplazamientos de María de Padilla por la península ibérica. Tuvieron cuatro hijos (Beatriz, Constanza, Isabel, Alfonso). Las crónicas del canciller López de Ayala la consideran una mujer buena, dulce; los romances la retratan cruel, bruja.
-¿La misma dicotomía que el rey Pedro I?
-Todos los reyes se comportaban entonces de manera similar. Felipe II reivindica al Justiciero. La leyenda de María de Padilla como embrujadora de hombres llegó hasta Brasil y el conjuro aparece en la Carmen de Merimée.
-¿La amante aparcó a la amada?
-Dicen que Pedro I no consumó el matrimonio con Blanca de Borbón porque los franceses no pagaron la dote de ese matrimonio dinástico o bien porque cuando don Fadrique, el hermano bastardo de don Pedro, fue a buscar a doña Blanca vivieron un episodio como el de Tristán e Isolda.
-¿Cuál fue el resultado?
-Titulé el trabajo A la búsqueda de doña María de Padilla. Entre lo Real y lo Imaginario. Dicen mis hijos que el título es muy matemático. Detrás de la razón matemática, siempre está la razón poética de Nietzsche, de María Zambrano, de Machado. El señor de la villa de Sanlúcar los invitó a los dos, a Pedro y a María, a ver en Sanlúcar la pesca del atún en almadraba. Comprobé por Ladero Quesada que fue en Conil, a mí me trasladó con cuatro meses, abril del 51, a estar en brazos de mi abuelo en la playa de la Victoria, a la foto que mi padre tenía de toda la prole en la playa de Chipiona.
-¿Otras líneas de estudio?
-Con la Universidad de Lovaina, por skype, hice un trabajo sobre la Utopía del Quijote en Hispanoamérica a través de los discursos de los premios Cervantes, sobre todo el que dio Borges.
-¿Fue al fútbol con su padre como iba su hermana Rocío?
-No soy tan erudita de fútbol como ella, pero sí recuerdo una visita con él al Bernabeu. Lo acompañé al campo del Betis y al del Sevilla, donde una vez nos hicieron un pasillo para increparlo por algo que había escrito.
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