La invasión de los bávaros
Recuerdo. La Academia de Buenas Letras apadrina la publicación de un libro que recoge los nueve años de colaboración periodística de Luis Olivencia Brugger (1961-2014)
YA no es ayer, decía Quevedo, y hoy es mañana. Martes vestido de Miércoles, que era el día de la semana que a lo largo de nueve años permitió a los lectores encontrarse con las reflexiones de un jurista legal y nada legalista llamado Luis Olivencia Brugger (1961-2014). Francisco Rosell, entonces director de El Mundo de Andalucía, y José Antonio Gómez Marín le animaron a "la aventura periodística", como la denominó ayer su padre, Manuel Olivencia Ruiz, en la presentación de Hoy Miércoles, un compendio de artículos escritos en "un español sintácticamente correcto, elegante, sabroso", aliñados con sal y pimienta y la actualidad, "el latido de cada día".
Rosell y Gómez Marín presentaron el libro en la Academia de Buenas Letras, institución que patrocina una publicación que se ha materializado con el trabajo del editor y poeta Abel Feu. Su patria era España, Andalucía; su matria, Alemania, Baviera. Lástima que la región de su familia paterna sólo nos haya dejado el contubernio de Múnich.
Manuel Olivencia hizo un reverso manriqueño de coplas a la muerte de su hijo. "No voy a repetir el epílogo con el que con lágrimas en los ojos cerré este libro", dijo entero y emocionado el catedrático de Derecho Mercantil en la glosa de los artículos de su hijo, este Miércoles ya literario como lo son el Jueves de Chesterton y el Viernes de Daniel Defoe.
"Los amados de los dioses mueren jóvenes". Gómez Marín citó a Plauto para desmentir a Pascal. Recordó al amigo y compañero de consejo editorial que le invitaba cada verano al paisaje alpino de "la soledad sonora".
El Brugger de su abuelo Aloisi, de su madre Jane, le dio una distancia saludable para protegerse del ensimismamiento. "Su madre y mi madre eran del mismo pueblo, Herrsching, muy cerca de Múnich", recuerda Chito Navarrete, amigo de la infancia de quien vivió a camino de esas dos culturas, como el emperador cuyas cuentas estudió Carande. Su abuelo alemán conoció a Ratzinger y a él le hubiera gustado ser embajador ante la Santa Sede.
El acto lo presidió Rafael Valencia, director de la Academia de Buenas Letras. Asistieron los decanos de la Facultad de Derecho y del Colegio de Abogados. El profesor Olivencia Brugger tiene una calle a petición de sus alumnos. Estuvieron sus hermanos Macarena y Daniel, su viuda, Sofía de las Moras, sus hijos, y Javier Arenas, cuñado de quien como Rilke buscó refugio en Ronda. "En Ronda, donde siempre buscó reposo y paz, reposa en paz", dijo su padre en este homenaje a un europeísta convencido.
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