Muere la abogada Mercedes Benjumea Troya
Obituario
El autor recuerda la figura de Mercedes Benjumea Troya, que falleció el pasado 27 de enero en Sevilla tras una larga enfermedad
Queridos amigos y familiares, hoy nos reunimos para despedir a nuestra querida Mercedes, una mujer de fe profunda y corazón generoso y por ello, era habitual que cuando le hacías algún favor o tenías un detalle, contestaba “mil millones de gracias” que es una expresión que casualmente hoy (también) repiten sus hijas y sobrinas cuando quieren mostrar algún agradecimiento.
A lo largo de su vida, Mercedes nos ha demostrado que la fe no es solo una palabra, sino una acción que se vive en cada momento, especialmente en los más difíciles y desde luego, nos lo demostró a lo largo de su enfermedad que la llevó con una gran entereza y siempre sin perder la sonrisa y el ánimo.
Era una persona que hacía fácil la vida a los demás, casi sin darse cuenta y sin esperar nada a cambio. Parece que tenía una batería en su vida que nunca se agotaba, desprendiendo luz, entrega y sonrisa y esa batería nunca se le acababa porque la alimentaba diariamente. Su motor de vida era la oración y todo lo que hacía lo ofrecía a los demás y siempre desde la discreción.
Todos los aquí presentes sabemos de su paso por la vida; persona muy agradecida a sus padres, profundamente familiar; amaba sin medida a sus tres hijas, Silvia, Laura y Mercedes; muy querida en Sotogrande y en su bendita profesión de Abogada y sobre todo, amiga de sus amigos que supo mantener durante toda su vida.
Para ella fue muy importante su etapa en la Universidad de Sevilla y desde entonces, mantiene su grupo de amigos/as.
Precisamente, cuando surgió la triste noticia de su enfermedad, inmediatamente sus compañeros reaccionaron creando (idea de su buena amiga Cristina González Alba y otras) un grupo de Whatsapp que denominaron “Acompañar a Mercedes” para que nunca estuviera sola, sus amigos montaron un sistema de guardia rotativo que se mantuvo hasta su último suspiro de vida.
Siendo cierto todas esas virtudes y cualidades personales, hoy me gustaría destacar su entereza ante la enfermedad y que mantuvo hasta el fin de su vida.
Nunca podré olvidar sus palabras dos semanas antes de fallecer en su habitación del Hospital Virgen del Rocío cuando de forma espontánea me dijo: “Bidón, ya sé que me queda poca vida pero, en este momento tengo mucha paz interior, me encuentro muy tranquila y me voy con la sensación del deber cumplido”, todo ello con una sonrisa y con una paz interior casi inexplicable.
En su lucha contra la enfermedad, Mercedes nos ha enseñado que la cruz no es solo un símbolo de sufrimiento, sino también de redención. Como dice San Pablo en la carta a los Colosenses: "Me alegro de sufrir por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, por su cuerpo, que es la Iglesia".
Mercedes ha ofrecido su dolor y su sufrimiento a Dios, uniéndose a la pasión de Cristo y encontrando en ello una fuente de paz y esperanza. Como dice el Evangelio de Juan: "En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto".
Hoy, al despedirnos de Mercedes, recordemos que la muerte no es el final, sino el comienzo de una nueva vida en Cristo y por eso, los pasajes bíblicos y al reflexionar sobre la Resurrección y la Muerte llegó a decir: ¿Porqué buscáis entre los muertos, al que está vivo? No está aquí, ¡Ha Resucitado!
Es evidente que nos dio un ejemplo del valor del sufrimiento sin lamentarse y encarando las cosas de la vida tal como vienen y siempre con esa sonrisa y felicidad que transmitía a todo su entorno.
Mercedes ha sembrado su vida en este mundo, y ahora cosecha el fruto de su fe y su amor. Que su ejemplo nos inspire a vivir con esperanza y a ofrecer nuestros sufrimientos a Dios, sabiendo que en Él encontraremos la verdadera vida. Encomendemos su alma a la Virgen de Fátima que tanta devoción tenía. Descanse en paz.
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