"El mundo es de los que ven, los guapos y los diestros, eso hay que cambiarlo"
Los invisibles
Sevillana de Nervión, es la veterana del programa-marco de la Junta y la ONCE para integración escolar de deficientes visuales. Trotacolegios que lleva el braille a los recreos.
ESTUDIÓ Magisterio y se enamoró en el palacio de San Telmo ahora rehabilitado por Vázquez Consuegra. Amelia Estévez (Sevilla, 1968), pese a su juventud, es la más antigua de las profesionales del equipo de Apoyo e Integración a Deficientes Visuales y Ciegos.
-¿Estudió Educación Especial?
-No existía la especialidad. Hice Magisterio por Inglés. Hacíamos gimnasia en el Salón de los Espejos donde María de las Mercedes bailaba con Alfonso XIII.
-¿Cómo surge su vocación?
-Lo tenía claro desde pequeña. La palabra mandona no me gusta; como hija única, tenía exceso de responsabilidad. Organizaba clases particulares a mis vecinos. En el recreo del colegio les daba clases a mis compañeras.
-¿Su puesta de largo?
-El primer sueldo lo gané en tercero de carrera, dando clases particulares en varios colegios. El dinero se lo di íntegramente a mis padres y me compré un traje de napa a plazos en El Corte Inglés.
-¿Cómo se incorpora al mundo de la integración?
-Gracias a estar de interina. Estaba en un colegio de la Ronda de Capuchinos y me llamó el jefe de personal de la ONCE. Me preguntó si sabía braille y si tenía coche. Le dije que sí. Le mentí porque tenía una tía en la Once y pensaba que ella me había echado un cable. No le mentí del todo. Tenía coche, un Opel Corsa, pero no tenía carnet. Y en un fin de semana me empapé del braille con un punzón y una pauta. Y después me pusieron a un profesor ciego.
-¿Cuál es su primer destino?
-Colegios de Coria, La Puebla del Río y el Carlos V de Torreblanca. En ese centro tuve a mi primera alumna, una chica ciega que ahora es historiadora y da clases en Murcia. Se llama Rocío González Oropesa.
-Estudió donde lo hacían los seminaristas. ¿Dónde hizo el noviciado de la Educación Especial?
-En Morón, en el colegio Reina Sofía. Era un centro puntero, el bastión de la Educación Especial. Para mí fue muy importante. Me independicé. Vivía en un piso con la logopeda del centro, Lucía Bancalero. Teníamos ocho alumnos deficientes mentales y motóricos.
-¿Cuándo vuelve a la ONCE?
-Cuando me llama el director del Centro de Recursos, Mariano Fernández. Ahí llevo ya 19 años.
-¿Cómo son sus semanas?
-Los lunes hago tareas de apoyo con un niño de Bami, Jesús, y una niña de los Padres Blancos, Rocío. Los martes con Andrea, de San Agustín, e Iván, en un colegio de Tomares. Los miércoles vuelvo con Jesús a Bami y con Sara en otro colegio de Tomares. Los jueves trabajo en la sede central y los viernes repito con Rocío y Jesús.
-¿Vive los progresos?
-Por eso cada vez me gusta más lo que hago y me implico más. Hay niños que no quieren ser ciegos, que no lo aceptan. Ten en cuenta que Jesús era el Pichichi de su colegio, el que más goles marcaba, y un día vuelve ciego. Sexto curso lo hizo en la sede central, pero después volvió a su colegio. Un día a la semana en el recreo hacemos un taller de braille con todos los alumnos que ven.
-¿Se valora su trabajo?
-Cuando empecé éramos cuatro profesores y ahora somos once. De todas las discapacidades me tocó una en la que hay más recursos y se ve el progreso. Cuando se habla de discapacidad se piensa sólo en motóricos, en visuales y auditivos, pero también están los casos de obesidad y malos tratos.
-¿Cómo se desconecta?
-Me gusta la playa, escaparme a Zahara de los Atunes. Hablar con la gente, me han ecargado que organice el encuentro de antiguas alumnas de Nervión 25 años después de salir. Tengo un abono mixto del Maestranza, unas veces voy con mis amigas, otras con mi madre, sólo me falta La Traviatta. Me gusta tomarme una cervecita, me encanta ir de compras a El Corte Inglés y hacer punto de cruz, aunque lo he tenido que dejar porque prefiero dedicar ese tiempo a leer. Nací el día del Libro y ahora estoy leyendo algo que tiene mucho que ver con lo que hago, El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy. Y los primeros miércoles de mes voy al cine con mi primo Antonio, porque a mi marido sólo le gusta el fútbol.
-¿La integración le ha ganado la partida a la marginación?
-La primacía es trabajar en los centros ordinarios, aunque hay alumnos que no hay más remedio que tenerlos en centros de Educación Especial. El mundo está hecho para los que ven, para los diestros y para los guapos, eso tiene que cambiar. La palanca de cambio y las tijeras están hechas para diestros. Está costando mucho quitar los guettos, todos los ciegos juntos, todos los sordos juntos. Y son capaces de hacer cosas que creemos imposibles.
-¿Más docentes en la familia?
-No. Dos tías monjas y mi tía la de la Once. Mi padre era un mediano empresario con un almacén de material fotográfico al por mayor.
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