No más murallas
Puerta de los Palos
La repetición de unas elecciones con dos candidaturas en la Macarena reavivaría tensiones
Hagamos uso de aquel comienzo de frase tan usado en el legendario programa radiofónico Saeta, cuando aquella inconfundible voz comenzaba a soltar perlas con el Se dice... Pues eso. Se dice que en el atrio de la Macarena se da por hecho que el próximo otoño habrá dos candidaturas. Y eso no es una buena noticia. Porque la pluralidad de candidaturas siempre supone el levantamiento de nuevas murallas que duran cuatro u ocho años. Yno debe haber más murallas que las que todo el mundo conoce. Se dice que el gran Santiago Álvarez, reputado teniente de hermano mayor, y José Antonio Fernández Cabrero, el consiliario tercero que lo está bordando con las obras sociales, están dispuestos a dar el paso. Se dice que Álvarez ya tiene comprometido el puesto de teniente en su candidatura para Fernando Fernández Cabezuelo, actual consiliario primero en la junta que preside Manuel García.
Se dice que muchos opinan que habría que hacer una lista de consenso donde Cabrero se integrara en la candidatura de Álvarez, pero que como Álvarez ha comprometido ya el puesto de teniente, la cosa se pone difícil por esa vía.
Se dice que al actual presidente del Consejo, don Joaquín Sainz de la Maza, se le nota más de la cuenta su predilección por Cabrero, tipo simpático donde los haya, de fluida oratoria y sólidas relaciones sociales. Y que al actual secretario del Consejo, el doctor López Bravo, apuesta abiertamente por la candidatura de Álvarez, un macareno tela de capillita, de los que saben de cofradías más allá del atrio y un consumado experto en logística de horarios e itinerarios.
Se dice que el asunto se ha tratado en el seno de la junta de gobierno. A Manuel García, una institución en la hermandad, una leyenda viva entre los macarenos, le gustaría que sus dos oficiales de junta alcanzaran un acuerdo. Le queda una Madrugada como hermano mayor. Sólo una. Pero hay quien le ha sugerido que pida una prórroga si fuera necesario para dilatar la posible pluralidad de candidaturas. No es la solución que desea. Ni mucho menos. Ni tampoco es la idónea para la autoridad eclesiástica.
No se dice, pero todos sabemos que lo mejor es que haya un acuerdo, se aproveche el caudal de experiencia de ambos, el buen cartel del que gozan, y no dar pie a una pugna de la que no saldrá nada bueno, de la que se acabará con heridos y con frustrados y, sobre todo, que una minoría aprovechará para sus miserables ajustes de cuentas.
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