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El pabellón de Soria sigue en el Porvenir

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Cuatro generaciones contemplan el siglo de Casa Palacios · En 1926 lo abrió Blas Palacios, que se vino desde Taniñe, pueblo soriano · Desde los Campos de Castilla de Machado

Juan Manuel y Jacobo, tercera y cuarta generación. A su lado, los empleados. / M. G.

De un pueblo de la provincia de Soria que está “fuera del mapa” a una metrópolis que se preparaba, en el sueño de Aníbal González, para organizar la Exposición Iberoamericana de 1929. Ése fue el viaje equinoccial de Blas Palacios, soriano de Taniñe, el visionario que invirtió el camino de Antonio Machado para poner una pica en el Flandes sevillano. Cien años después, el pasado fecundo es puro presente en una cuarta generación en ciernes. El futuro lo llevaba escrito. No podía ser de otra manera iniciando su aventura en la calle Progreso de la barriada del Porvenir.

De los fríos de Castilla, los puros campos de Castilla del poeta de Dueñas y Colliure, a los calores tanto térmicos como sociales de Sevilla. Como si siguiera el dicho evangélico, mucha es la mies y pocos los obreros, Blas pensó que el mundo nuevo era demasiado grande para una sola persona y el pionero convenció a su primo Juan. Un refuerzo providencial para mantener la estirpe.

Blas Palacios muere de una peritonitis y en 1948 se hacen con las riendas del negocio los primos Juan y Severo Palacios. Casa Palacios emerge en un antiguo chalet de los construidos para la Exposición. Sevilla vive una segunda edad de Oro después de la de los galeones. Casa Palacios abre sus puertas en 1926; la generación del 27 se reúne un año después en el Ateneo para homenajear a un poeta con apellido de bodega vinícola; y todo está en marcha para poner en marcha después de un sinnúmero de aplazamientos la Exposición del 29. Un siglo después muchos de aquellos pabellones desaparecieron. El de Soria sigue en pie.

Un año después de la primera piedra y el primer odre de Blas Palacios, se inician tres años de guerra a los que sigue la dura posguerra. “Casa Palacios tenía la segunda cartilla de racionamiento de Sevilla, la número 388, la primera era Casa Marciano”, dice Juan Manuel Pérez Escobar (Sevilla, 1971). Todos sus ancestros vinieron de Soria. Juan Palacios se convirtió en su maestro de negocio y de vida. Hasta lo hizo socio del Betis. “No he visto un mejor vendedor que él, estaba enamorado de su clientela”.

El primo Severo Palacios tenía una hermana allá en Taniñe que tuvo ocho hijos. Uno de ellos, Juan Manuel Pérez Fernández, entrará en el negocio con sus tíos. Es el padre del que cuenta las peripecias de esta saga admirable e incombustible. Encarna a la tercera generación. “Yo trabajaba en otra cosa, estudié FP de analista de laboratorios. Mi madre murió demasiado pronto y mi padre ya no se sentía capaz de hacerse cargo del negocio. Como me había criado en la tienda, volví a los orígenes”. Un siglo más tarde, no ha cambiado casi nada. Acaso la línea de la casa. “Antes era más tienda que bar y yo poco a poco le he dado la vuelta para que sea más bar que tienda, pero sin prescindir de ésta porque es la base de todo”.

Galería gráfica con los fundadores de Casa Palacios. / M. G.

Sevilla fue el Nueva York de aquellos sorianos. Se enraizaron sin problemas. Blas Palacios, el visionario, fue uno de los fundadores de la hermandad de la Paz, que paradójicamente se crea al terminar la guerra. Juan Palacios llegó a tener el número 5 de socio del Betis. “Era muy amigo de Patrick O’Connell y me contaba que muchas veces le ayudaba a hacer las alineaciones del Betis en el mostrador de caoba de la tienda. Una vez vino un autobús de irlandeses a Casa Palacios, se hicieron fotos y me invitaron a Irlanda. A mi abuelo Juan le encantaba Larrinoa, uno de los vascos de aquel equipo”.

Cuando muere Blas Palacios, su viuda, Victoria Escobar, se casa con su primo Juan Palacios. Ella consta en un documento familiar como socia número 1 del Sevilla, de Pasión y del Amor. Los hay béticos, sevillistas menos, “mi padre, y eso que nació en 1935, el año que el Betis gana la Liga”, e incluso alguno del Numancia. Juan Palacios hizo socio del Betis a su sobrino-nieto, “lo dejé porque he jugado al rubgy, quince años en el Ciencias y hasta en la selección”.

Ya hay una cuarta generación en la pista de salida. Jacobo es el hijo de Juan Manuel. “No tiene muy claro qué quiere estudiar y le dije que se viniera a aprender el negocio, sobre todo a cortar jamón”. Legumbres de La Bañeza, sobrasada mallorquina. Casa Palacios es un mapa de España de conservas y embutidos. Hay algunas firmas tan centenarias como ellos, como La Gloria y Costera, conservas y salazones de Gijón de 1926.

Juan Palacios ayudaba a O’Connell a hacer las alineaciones del Betis

Muy cerca del parque de María Luisa, está alejado del bullicio turístico. Los clientes son y han sido de autor: los Benjumea, los Abaurre. Ha sido escuela de muchos aprendices. Por Casa Palacios pasó un primo de los hermanos Martín, los empresarios de un pueblo de Ávila que abrieron la cadena de supermercado Mas. “Mi abuelo Juan ayudó a muchísima gente. A Antonio el Bailarín le daba de comer muchos días”.

Tienen un escaparate de exposición, una barra dominada por el trato personal y la confidencia y un reservado entre bastidores con fotos de la familia: su padre jovencísimo, su tío Jesús, los pioneros y a la derecha, junto a la caja, Catalina, la cocinera, y Victoria, esposa sucesiva de los primos Blas y Juan Palacios. Hubo quien se trajo hasta las ovejas de Soria. En Taniñe ya no vive casi nadie. Están en el Porvenir, calle Progreso. Paisanas de Leonor, la soriana que se le murió tan joven a Machado.

La casa era un chalet y ahora son Palacios. Juan Manuel, el jugador de rugby, nació dos años antes de que la Feria se fuera del Prado a Los Remedios. Casa Palacios sigue donde estuvo. Calle Progreso. Porvenir.

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