La pediatría que humaniza la infancia
El doctor Martín Navarro se hace con la plaza de Pediatría Social en la Real Academia de Medicina de Sevilla, reivindicando el uso de esta especialidad como herramienta para proteger a los menores más vulnerables
La Real Academia de Medicina de Sevilla abre sus puertas al pediatra Martín Navarro
El pediatra Martín Navarro ha dedicado su vida a mirar más allá de los síntomas. Su trayectoria combina excelencia médica y compromiso social, redefiniendo la pediatría desde la perspectiva del bienestar integral del niño. Ahora, esa sabiduría se ha visto premiada a golpe de plaza académica.
El pediatra se hace con el sillón de Pediatría Social en la Real Academia de Medicina de Sevilla, una institución que, en su opinión, debe ser, más que un espacio de estudio, "un foro para visibilizar los problemas invisibles que afectan a los niños hoy, desde el ciberacoso hasta la pobreza infantil, y promover políticas y protocolos que conecten la medicina con la realidad social de la infancia". Desde su experiencia en neumología infantil hasta la pediatría social, Navarro defiende que "tratar a un niño enfermo requiere comprender su entorno, su familia y los desafíos sociales que enfrenta".
Navarro inició su carrera en la neumología infantil, liderando el Servicio de Neumología del Hospital Universitario Virgen Macarena. Su trabajo con niños asmáticos graves y pacientes con fibrosis quística le enseñó que la medicina no puede limitarse a controlar crisis respiratorias o ingresos hospitalarios. "Lo más importante que valoraban los niños con asma no era ni las crisis respiratorias ni los ingresos hospitalarios, sino no poder jugar o participar en actividades escolares y deportivas", recuerda. Esta experiencia le llevó a desarrollar una tesis doctoral sobre la calidad de vida de los niños asmáticos y a identificar la dimensión social de la enfermedad, consolidando su vocación por la pediatría social.
Durante su carrera, Navarro promovió la humanización hospitalaria, impulsando ciberaulas, teatros infantiles y habitaciones más cercanas a una guardería que a un hospital. Hoy, tras su jubilación asistencial, dedica su labor a apoyar a niños y familias en riesgo, convencido de que "hay que tratar a un niño con asma, no un asma en un niño". "Esa diferencia define toda la pediatría social", apunta.
Para Navarro, esta especialidad es transversal y actúa en todas las áreas médicas, abordando aspectos sociales y de bienestar. Su trabajo combina formación de profesionales, adaptación de estructuras asistenciales y colaboración con organizaciones como UNICEF o Save the Children y con autoridades políticas para implementar soluciones que mejoren la vida de los niños más vulnerables. Entre sus iniciativas destacan la creación de protocolos para detectar acoso escolar y ciberacoso, y asegurar alojamiento para padres de niños hospitalizados, así como el apoyo educativo como herramienta para romper el ciclo de pobreza.
Navarro subraya dos retos prioritarios de la infancia actual. La pobreza y el impacto de la tecnología digital. Cerca de un tercio de los niños en España y Andalucía está en riesgo de pobreza, afectando no solo a la alimentación, sino también al desarrollo emocional y social. La detección temprana y el apoyo educativo son fundamentales para evitar que la desigualdad se perpetúe.
En cuanto a la tecnología, el 95% de los adolescentes españoles tienen teléfono móvil a los 10 años, y muchos pasan más de cinco horas diarias frente a dispositivos los fines de semana. El ciberacoso afecta a dos de cada diez adolescentes, generando problemas emocionales graves y riesgos de ideación suicida. "Si un niño recurre siempre a la inteligencia artificial para aprender o pedir ayuda, no desarrolla su capacidad de análisis ni su resiliencia", advierte. La supervisión parental sigue siendo insuficiente. Según apunta, "sólo un 23% de las familias controla adecuadamente el uso de pantallas, mientras la industria digital promueve contenidos que fomentan la adicción infantil".
Navarro también alerta sobre la crisis de salud mental infantil, que afecta entre el 10% y el 20% de los jóvenes a nivel global, y que suele manifestarse antes de los 14 años. Ansiedad, depresión, trastornos de conducta alimentaria y efectos del acoso escolar son problemas que requieren atención inmediata, aunque los servicios públicos a menudo presentan tiempos de espera prolongados.
A estos desafíos se suman la violencia y el maltrato infantil, problemas que a menudo permanecen invisibles. "Más de mil millones de niños sufren algún tipo de violencia cada año, y la exposición a maltrato físico, psicológico o negligencia puede derivar en intoxicaciones crónicas o fracturas inexplicables", destaca. Para Navarro, la detección temprana y la coordinación entre servicios médicos, sociales y judiciales "son esenciales para proteger a los menores".
Advierte de que la desigualdad social también incide en la salud física. "La pobreza está directamente relacionada con obesidad infantil, problemas cardiovasculares y trastornos de conducta alimentaria", remarca. Además, la natalidad en España ha caído y los padres tienden a tener hijos más tarde, lo que aumenta ciertos riesgos obstétricos y genéticos. Navarro propone políticas de apoyo familiar, desde empleo de calidad y acceso a vivienda hasta teletrabajo y ayudas directas.
Con su ingreso en la Real Academia de Medicina de Sevilla, Navarro pretende que la institución sea un espacio activo donde se visibilicen estos problemas y se promuevan soluciones concretas. "No tratamos enfermedades, tratamos a niños que están enfermos. Y para ayudarlos, debemos involucrarnos también en su entorno familiar y social", concluye. Su trayectoria demuestra que la medicina infantil va más allá de los síntomas. Requiere compromiso, sensibilidad y la capacidad de escuchar a los verdaderos maestros de la pediatría, los propios niños, cuya mirada y sonrisa, según el especialista, "revelan si un tratamiento funciona y si su bienestar integral está siendo protegido".
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