El portero no pudo evitar que Goldfinger se colara en el cine
Calle Rioja
El Avenida de Verano de Triana cerró días después de que cayeran las Torres Gemelas y su empresario lleva diez años después el cine de la Diputación.
Todo es cine en su vida, todo es vida en su cine. Los padres de Luis Rodríguez Sánchez se conocieron en las oficinas de la Universal Pictures en Sevilla: él era contable, ella secretaria de dirección. Ana Sánchez, su madre, se puso de parto en el cine Rocío, uno de los que llevaba su marido, Luis Rodríguez Romero. Su hijo y su nieto, luises Lumière, nacieron en 27 de octubre, como el patriarca. El primer trabajo del Luis intermedio fue taquillero en el Terraza Valencia del parque Alcosa y se pagó los estudios de Medicina con lo que ganaba de portero del Avenida de Verano, en Pagés del Corro. Siendo médico intervino en el parto de su hijo, Luis Rodríguez Rodríguez, que con 21 años es el portero del cine de la Diputación que lleva su padre.
Hace justamente diez años que cruzaron el puente de Triana. "El Avenida cerró en 1998 con mi padre cuando el solar lo adquirió la inmobiliaria Galia. En 2000 volví a abrirlo yo, con la ayuda inestimable de Isabel Guerra-Librero siendo alcaldesa de Triana". En septiembre de 2001, pocos días después de la caída de las Torres Gemelas, cerró definitivamente el último superviviente de un tipo de convivencia que pasó al trastero de la historia.
Anoche se libró en el cine de la Diputación, el antiguo cuartel de Artillería, la desigual batalla entre 007 y Golfinger. Los tiempos han cambiado, al patio de vecinos lo sustituyó el patio de butacas y ahora James Bond es programado para homenajear a John Barry, autor de la música del clásico de Sean Connery. El padre de Luis compartía esa afición. "James Bond era éxito seguro en el Avenida. Recuerdo que mi padre pagaba más dinero por la cinta para tenerla antes. Había veces que la ponía tres días seguidos. La proyección de Nunca digas nunca jamás fue apoteósica".
El público ha cambiado. "Ahora se ha vuelto mucho más exigente", admite el empresario. "Se quejan de que la luz de la luna da mucha claridad, del ruido de los bomberos". Antes se podrían quejar de que la mediana -"en el Avenida no teníamos botellín"- no estaba muy fría, "cosa que nunca ocurría". Ahora le dan satisfacciones como proyectar El Padrino un 1 de agosto con 800 personas.
Su padre llegó a gestionar doce cines de verano, alternando películas en el cine Casablanca del Cerro, el Canal, el Juan XXIII, el Polígono San Pablo, el Olimpia, el Terraza Valencia. El hijo lleva medio siglo relacionado con el séptimo arte, pero como la estación es corta simultanea esta pasión con sus dos oficios, médico de empresa y profesor de Educación Física en un instituto. Estaba en Moguer y el próximo curso irá a La Palma del Condado, donde Manolo Summers rodó La niña de luto.
No pierde la esperanza de abrir por tercera vez el Avenida de verano en Pagés del Corro. "Entre los bloques de viviendas hay un patio que podría servir". En todo lo que ve atisba la posibilidad de un cine. En Canarias, donde hizo la mili como médico del capitán general, montó un cine en el comedor para los soldados que se quedaban de guardia. "Les puse Cayo Largo, La Diligencia o To be or not to be. La de Lubitsch la pongo en todas partes". En el programa de la Diputación hay cintas de Kiarostami o Kapianoglu, pero a Luis no se le caen los anillos por reconocer que "mi padre ganó mucho dinero con las películas de Esteso y Pajares".
El 28 de agosto de 1984 hubo película en el Avenida de verano. Esa noche abrió el bar El Ancla, donde ayer los Luises, padre e hijo, recordaban vivencias. Al final del mostrador, Ángel Vela, historiador de los cines de Triana. "¡Cuántas noches traía mi padre a mi niño al Ancla para que se tomara una pechuguita de pollo antes de la película!". En la galería fotográfica del bar hay una foto de Luis Rodríguez padre, que falleció en 2005; y otra de Luis Rodríguez hijo con su equipo cuando echaron el telón del Avenida en septiembre de 2001: ahí están Ricardo, el taquillero; Felipe, el operador, Esperanci, que servía en el bar; Miguel Espinosa, que era jefe de control de calidad en Construcciones Aeronáuticas y echaba horas de portero, o el mudo, que limpiaba el ambigú, hacía de guarda y muchas noches llevaba al cine a los niños de Manuel, el tabernero del Ancla, al que ya hicieron abuelo.
Luis Rodríguez, la tercera generación, se licenció en Ciencias de la Comunicación. Sigue la estela de su padre de no hacer una sola cosa: sevillista como su progenitor, compartiendo noches mágicas de Glasgow o Eindhoven, es portero titular del cine de la Diputación -anoche se le coló Goldfinger- y diseñó el cartel de las dos últimas ediciones, con sendas portadas dedicadas a Marilyn Monroe y Audrey Hepburn. Cuando termine el cine, se va a Barcelona a un máster de diseño.
El gran estreno de este año es el patio de butacas, procedentes de una fábrica del Polígono Calonge. Luis Rodríguez, el médico del general, lleva cuatro años en el cuartel. Una legislatura en el argot de los políticos. Como los futbolistas, está pendiente de renovar, aunque cambiaron a la diputada y a la directora de área de Cultura. Su socio Luis Millán lleva el cine por municipios de las diputaciones de Sevilla, Jaén, Granada y Almería.
La temporada se abrió en la Puerta de la Carne el día de San Fermín y se cierra el 18 de septiembre. Hay cincuenta mesas y selecta nevería.
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