Salud

La saturación del Hospital Macarena lleva al SAS a reordenar las Urgencias

  • Los problemas de hacinamiento de enfermos persisten pese a los cambios realizados el fin de semana. El área cuenta con dos consultas médicas más pero ha perdido tres camas.

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Los continuos colapsos de las Urgencias en el Hospital Macarena han llevado a los responsables del centro a reordenar el espacio para tratar de "mejorar la comodidad e intimidad de los pacientes", según explican las fuentes hospitalarias. Los cambios afectan a la zona de Observación y, según denuncian profesionales en esta área, no sólo no han logrado frenar los problemas, sino que la situación ha empeorado aún más.

Las Urgencias del centro universitario están dotadas con dos consultas médicas más que ocupan un espacio que, hasta ahora, estaba destinado a atender a enfermos, con ocho camas. Además, un área que estaba habilitada con 15 camas se ha transformado en un espacio diáfano destinado a camillas, donde este lunes se concentraron hasta 32 enfermos, con sus familiares. "Este espacio no está preparado, carece de aseo adaptado y de mesillas o bandejas para que los enfermeros manejen la medicación", denuncia Reyes Zabala, portavoz del Satse en Sevilla, quien incide en que la saturación persiste en las Urgencias. "Con los cambios, lo único que han conseguido es que los enfermos dejen de estar en las salas de espera, a la vista, para permanecer en otro lugar que no está preparado para ello", añade.

Para la portavoz de la principal central en el SAS, "la solución frente a estos colapsos pasa por un refuerzo permanente del personal, al menos hasta que termine el actual periodo, marcado por la llegada masiva de enfermos a las Urgencias".

Durante la mañana de este lunes una sola enfermera se hizo cargo de la nueva sala de Observación donde permanecieron, hasta las tres de la tarde, 18 enfermos. Horas después, esta sala de camillas continuó llenándose de enfermos: a las seis de la tarde se contaban 23; y poco después, llegaron a los 32. Hasta las ocho de la tarde, dos enfermeros se encargaron de todos estos casos. Una situación "inhumana", denuncia la portavoz de los enfermeros. El Satse llevará los riesgos de estas condiciones de trabajo ante el comité de seguridad del Hospital Macarena y ante Inspección de Trabajo. El sindicato no descarta acudir también a la Fiscalía.

Al eliminar la camas para ampliar los puestos asistenciales mediante camillas, que ocupan menos espacio, los enfermos tienen que esperar en unas condiciones que deben ser transitorias, de unas pocas horas. "Las camillas no son camas y son incómodas cuando las esperas se alargan. Además suponen más dificultad para tratar a los enfermos, ya que no se pueden subir o bajar", comenta una enfermera.

Según constató el Satse, en la tarde de este lunes un anciano enfermo de 82 años llevaba en una camilla hasta 19 horas esperando su ingreso en planta; otro paciente de 68 años, quince horas y media; otro de 76 años, once horas; y uno más de 70, catorce horas. De los 32 pacientes que llegaron a ocupar la nueva sala de camillas, 19 estaban esperando que le asignaran cama en las plantas de hospitalización.

Una de las principales causas de los colapsos en las Urgencias es la falta de camas. Durante los últimos años el Hospital Macarena, al igual que el Virgen del Rocío y el Valme, han perdido puestos asistenciales de manera constante. Distintas reformas que han mejorado el confort de las habitaciones han mermado, por otra parte, los recursos asistenciales. Desde 2006 y hasta 2012, según los datos publicados por el SAS, el área del Macarena ha llegado a perder 191 camas funcionantes. De las 984 camas con las que contaba el centro en 2006 se ha pasado a 793 en 2012, de las cuales 713 se encuentran en el hospital principal y 80 en San Lázaro. El centro se queda, de este modo, pequeño, para atender a una población cada vez más envejecida y con más enfermedades crónicas.

Este lunes, los profesionales llegaron a contar a más de 135 enfermos en Urgencias, la mayoría personas mayores con problemas crónicos que se han agravado con las bajas temperaturas.

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