El valor de 'tender el brazo' (también) en Navidad

Las fiestas reducen las donaciones de sangre en las fiestas mientras los hospitales y el centro de transfusión trabaja a pleno rendimiento para garantizar hasta 300 unidades diarias necesarias en Sevilla

Los pasillos del Virgen del Rocío se llenan de frases para fomentar la movilidad y hábitos saludables

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Las reservas de sangre no entienden de Navidad / Juan Carlos Vázquez

Mientras las luces se encienden en las calles y las mesas se llenan de familias, hay lugares donde la Navidad se vive de otra manera. En hospitales y centros de transfusión sanguínea, las fiestas no detienen el reloj. Allí, el turno empieza como cualquier otro día. Con la misma bata, la misma responsabilidad y una idea clara: la necesidad de sangre no entiende de calendarios.

"Cuando sabes que te toca trabajar en Navidad, lo primero que sientes es una mezcla rara", reconoce Inmaculada Checa, técnica de promoción del Centro de Transfusión, Tejidos y Células de Sevilla y responsable de organizar las campañas de donación.

Por sus pasillos no se escuchan villancicos a todo volumen ni se esperan largas sobremesas. Hay turnos, controles, llamadas y bolsas de sangre etiquetadas con cuidado. Hay profesionales que renuncian a parte de la fiesta para que otros puedan seguir viviendo.

Las guardias en estas fechas tienen un sabor especial y, si hay algo que se repite cada año, es el compromiso. "Cuando se acerca la Navidad, se nota la tensión", admite Inmaculada. "Siempre pensamos: ¿cómo saldremos adelante?". No es miedo, es responsabilidad. "Los hospitales dependen de que las reservas estén ahí cuando haga falta", subraya.

Ha habido momentos difíciles. "Yo he vivido veranos con las reservas bajo mínimos", recuerda el supervisor de enfermería, Francisco José Bocanegra. "Llegamos a tener apenas cuarenta bolsas de cero negativo. Eso es una locura". Situaciones así no se olvidan.

Y, sin embargo, también hay historias que reconfortan. Personas que no donaban desde hacía años y vuelven tras escuchar un aviso en la radio; donantes habituales que ajustan su agenda en plenas fiestas; jóvenes que cumplen 18 y entran por primera vez.

Algunos recuerdan Navidades especialmente tensas, con reservas al límite. Otros, momentos inesperadamente emotivos, cuando un donante entra por la puerta y rompe la racha de preocupación. "Cuando ves que la gente viene, aunque sea menos que en otros momentos del año, es una alegría enorme", dice Inmaculada. "Te reconcilia con todo".

Las fiestas no reducen las necesidades sanitarias. Al contrario. "La sangre se sigue necesitando igual", explica la médica del centro, Elena Kurnikova. "Los enfermos siguen enfermando, los tratamientos no se paran y las urgencias llegan igual, estemos o no de vacaciones".

Accidentes de tráfico, quemaduras, intervenciones urgentes, pacientes oncológicos o personas con enfermedades crónicas: todos pueden necesitar una transfusión en cualquier momento. En Sevilla y su provincia, el sistema sanitario requiere entre 270 y 300 unidades de sangre diarias para funcionar con normalidad. Navidad incluida.

Sin embargo, hay un problema que se repite cada año. "Nosotros trabajamos al mismo ritmo, incluso intensificamos las promociones", explica Inmaculada. "Organizamos entre cuatro y cinco colectas diarias, usamos los mismos canales, hacemos el mismo llamamiento, pero los donantes acuden menos".

Las razones son comprensibles: compras, viajes, celebraciones, cansancio, vacaciones. En verano y en Navidad, la afluencia baja. "Son nuestras épocas críticas", confirma Bocanegra. "La gente está a otras cosas".

Para adaptarse, el equipo busca soluciones: colectas en centros comerciales, campañas especiales y estrategias muy concretas. Un ejemplo clave son las donaciones exclusivas de plaquetas. "Las plaquetas duran muy poco, apenas cuatro días", explica el supervisor. "Como bajan las donaciones de sangre total, organizamos citas específicas solo para plaquetas, con donantes citados previamente".

El proceso, incluso en días festivos, no cambia ni un detalle. Desde que el donante entra por la puerta hasta que la sangre llega a un hospital, todo está cuidadosamente controlado.

Primero, el registro. Después, la entrevista médica para comprobar que la persona puede donar sin riesgo para ella ni para quien recibirá la sangre. A continuación, la revisión de peso, edad, estado de salud, medicación o viajes recientes. "Tenemos dos objetivos claros", explica la médica. "No perjudicar al donante y garantizar que la sangre sea segura para el enfermo".

Tras la extracción, la sangre pasa al laboratorio. Allí se fracciona en glóbulos rojos, plasma y plaquetas, y se somete a una batería completa de análisis para descartar enfermedades transmisibles. Cada paso queda registrado. "La sangre es algo muy preciado", subraya Bocanegra. "Todo tiene trazabilidad: controles de temperatura, de almacenamiento, auditorías internas y externas. Nada se deja al azar".

Un hematólogo está siempre de guardia, vigilando las reservas y coordinando las peticiones de los hospitales. Además, Andalucía trabaja en red. Los ocho centros de transfusión se apoyan entre sí para evitar desabastecimientos graves.

Aun así, hay grupos que preocupan más. "Todos son necesarios, pero el cero negativo es especialmente crítico", explica el equipo. Es el donante universal, el que se utiliza en emergencias cuando no hay tiempo para pruebas de compatibilidad.

Porque la sangre no se puede fabricar, no se puede comprar y no se puede guardar para siempre. Depende, únicamente, de que alguien decida acercarse y tender el brazo.

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