El triángulo negro

LUGARES MALDITOS...C/SAN JOSÉ (DOS HERMANAS)

Un triple crimen en el que un enfermo mental mató a sus padres y a su hermana, otro homicidio en el que el autor terminó descuartizando a su tío, y un largo encierro al que dos personas sometieron a su hermano minusválido coincidieron en tres años en un espacio inferior a 400 metros en el centro de Dos Hermanas.

El triángulo negro
Fernando Pérez Ávila

17 de julio 2016 - 01:00

DOS Hermanas tiene su propio triángulo negro. Es el que une tres domicilios en los que se han registrado dos de los crímenes más brutales de la historia reciente de España y un suceso que acaparó portadas a nivel nacional. Si en un mapa de Dos Hermanas se unieran estas tres direcciones con un lápiz, el resultado sería un triángulo escaleno, con todos sus lados desiguales entre sí, pero que uniría para siempre estos tres sucesos que, pese a no tener conexión entre ellos, ocurrieron en apenas un centenar de metros de distancia.

Uno de los lados de ese triángulo discurriría por la calle San José. El dibujante partiría desde un punto concreto: el número 10. El 28 de febrero de 2013, la casa fue el escenario de un crimen múltiple, el primero en Sevilla desde que un perturbado hizo explotar una bombona de butano en un bloque de Las Letanías diez años atrás. Murieron tres personas: Donato Briz Sánchez, de 66 años; su esposa, Ángela Torrico, de 62, y una hija del matrimonio, Inmaculada, de 38. El asesino fue el otro hijo de la pareja, Luis Miguel Briz Torrico, de 34 años, que padecía desde hace tiempo una esquizofrenia paranoide y llevaba un largo periodo sin medicar.

Tras haber estado ingresado en un centro psiquiátrico unos meses atrás, salió y volvió a descompensarse. La tarde del Día de Andalucía de 2013 degolló a su hermana, asestó 28 puñaladas a su madre y 14 a su padre. Después limpió todo el piso y pasó la noche en un burdel con una prostituta. El día siguiente se presentó en los juzgados de Dos Hermanas y entregó un papel en el que confesaba lo que había hecho por escrito. Allí fue detenido, mientras que la Policía se desplazaba a comprobar la veracidad de su historia. Los psiquiatras dijeron después en el juicio que Briz Torrico no era consciente de lo que hacía. De hecho, aunque el jurado lo halló culpable del triple crimen, fue absuelto del mismo por la enajenación mental que sufría. Como medida de seguridad, el juez lo envió durante 25 años al psiquiátrico penitenciario.

El número 10 de la calle San José es una bonita casa de dos plantas con una vistosa fachada de ladrillos. El padre, Donato Briz, había conseguido hacer fortuna con una tienda de ropa que había traspasado recientemente. Tanto él como su mujer llevaban décadas viviendo en Dos Hermanas, pero eran naturales de un pequeño pueblo de Ávila, Santa María del Berrocal, donde fueron enterrados. La vivienda sigue deshabitada. En la puerta todavía permanecen las pegatinas dejadas por la Policía Científica hace ya más de tres años. Nadie, ni siquiera un niño que pasara jugando, se ha entretenido en quitarlas. En el buzón sí se acumula la correspondencia, la mayoría de ella, publicidad.

Desde la puerta, el dibujante trazaría una línea recta hacia su izquierda y se detendría en el nímero 26 de la misma calle, en la misma acera. Ahí está el segundo vértice del triángulo. Nada tiene que ver esta casa con la de los Briz. Ni tiene dos plantas ni una fachada de ladrillo. Es una casa encalada con una puerta metálica de color verde, con un cerrojo y una cochera. No parece haber estado demasiado cuidada. La sospecha se convierte en certeza si se recuerda el hallazgo que hicieron dos policías nacionales en esta vivienda a mediados de diciembre del año pasado. Dos agentes encontraron, en un palomar del domicilio, desnutrido, sucio y desnudo, a Carlos Ríos, más conocido en Dos Hermanas como Pataslargas por su característica manera de caminar. La fotografía de las piernas de este hombre de 59 años, llenas de roña en aquel cutrichil inmundo, dio la vuelta a España. A Pataslargas, que tenía una enfermedad mental, lo mantenían allí encerrado dos de sus hermanos, que le quitaban la pensión de mil euros que él tenía asignada. Alguien, posiblemente uno de los captores, entraba en su casa el pasado jueves.

Desde ella hay que trazar una línea un poco más larga hasta llegar a una calle próxima, Las Cabezas de San Juan. Allí, en el número 21, un toxicómano de 38 años, Francisco Javier Román de Dios, mató a su tío, Diego de Dios Ronda, de 54, de un fuerte golpe en la cabeza. Aquella discusión familiar habría pasado como un crimen más si no fuera porque el asesino descuartizó a su tío. Tiró las vísceras al retrete, le amputó las piernas y, bien envueltas, las enterró en un descampado de las afueras de la ciudad. Cuando la Policía entró en su casa, apenas quedaban unas partes del cuerpo. El primer agente que entró salió vomitando. El triángulo negro de Dos Hermanas se cerró aquel 29 de febrero de 2016. Tres años y un día después de que se trazara el primer vértice.

Las claves

28 de febrero de 2013. Luis Miguel Briz Torrico, de 34 años y diagnosticado de esquizofrenia desde el año 2003, mata a sus padres y a su hermana en su casa del número 10 de la calle San José. Es absuelto del crimen por su completa enajenación mental, pero encerrado en el psiquiátrico penitenciario como medida de seguridad.

17 de diciembre de 2015. La Policía acompaña a su casa a un borracho que estaba montando jaleo en un bar. Allí descubren que este hombre y su hermana mantenían encerrado a otro hermano en un palomar, en condiciones inmundas. Ocurrió en el número 26 de la calle San José.

29 de febrero de 2016. Los dueños de la bodeguita San Sebastián se extrañan de que Diego de Dios, uno de sus parroquianos más fieles, lleve tres días sin aparecer por el bar. Deciden ir a buscarlo a su casa y las explicaciones de su sobrino no les convencen. Llaman a la Policía y ésta descubre los restos del cuerpo troceado de Diego de Dios. El crimen pudo cometerse tres días antes.

29 de febrero de 2016. Los dueños de la bodeguita San Sebastián se extrañan de que Diego de Dios, uno de sus parroquianos más fieles, lleve tres días sin aparecer por el bar. Deciden ir a buscarlo a su casa y las explicaciones de su sobrino no les convencen. Llaman a la Policía y ésta descubre los restos del cuerpo troceado de Diego de Dios. El crimen pudo cometerse tres días antes.

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