La aldaba
Carlos Navarro Antolín
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El mismo sitio, La Carbonería, la misma editorial, Ediciones en Huida, y el mismo autor, Arsenio Moreno Mendoza. Pero un año después hay que entrar por la calle Céspedes en este santuario demediado, como el vizconde de Calvino. En aquella ocasión, el autor presentó Hijos de la espuma del mar, la vida novelada de un paisano de Úbeda, donde Arsenio fue jovencísimo alcalde, que participó en la conquista del Perú. El nuevo libro no es una novela, pero tiene aventura y descubrimiento desde el mismo título. Un rayo de tiniebla, una expresión que San Juan de la Cruz tomó del cardenal Nicolás de Cusa.
No es fácil permanecer indiferente ante una afirmación como la del pintor Kandinsky, que recoge en el libro: "Cuando la religión, la ciencia y la moral se ven zarandeadas y los puntales externos amenazan derrumbarse, el hombre aparta su vista de lo exterior y la centra en sí mismo".
Ahora no viaja nadie desde Úbeda hasta el Perú, sino desde la mística a la abstracción. En una balanza, cuatro místicos:el maestro Eckhart (1260-1328), Teresa de Ávila (1515-1582), san Juan de la Cruz (1542-1591: muere en Úbeda, la patria chica del autor) y Miguel de Molinos (1628-1697). En la otra, cuatro artistas: Bram Van Velde (1895-1981), Mark Rothko (1903-1970), Antoni Tapiès (1923-2012) y Eduardo Chillida (1924-2002).
El libro lo presentó Antonio Zoido Naranjo. Llama la atención el salto cronológico entre los místicos y los artistas. "La mística no habla del conocimiento de Dios, que no les interesa, habla de la experiencia de Dios", explica Arsenio Moreno. Eso se traduce en "palabra arrebatada", en "lenguaje alucinado", en "poner el lenguaje al límite del abismo" o en términos más cinematográficos, "acercarse a la realidad por una ventana ciega, que se abre hacia dentro, hacia uno mismo".
La mística fue aplastada por la ortodoxia. La Inquisición sospechó de santa Teresa de Jesús y procesó a san Juan de la Cruz, que contó para su defensa con fray Luis de León. Aunque a Juan de Yepes, su nombre de pila, después lo beatifican y canonizan, también le privan de sus principales atributos. "Lo van a convertir en un fraile piadoso, milagrero, anodino". El siglo XX lo redime. En España, gracias a estudios como el de Dámaso Alonso. El poeta del 27, además de traducir a Joyce, también fue un estudioso de la mística. De la existencia (de Dios) al existencialismo. El pensamiento místico es redescubierto en el siglo XX por la filosofía de Heidegger, Foucault o Lacan. Lo hacen tan contemporáneo como el arte de ese siglo. Llega a la poesía de José Ángel Valente o la arquitectura de Bruno Taut.
La mística se va a encarnar en algunas expresiones artísticas de los creadores elegidos por Arsenio Moreno como la capilla de Houston que una millonaria tejana le encargó a Rothko o la sala para la reflexión que Antoni Tapiès realizó para la Universidad Pompeu Fabra. En su discurso de investidura como doctor honoris causa de la Universidad de Barcelona, el artista catalán que decoró la entrada del pabellón de Cataluña en la Expo citó al filósofo japonés Soseki: "El artista descubre el brillo de la luz en lugares donde el común de los mortales no se atreve a acercarse".
Zoido y Moreno, el presentador y el autor de la obra, compararon el distinto acercamiento a la mística del pintor Tapiès y del escultor Chillida. "Chillida es creyente y Tapiès no, pero éste tiene mayor sutileza intelectual y llega a un nivel místico superior".
Unidad y quietud. Las claves de la mística. Se disuelve el binomio cuerpo-alma y Dios-criatura. "Antiguamente caos significaba orden", dice alguien del público. Otro sugiere una visita al centro de interpretación de la mística de Ávila. La escritora nacida en esa ciudad describe de manera cristalina el vínculo que hay entre la mística y la abstracción. Teresa de Cepeda y Ahumada, que dejó en Sevilla pruebas de su afán fundador, desconfía de las cosas que se ven "con los ojos corporales, éstos dicen que es la más baja y adonde más ilusiones puede hacer el demonio".
Entre el público, las historiadores del Arte Clara Zamora y Teresa Lafita. Iba entrando gente al local, clientes ajenos al vacío fenomenológico y al éxtasis. Alguno se quedaría estupefacto si tomaba por la carta del local la tarjeta con el subtítulo del libro: La realidad icónica en el pensamiento místico y su presencia metafórica en la plástica contemporánea. Como en la presentación de Hijos de la espuma del mar, repitió presencia en La Carbonería Ramón Bocanegra, director de la compañía de teatro La Tarasca, que llevó a escena la vida novelada de la Roldana que escribió Arsenio Moreno, doctor en Historia del Arte por la Complutense y catedrático del Arte Moderno y Contemporáneo en la Olavide. En la bibliografía de su libro aparece Enrique Valdivieso (Historia de la Pintura Sevillana) en este tiempo de Murillo.
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