Sevilla FC-Inter | La final

Banega, los guiños que depara el destino

Banega se entrena en Düsseldorf con vistas a la final. Banega se entrena en Düsseldorf con vistas a la final.

Banega se entrena en Düsseldorf con vistas a la final. / Alex Cobreti / SFC

La final del viernes en Colonia tendrá muchos nombres propios, pero uno de ellos refulge con fuerza por las circunstancias concurrentes. Cuando el Inter de Milán cumplía con los pronósticos y goleaba al Shakhtar Donetsk por 5-0 la cabeza de Éver Maximiliano Banega comenzaría a bullir con más fuerza si cabe. Su despedida del fútbol de élite antes de su millonaria aventura en Arabia Saudita iba a ser precisamente contra el equipo con el que abrió un paréntesis de una temporada en este idilio con el Sevilla que ha durado cinco cursos completos.

Banega, precisamente, ya le dijo adiós al Sevilla después de una final europea. Era en la celebración del quinto título de la Europa League, concretamente un lunes 23 de mayo de 2016 después de haber caído en la final del Vicente Calderón contra el Barcelona con expulsión final suya incluida. El argentino cogía el micrófono en el Ramón Sánchez-Pizjuán y huyó de palabras huecas. “Es una decisión difícil la que he tomado; quiero agradecer a todos el trato, os tendré siempre en mi corazón”, dijo Banega antes de ser abrazado de inmediato por sus compañeros.

No sabía el excepcional medio centro argentino que no iba a tardar en volver a entrar en los corazones de todos los sevillistas. Ese paréntesis en el Inter, que llegó a pagarle una suculenta prima de fichaje que muchos estimaron en unos siete millones de euros, los mismos que después tuvo que desembolsar el Sevilla para repatriarlo, apenas duró una temporada.

Y no es que Banega no tuviera un rendimiento adecuado durante su periodo vestido de azul y negro. Los datos, al menos, así lo indican. El argentino participó en 28 partidos de la Serie A, 20 de ellos como titular y otros ocho ingresando desde el banquillo. Fue reemplazado en ocho de los 20 y en uno no pudo participar debido a una sanción federativa. La producción ofensiva no miente, firmó un total de seis goles en esa campaña y, además, se le contabilizaron otros siete pases de gol, lo que no está nada mal para su posición de centrocampista.

Pero el rol con los 'neroazzurri' fue de más a menos y en las últimas siete jornadas, desde que ya fuera suplente en un derbi contra el Milan, apenas jugó 18, 8 y 4 minutos en tres partidos de los siete finales. En el resto estuvo de suplente sin participar absolutamente nada. Y Banega, o su representante, que es quien se encarga de estas cosas, tardó poco tiempo en utilizar el móvil.

Llamada con destino a Óscar Arias, que acababa de sustituir a Monchi como director deportivo de los sevillistas, y éste de inmediato se lo comunicaba a José Castro. Banega quiere volver al Sevilla y está dispuesto a colocar sus emolumentos dentro de la horquilla en la que se mueve la entidad para que sus parámetros económicos no se vean alterados.

Tardó poco en resolverse el enigma. Banega sólo había vestido la camiseta del Inter durante una temporada y volvía a la casa en la que más tiempo ha estado, y donde más ha rendido durante su carrera como futbolista, un hombre tan especial fuera del campo y extraordinario cuando se hace dueño de la pelota dentro de él.

Su mala imagen para el gran público, incrementada últimamente por las polémicas por las fotos colgadas por su familia de una barbacoa con sus compañeros o por una celebración en una discoteca valenciana donde después se detectó un brote de Covid, contrasta con el valor que le otorgan todos sus compañeros a la persona.

Banega es un tipo huidizo en su relación con la prensa, pero lejos de su apariencia es un hombre afable cuando se le interpela en privado, capaz de atender con educación e incluso de dialogar sobre fútbol, algo que lo apasiona. Pero, sobre todo, es muy querido dentro de un vestuario. Ya se vio en la primera despedida, cuando todos sus compañeros se fueron a abrazarlo en el Ramón Sánchez-Pizjuán cuando anunció su primer adiós y se vuelve a comprobar ahora, con ese sentido abrazo con Jesús Navas, lágrimas incluidas, después de eliminar el pasado domingo al Manchester United.

El pequeño centrocampista de Rosario, hincha acérrimo, al igual que su amigo Messi, de Newell’s Old Boys hasta el punto de tener tatuado un escudo de gran tamaño en su pierna, es tan querido dentro de las plantillas que Jules Koundé, compañero sólo durante una temporada en el Sevilla, bromeaba en una reciente entrevista en Marca diciendo que le había comentado que estaba dispuesto a entregarle parte de su salario para que no se fuera.

Pero este Banega, como en 2016, tiene fecha de caducidad en el Sevilla. Se despide, como entonces, con una final. Aquella vez lo hizo al ser expulsado en la última cita de la Copa del Rey con el Barcelona en el minuto 89 sólo cuatro días después de haber sido parte activa en la proeza contra el Liverpool en Basilea. Esta vez dirá su adiós contra el Inter, precisamente frente al Inter, después de haber acumulado 237 partidos con la camiseta del Sevilla en sus dos etapas y casi 18.000 minutos de juego, casi siempre con el control de la situación. ¿Lo volverá a repetir en la final? Ésa es la esperanza de todo el sevillismo para que la despedida de Banega esté a la altura de su excelente rendimiento durante estas cinco temporadas vestido de blanco.

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