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La historia aporrea las puertas del Sevilla

Koundé celebra el 1-0 al Barça: Papu, En-Nesyri, Escudero y Rakitic acuden a abrazarse. Koundé celebra el 1-0 al Barça: Papu, En-Nesyri, Escudero y Rakitic acuden a abrazarse.

Koundé celebra el 1-0 al Barça: Papu, En-Nesyri, Escudero y Rakitic acuden a abrazarse. / Antonio Pizarro

El golazo de Rakitic, el soberbio pase de Óliver Torres, los paradones de Bono, el jugadón de fuerza y técnica en el golazo de Koundé, el juego coral, en la fase defensiva o en la ofensiva, la respuesta como colectivo... Son muchas las lecturas positivas que deja la dulce resaca de la ida de las semifinales de Copa ante el Barcelona de Messi. Pero sobre todas destaca una: la seguridad que transmite un grupo que responde en el campo como si de un único organismo vivo se tratase, juegue quien juegue, esté Ocampos con muletas desde la grada junto a Jesús Navas y Acuña, sea cual sea la nueva valla que deba saltar un equipo que transita a golpe de récord.

La euforia se ha instalado en Nervión otra vez. Quizá con más fundamento que otras veces en las que el Sevilla ha estado en puertas de una final. Y eso que ya incluso los más acérrimos sevillistas han perdido la cuenta de finales en los últimos tres lustros. Tanto es así, que Monchi tuvo que terciar ayer. "Aparcamos la Copa, que nadie mueva un varal", escribió en Twitter apuntando ya al Huesca. La actual apunta a otra gran campaña: el Sevilla de Lopetegui está en los tres frentes con la cabeza alta y la cautela en perfecto estado de revista.

Dentro del club hay fundadas esperanzas en que pueden dar otro gran aldabonazo, con más tranquilidad que en una afición que vuelve a soñar despierta. Entre los profesionales, en cambio, manda la filosofía de la siguiente cita, del cortoplacismo que tan buen resultado les está dando al guipuzcoano y su muy bien adiestrada tropa, que ya, a estas alturas de la temporada, se sincroniza como un reloj suizo.

El sevillismo vuelve a estar eufórico y Monchi llamó a la calma: "Que no se mueva un varal"

Ante el Barcelona, el Sevilla de Lopetegui, o el Sevilla de Koundé, esa fiera desatada en defensa y en ataque a quien ya es casi imposible no comparar con Daniel Alves por su influencia en el equipo, sumó su sexto triunfo con la portería a cero. Igualó así la marca que estaba vigente desde la temporada 2008-2009, en la que el equipo de Manolo Jiménez terminó tercero. Y acumuló el octavo triunfo consecutivo, un hito histórico en una misma temporada.

El equipo, con mayúsculas, que se rige bajo las órdenes del técnico de Asteasu ha superado las rachas de siete triunfos consecutivos que lograron Juande Ramos, en el final espectacular de la 2005-06; Jiménez, en el inicio de la 09-10; y Unai Emery, en la primavera de la 14-15. Sólo le queda ya por delante, por superar, al grupo de Lopetegui, la racha de doce triunfos consecutivos de aquel Sevilla desatado de Juande, aunque aquella racha unía el final de la 05-06 con el principio de la 06-07.

Todos los actores del gran triunfo ante el Barça pusieron el foco en la siguiente cita: el Huesca

En esta última temporada, la mejor de la historia, nunca superó la racha de cinco victorias entre varias competiciones. El equipo de Lopetegui recuerda a aquel gran Sevilla por su crecimiento continuado, por la calidad de muchos de sus futbolistas –salvando las distancias con aquel dúo atacante único que formaron Kanouté y Luis Fabiano y que marcó una era–, por la fortaleza defensiva y también por la seguridad de su portero. Hasta Palop elogió hace poco a Bono.

El grupo de Lopetegui ha dado en este último tramo de curso, desde la derrota producida en el Wanda Metropolitano, otro pasito más en la maduración de su juego. Ahora es menos plano, menos previsible. Ahí tiene que ver cómo se ha soltado el pelo Koundé, que sorprende por el carril del 8 como antaño lo hiciera Daniel por el carril del 2.

En el club y en la afición ya se hacen a la idea de que Koundé será la mayor venta de la historia

Pero sobre todo, tras haber conseguido grabar a fuego en toda su plantilla que cada palmo de terreno sevillista vale una batalla, ha crecido por la confianza de sus futbolistas para salir combinando, incluso al primer toque, desde atrás, sea el Getafe o el Barcelona el rival que esté enfrente. Y siempre con la premisa de buscar el momento para romper líneas sin maltratar el balón: el juego en corto se complementa con el fútbol más directo y así se hace imprevisible un Sevilla en el que, como dijo Koundé, "todo el mundo tiene claro el plan a seguir".

Lopetegui ya logró el récord de partidos invictos la campaña pasada, con 21 seguidos hasta el éxito de Colonia. Esta temporada ha dado un paso más. Ahora acumula triunfos seguidos, más que nunca en la historia. Y tal es la seguridad en el grupo y la confianza en la gestión de Monchi que ni siquiera es un incordio la certeza absoluta de que uno de los líderes, el descarado Koundé, hará las maletas en junio, dejando la mayor venta en la historia del club. Sobre eso, el Sevilla sigue a lo suyo: andar el camino con humildad y sin euforia.

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