Bergantiños-Sevilla La carencia de gol conduce al riesgo (0-1)

  • El Sevilla demuestra ante el modesto Bergantiños que la nulidad de su fútbol ofensivo está dentro del manual de Julen Lopetegui

  • El dominio sevillista fue absoluto, pero el cuadro gallego pudo empatar muy al final

  • El Bergantiños-Sevilla, minuto a minuto

Koundé cabecea a gol para dar la victoria al Sevilla. Koundé cabecea a gol para dar la victoria al Sevilla.

Koundé cabecea a gol para dar la victoria al Sevilla. / Cabalar / EFE

Susto innecesario para el Sevilla en la primera ronda de la Copa del Rey. El conjunto de Julen Lopetegui fue tremendamente superior al Bergantiños durante toda la noche, como no podía ser de otra forma, pero al final tuvo el sobresalto de la ocasión de Jorge Pena casi sobre la hora tras una mala acción defensiva de Sergi Gómez y Bono por toquetear la pelota detrás en busca de una supuesta seguridad en un campo que estaba imposible por la lluvia constante. Pudo igualar el modestísimo equipo gallego, pero no hubiera sido lo lógico a la vista de las diferencias entre unos y otros.

Sí sirvió el litigio para demostrarle al mundo que el problema ofensivo de este Sevilla reparte su responsabilidad entre los delanteros, con un nivel bajo de acierto en los metros finales, cierto es, y el propio entrenador vasco, con una idea de juego que tiene metido en el ADN un control que puede ser piropeado frente a otro tipo de adversarios, pero con el Bergantiños...

Es la cruda realidad de este Sevilla incapaz de golear ni siquiera a un Tercera División y de los puestos bajos de la tabla clasificatoria, además. Sí, se puede argumentar en el alegato de quienes tuerzan a favor de Lopetegui que en la segunda mitad las ocasiones de gol fueron diáfanas y continuas, además, que el equipo en ese arranque del segundo periodo fue capaz de meterle una marcha más a la circulación de la pelota para hacer daño de verdad.

Pero no tardarán mucho quienes están en las antípodas de esas opiniones para argumentar, igualmente con toda la razón, que el Sevilla es un equipo que toca y toca en busca de las zonas de seguridad, que no es capaz de batir líneas casi nunca y que así es imposible desordenar al que está enfrente para darle ventaja a los delanteros para perforar cualquier portería, incluso si ésta pertenece al Bergantiños.

Llegados a este punto, además, cabría introducir el debate sobre la conveniencia de utilizar la palabra delantero en plural o hacerlo, lo que sería más correcto, en singular. Porque da igual que los nombres sean Dabbur, Chicharito y Ocampos, hasta Joan Jordán y Óliver Torres, centrocampistas con tendencia ofensiva en la teoría, a la hora de la verdad el único que pisaba el área era el mexicano, los demás comparecían por allí de vez en cuando, pero muy de vez en cuando. Ahí están los vídeos.

Ni siquiera el hecho de medirse a un contrincante del nivel del Bergantiños propició que Lopetegui hiciera pruebas con un dibujo algo más ofensivo en busca de otras variantes igualmente posibles en el fútbol de ataque. Dabbur no tenía absolutamente nada que ver con el futbolista que siempre ha sido y que lo llevó a ser uno de los principales goleadores de Europa en el Salzburgo, sino que dentro de este esquema tan cartesiano del 1-4-3-3 era un extremo izquierdo puro y duro. Con supuesta tendencia a irse hacia el medio para dejarle el pasillo al lateral, que es el que empuja, pero la consecuencia es que durante el primer periodo jamás fue capaz de hacer lo que mejor sabe ejecutar el israelí, que es asociarse en los pases cortos, particularmente de tacón, para ponerse de gol llegando desde atrás.

Eso fue lo que deparó el estilo de juego impuesto por Lopetegui a los suyos. El Sevilla dominaba de cabo a rabo al Bergantiños, pero era incapaz de provocar con continuidad situaciones claras de gol. Sólo Chicharito fue capaz de darle algo de continuidad al cabezazo de Koundé, que tranquilizaba incluso más la situación, y tuvo dos opciones de alcanzar el cero a dos, una anulada de forma dudosa y otra errada.

Todo lo demás era un control absoluto, pero bajo la premisa de no arriesgar el balón y de siempre estar en posesión de él. Pases de seguridad detrás del anterior pase de seguridad. El riesgo era evidente, pues hasta un rival tan menor puede aprovechar un rebote en alguna acción a balón parado. Es verdad que el Sevilla sí estuvo más cerca de marcar tras el intermedio, que salió con otra intensidad y que Dabbur, Chicharito, Joan Jordán, Rony Lopes y Munir debieron finiquitar aquello, pero la inercia ya marcaba que no sería así y que llegaría el susto final. Vino, vaya si vino, pero el Sevilla estará en la segunda ronda. Mejor así, faltaría más, pero si se juega con fuego cabe la posibilidad de achicharrarse. . 

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