Sevilla FC

El sello rocoso de Lopetegui

Lopetegui realiza correcciones tácticas en una parada de hidratación ante el Eibar. Lopetegui realiza correcciones tácticas en una parada de hidratación ante el Eibar.

Lopetegui realiza correcciones tácticas en una parada de hidratación ante el Eibar. / Antonio Pizarro

Julen Lopetegui tiene el aval de los números y del sello. Ya nadie puede decir a qué juega el Sevilla del guipuzcoano, uno de los equipos más rocosos del campeonato liguero pese a los distintos problemas de una temporada que, en principio, era de transición, de cimentación de un proyecto más a largo plazo. Se trataba de un proyecto nuevo, con una plantilla a la que Monchi se tuvo que emplear a fondo para darle la vuelta como a un calcetín, apostando por un entrenador que no era del agrado de la mayoría del sevillismo. Y a falta de cuatro jornadas para el final de la Liga su Sevilla ya puede presumir de ser el equipo que más partidos consecutivos se ha mantenido invicto en la historia del club.

He ahí el dato histórico, ese récord de once jornadas consecutivas sin doblar la cerviz, sin perder ante once rivales en esta Liga tan pareja, pese a haber jugado en el feudo del Atlético de Madrid y haber recibido al Barcelona, por ejemplo, con un derbi saldado de forma solvente, como el de la ida, con un triunfo a domicilio en Getafe que lo catapultó en esos puestos Champions a los que se agarró con fuerza con el sufrido y peleado triunfo sobre el Eibar.

Lopetegui ha hecho del Sevilla una roca. Y he ahí el sello de identidad bien definido. Son los avales de un entrenador que en San Mamés puede sellar la decimosexta clasificación europea del Sevilla en las últimas diecisiete temporadas. Se mezcla ahí la irrupción positiva del técnico de Asteasu con la trayectoria admirable del Sevilla en este siglo XXI.

La clasificación virtual para Europa está ahí, pues con 12 puntos aún en disputa le bastaría uno para estar en los bombos de la Liga Europa como mínimo. Pero este Sevilla de mirada ambiciosa, con aspectos por mejorar desde la perspectiva de una afición cuya exigencia es aplaudida por el propio club, quiere más y es obvio que el objetivo no puede ser otro que amarrar definitivamente ese cuarto puesto en el que se distanció con la épica victoria sobre el Eibar.

Una forma de ganar que confirma el sello competitivo, pétreo, del que ha dotado Lopetegui a su equipo, con esa angustia final y los dos héroes del partido, Ocampos y Jesús Navas, sacando bajo los palos los últimos intentos del equipo eibarrés, en esa prolongación histriónica que propició el rigorismo arbitral de Mateu Lahoz, otra vez Mateu y sus extrañas decisiones...

Los números no engañan. El Sevilla no pierde desde el 9 de febrero, en Balaídos (2-1). Desde entonces fueron llegando el empate ante el Espanyol (2-2), los triunfo en Getafe (0-3) y ante Osasuna (3-2), el empate en el Metropolitano con el Atlético (2-2) y los seis partidos sin perder que acumula desde el reinicio de la Liga: Betis (2-0), Levante (1-1), Barcelona (0-0), Villarreal (2-2), Valladolid (1-1), Leganés (0-3) y Eibar (1-0).

El Sevilla retomó la competición demostrando que el trabajo realizado durante el periodo previo, en el largo confinamiento y en los entrenamientos progresivos, fue el adecuado, con Lopetegui al mando de las operaciones, instando al club a fichar al psicólogo Juan Carlos Álvarez Campillo para que los futbolistas no bajaran los brazos, mediando con la plantilla para el recorte de sus salarios y manteniendo el hilo directo diario con Monchi para manejar todos los resortes de una plantilla que ha ido perdiendo efectivos.

Porque uno de los méritos de Lopetegui es que cuenta con una plantilla escasa: 18 hombres de campo más tres porteros conforman el grupo con fichas del primer equipo. Cierto es que tiene a sus órdenes a seis canteranos, los inscritos por el club para el reinicio protocolario de la Liga, con los que no está contando. Pero es que el Sevilla de Lopetegui está inmerso en un frenesí competitivo en el que hay poco margen para los experimentos y para delegar responsabilidades en los más noveles en pro de ese objetivo marcado: la clasificación para la Champions.

El triunfo sobre el Eibar, por cómo llegó, por cómo fue celebrado por los exhaustos jugadores tras el definitivo pitido final de Mateu, fortalece al grupo en pos del objetivo. Dejar la portería a cero una vez más es otro de los datos que refuerzan la línea de este Sevilla cuyo juego de ataque es el principal lunar, aun siendo el quinto equipo goleador del campeonato, con el debate abierto de la falta de un delantero expeditivo.

Ni De Jong ni En-Nesyri, tras las salidas de Chicharito y Dabbur en invierno, terminan de cuajar. Pero el trabajo táctico, esos 14 partidos ya con la portería a cero, se refleja en la capacidad de sufrimiento y la solidaridad del grupo. Y eso es mano del entrenador, que le ha dado un apellido vasco al equipo: el Sevilla de Lopetegui.

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