Sevilla-Valencia | Caparrós y el árbitro Detalles que son chivatos

  • La lectura de las bandas señala a Caparrós: Banega provocó el penalti y Promes fue sustituido en su mejor momento

  • El VAR no delató al árbitro, que no quiso acercarse a la pantalla a comprobar el muy dudoso derribo de Gayá a Gonalons

El delegado de campo del Sevilla, García Payán, intenta refrenar a Banega en sus protestas a González González. El delegado de campo del Sevilla, García Payán, intenta refrenar a Banega en sus protestas a González González.

El delegado de campo del Sevilla, García Payán, intenta refrenar a Banega en sus protestas a González González. / Antonio Pizarro

En la alta competición, cuando hay en juego un preciado tesoro, los detalles decantan los partidos. Es algo sabido. También lo es que uno de los peligros del Valencia es el juego por las bandas, con dos buenos laterales y dos extremos que sí lo son. Y asimismo es sabido que al Sevilla no se le dan bien los partidos con González González. El cóctel era peligroso y puede que Joaquín Caparrós no introdujera algún ingrediente que endulzara el mejunje que salió de la mezcla, que partía de unos ingredientes viciados: la ausencia de buenos laterales en la plantilla. Antes bien, los detalles delataron su mejorable lectura en matices tácticos importantes.

González González no es un mal árbitro. Pero ayer casi siempre se equivocó contra el Sevilla. Llama la atención que el VAR siga crispando a los aficionados por su irregular criterio. Y lo que más llama la atención es que en un partido de la trascendencia del Sevilla-Valencia, que puede definir el cuarto puesto, y el último privilegiado que juegue la Champions, con sus dineros, el árbitro no tenga la decencia de acercarse a mirar la pantalla en la banda ante una jugada tan dudosa como la del posible penalti de Gayá a Gonalons en el minuto 93, con 0-1 en el tanteo.

Este detalle también delata el corporativismo, el exceso de autoridad y la falta de sensibilidad en general de los árbitros con respecto a los aficionados, que sufren desde la impotencia de sus asientos los vaivenes azarosos de la pelota y de las decisiones arbitrales.

Al Sevilla le faltó alguna pizca de suerte ante el Valencia. Por ejemplo, que Ben Yedder no hubiera estado una cuarta más adelantado, en fuera de juego, en la jugada que termina en gol de Gonalons en el minuto 95. Fue una jugada fruto de la desesperación, con un centro al área, varios rebotes y la pelota dentro de la portería. Y salió cruz.

Todo se torció, empero, desde el principio. Porque Caparrós sabe que la suerte hay que saber buscarla y quizá, influido por la buena puesta en escena de Cornellá con Banega tendido a la derecha, le quiso dar continuidad a esa disposición táctica. Puede que la superstición también tuviera algo que ver. Pero luego el fútbol, de la mano de su inseparable azar, se encargó de castigar esa decisión.

Tuvo que ser Banega quien cometiese el penalti que decantó el partido, al derribar a Gayá cuando éste ya había realizado un centro inocuo al área, tras uno de los habituales cambios de orientación del Valencia, que suele buscar el hueco en la basculación del rival con las proyecciones de sus laterales o sus extremos. Antes ya había realizado Banega alguna falta a Gayá, obligado por su incapacidad para tapar al lateral del Valencia.

Mercado se lesionó y obligó al entrenador del Sevilla a usar un cambio. Caparrós tuvo que deshacer su plan metiendo al Mudo en el descanso, y gastó otro cambio. Y el tercer cambio fue difícil de explicar: cuando más desequilibrante estaba Promes en la izquierda fue sustituido por Bryan, que podría haber entrado por Gonalons o Munir, por ejemplo. Bryan lo intentó desde la izquierda, e incluso sacó un buen centro que Ben Yedder cabeceó a las manos de Neto. El azar se empeñó, junto al VAR, en castigar al Sevilla de Caparrós.

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