El partido del Sevilla | Análisis Se trata de fútbol, de imponerlo

  • El Sevilla, como otras veces con Caparrós, busca compensar las fortalezas del rival en lugar de potenciar las suyas, la mayor calidad técnica.

  • Sin Banega, sólo el ‘Mudo’ podía pedir el balón.

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Análisis Sevilla FC. / Departamento Infografía

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Resulta increíble que en la gestión de una plantilla que esté entre las cinco más caras del campeonato se imponga partido a partido contrarrestar todo en lo que el contrario le gana. Si el rival es más fuerte físicamente, tanto la estrategia operativa como los futbolistas elegidos van encaminados a contrarrestar las fortalezas del contrario, desechando la opción de imponer esa mayor calidad futbolística que se le presupone al plantel confeccionado en verano y con sus retoques invierno por Joaquín Caparrós.

Pasó en Getafe, donde el utrerano alineó de salida a Amadou para tener que quitarlo después y pasó en el duelo decisivo ante el Leganés, en el que prescindió en su once inicial de Franco Vázquez, el único jugador capaz de emular a Banega en cuanto a control de balón, para darle la titularidad ante la sorpresa de la grada a Marko Rog, un hombre que no se ha caracterizado en sus actuaciones anteriores por tener personalidad para pedir la pelota y aguantarla. Antes bien, eliminó una línea de pase escondiéndose en vez de ofrecerse a Promes en el primer tanto del Leganés.

Pero más allá de eso, con su capital importancia, el Sevilla evidenció cuando tuvo el balón que todas las ideas se han perdido. Todos los automatismos que en ataque el Sevilla tenía con Machín han quedado reducidos a nada. Esos recursos que fueron un aluvión en el último encuentro liguero con el soriano ante la Real Sociedad (5-2) han quedado en simples conducciones individuales, unos contra uno puros, que al final no los son porque la superioridad numérica defensiva del rival acaba imponiéndose, y centros al área a lo que salga.

Defensa

El Sevilla perdió la batalla en el centro del campo, donde no tuvo ni calidad ni físico para tener el balón. La mejor disposición táctica del Leganés le permitía ganar los duelos, pero casi siempre por superioridad numérica.

Los repligues tampoco fueron completos (Promes tras perder el balón no puso tensión defensiva ante En-Nesyri) y las marcas dejaron mucho que desear. Al equipo le costó mucho recuperar el balón en la primera mitad y tampoco mejoró mucho con la entrada de Gonalons y el Mudo.

Ataque

Las posesiones, sin Banega ni nadie con criterio para tener el balón y hacerlo circular, duraban muy poco. La disposición de tres centrales y carrileros que dispuso Pellegrino engulló el centro del campo sevillista.

El ataque estático no ofreció ningún mecanismo más allá de intentos individuales que morían con coberturas simples de la zaga del Leganés. Si acaso algún desdoblamiento de Jesús Navas que no llegó a ningún lado, pues ni había claridad para los centros. Ben Yedder sí tuvo un amago de dar un paso atrás y asociarse con Franco Vazquez, pero acabó sucumbiendo en la maraña de Pellegrino.

Como de costumbre, otra vez el recurso de Bryan Gil es pobre y más de lo mismo: apelar a su frescura y su desborde pero no rodearlo de compañeros para paredes.

Virtudes

Algunos lo intentaron.

Talón de Aquiles

El equipo no daba el paso adelante para acompañar en ataque.

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