La angustia cronificada del Sevilla un año después del adiós de Jesús Navas
El Celta llega al Ramón Sánchez-Pizjuán un año después de ser testigo del último partido del mito palaciego en su casa, con la amenaza ahora de poner en la picota a Matías Almeyda
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Un año después del último partido de Jesús Navas en el Ramón Sánchez-Pizjuán, el 14 de diciembre de 2024, vuelve a visitar el coliseo nervionense el testigo de aquella fiesta futbolística, plena de emoción. Fue un homenaje con fuego real, dieciséis días antes de la despedida que le brindó el club el 30 de diciembre de 2024. El Celta, que plantó durísima batalla y cayó por un solitario gol de Manu Bueno (1-0), llega ahora como una nueva amenaza para la credibilidad de Matías Almeyda, ajada tras el varapalo durísimo del Levante.
Desde entonces, el Sevilla ha cambiado muchísimo en la forma pero no en el fondo, que sigue siendo de angustia vital. Ya no están Víctor Orta ni Xavi García Pimienta, pero Antonio Cordón y Matías Almeyda no han logrado sacudir ese sufrimiento que acompaña al Sevilla de los últimos años. Y eso que la plantilla ha sido cambiada casi por completo y sólo hay que ver el once titular de hace un año.
El Sevilla de García Pimienta le ganó al Celta de Claudio Giráldez con esta formación: Álvaro Fernández; Montiel (Darío, 86’), Badé, Gudelj (Marcao, 91’), Kike Salas; Agoumé, Manu Bueno (Lokonga, 70’), Saúl; Jesús Navas (Idumbo, 71’), Lukébakio e Iheanacho (García Pascual, 46’). Apenas quedan en la plantilla Gudelj, Marcao, Kike Salas y Agoumé, mientras que Manu Bueno, el héroe del adiós de Navas con su zurdazo en el minuto 64, sigue intentando meter la cabeza en el primer equipo sin terminar de lograrlo. Aquel guiño del poder de la cantera quedó en brindis al sol.
Como entonces, el Sevilla sigue acuciado por la clasificación y por las numerosas bajas. En esto sí que no ha cambiado la realidad deportiva de un equipo que es reflejo de la deriva institucional del club. Y ya hasta Almeyda empieza a estar en entredicho después de su inicial irrupción como el ancla de esperanza al que podía agarrarse un sevillismo anonadado entre infortunios, crisis financiera, errática gestión de su consejo y rumores de venta del club. Un cóctel peligrosísimo que se agitó de forma tóxica con la goleada que le infligió el Levante al Sevilla en la anterior comparecencia casera.
El problema es que Almeyda sigue teniendo poquísimo de dónde tirar para configurar un once de garantías. El técnico argentino volverá a sentarse en el banquillo tras su partido de sanción y lo hará con demasiados huecos de entre los miembros del primer equipo. Frente al Levante apenas pudo citar a 20 jugadores y de nuevo rellenó la convocatoria con canteranos.
De atrás hacia delante, los ausentes se enumeran así: Marcao debe cumplir su segundo partido de sanción; Azpilicueta y Suazo están descartados por sus problemas musculares; Nianzou no se sabe cuándo podrá reaparecer tras su enésima dolencia fibrilar; Alfon sufre otra lesión; y Ejuke y Akor Adams están en la Copa de África al menos hasta este sábado y tampoco jugarán.
Al menos tiene la esperanza Almeyda de poder contar con Rubén Vargas, quien ya se ha recuperado de la lesión que sufrió en el bíceps femoral a final de noviembre, en Cornellá. El internacional suizo es de los pocos jugadores con calidad para el desborde y el gol. Uno de los candidatos a un traspaso.
Mientras llega o no una oferta, Almeyda debe explotar su fútbol en pos de un equipo que vuelve a mirar hacia abajo. Hace un año se despidió Jesús Navas con emoción y sufrimiento. Poco ha cambiado desde entonces, salvo que ya ni siquiera está el mito de Los Palacios para inspirar la reacción...
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