Lo que las gallinas pueden enseñar para el control del coronavirus

La fácil recombinación del virus hace más eficaz las medidas de bioseguridad que las vacunas

Las variantes del Covid-19 están presentes en aves desde 2002

Los granjeros deben cuidar la entrada de gallinas infectadas a los corrales.
Elena Vela

24 de marzo 2020 - 20:17

Aunque la palabra coronavirus está presente en todas parte ahora, ya tuvo una primera aparición en 2002 con el Síndrome Respiratorio Agudo Grave,SARS (siglas en Inglés), o en con el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio, MERS (siglas en Inglés), una mutación de lo que ahora conocemos como Covid-19.

Tanto el SARS como el MERS, son conocidos como el coronavirus de las aves, pertenecientes al grupo gamma-coronavirus, rara vez contagiados a humanos, y en el caso de hacerlo causarían síntomas muy leves.

Según recogen en un articulo Ursula Höfle, veterinaria investigadora en patología aviar y enfermedades infecciosas en aves, y Christian Gortazar, catedrático de Sanidad Animal en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos, es común encontrar el coronavirus de las aves en las gallinas. Aunque también son portadoras las codornices, perdices y loros, entre otras. Los investigadores creen que el nacimiento de la bronquitis infecciosa de las aves (IBV) tuvo su primer caso en galliformes silvestres como la codorniz y el faisán, trasladándose posteriormente a las gallinas.

Como su nombre indica, la bronquitis infecciosa, solo en estos animales provoca una afección respiratoria generalmente leve. El coronavirus de las gallinas es altamente contagioso. Se propaga de forma rápida por una granja y pronto afecta a la totalidad de las aves. Para veterinarios y ganaderos es fundamental evitar la entrada de aves infectadas.

Adoptar medidas preventivas es crucial para evitar el contagio, como no mezclar nunca aves de diferentes edades en la misma nave o cumplir con una minuciosa limpieza y desinfección entre lotes. Los operarios deben vestir con ropa protectora y usar material exclusivo para cada nave. Estas formas de prevención tienen grandes similitudes a las marcadas por el Estado ante la aparición del coronavirus humano.

Una carrera de armas entre el virus y virólogos

La segunda herramienta es la vacunación. En los pollos jóvenes se aplican primero vacunas vivas atenuadas, que protegen a la vez frente a diferentes variantes (serotipos) del virus, seguidas más tarde de vacunas de recuerdo, en este caso, inactivadas (inertes). Una vacuna atenuada consiste en un virus vivo, capaz de infectar y multiplicarse, pero que ha perdido su capacidad de causar la enfermedad.

Este tipo de vacuna tiene la ventaja de generar una respuesta mucho más fuerte que una vacuna inactivada, pero tiene el inconveniente de que, con el tiempo, el virus puede recombinar con virus “de campo” y generar otro nuevo que escape a la protección vacunal y que requiere el diseño de nuevas vacunas.

La capacidad de recombinación del virus, es lo que le hace extremadamente difícil controlarlo mediante vacunas. La respuesta del sistema inmunitario se dirige contra una proteína concreta del virus, que además es la encargada de su rápida transmisión. Cualquier pequeña alteración de esta proteína genera otros serotipo que escapa a las defensas.

Por ello, suele ser necesario emplear un conjunto de vacunas frente a diferentes variantes y, aun así, pueden generarse otras nuevas. La dificultad del tratamiento mediante vacunación hace que las medidas de bioseguridad basadas en aislamiento, limpieza, desinfección y vigilancia sanitaria activa, sean las esenciales para la contención del coronavirus.

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