Therian, identidad y búsqueda personal en la era digital: "No es jugar a ser un animal. Es mostrar cómo me siento por dentro"
Cuando la identidad se conecta con lo animal: jóvenes, emociones y comunidades digitales en busca de reconocimiento
Qué son los therian: la llamativa cultura que se viraliza en redes
En los últimos meses, especialmente en plataformas como TikTok, Instagram o YouTube, un término hasta hace poco desconocido para el gran público ha comenzado a ganar visibilidad: therian. Jóvenes —y también adultos— aparecen en vídeos con máscaras de animales, colas postizas o movimientos que imitan a lobos, felinos o aves. Las imágenes, a menudo virales, generan reacciones encontradas: curiosidad, sorpresa, incomprensión y, en algunos casos, burla. Pero detrás de esta estética llamativa existe una realidad más compleja. Lejos de tratarse únicamente de una moda pasajera, el therianismo es, para muchas personas, una forma profunda de vivirse y entenderse a sí mismas.
Una identidad interior: sentirse animal sin dejar de ser humano
Un therian es una persona que experimenta una identificación emocional, psicológica o espiritual con una especie animal concreta. No implica creer literalmente que se es un animal, ni rechazar la condición humana. Se trata, más bien, de una percepción interna de afinidad profunda con determinadas formas de sentir, reaccionar o relacionarse con el entorno.
Algunos describen esta conexión como una sensación presente desde la infancia. Otros la descubren en la adolescencia o en la edad adulta. Entre las manifestaciones más habituales se encuentran: sensación de reconocerse en ciertos comportamientos animales; empatía intensa con una especie específica; sueños recurrentes en forma animal; reacciones instintivas ante determinadas situaciones; y preferencia por espacios naturales o silenciosos. Para muchos therians, esta vivencia forma parte de su identidad personal, del mismo modo que lo son la personalidad, la sensibilidad o los valores.
Más allá del disfraz: expresión, protección y pertenencia
Desde fuera, la imagen más visible del fenómeno son las máscaras, orejas, colas o trajes parciales que aparecen en redes sociales. Sin embargo, quienes participan en estas comunidades insisten en que no se trata de un simple disfraz. Estos elementos cumplen funciones simbólicas y emocionales: facilitan la expresión de sentimientos difíciles de verbalizar, proporcionan sensación de seguridad frente al juicio externo, refuerzan el sentido de pertenencia y ayudan a representar una identidad interior.
“Cuando llevo mi máscara me siento más yo mismo”, explica una joven de 17 años que prefiere no dar su nombre en TikTok. “No es jugar a ser un animal. Es mostrar cómo me siento por dentro”. Para muchos adolescentes, estos espacios funcionan como refugios emocionales en un momento vital marcado por la inseguridad y la búsqueda de aceptación.
Internet como catalizador: visibilidad y comunidad
El therianismo no es un fenómeno nuevo. Existen comunidades en foros especializados desde hace más de dos décadas. Sin embargo, su salto al gran público ha llegado gracias a las redes sociales. TikTok, Instagram y YouTube han permitido que miles de jóvenes descubran que no están solos. A través de vídeos, directos y comentarios, se construyen redes de apoyo que atraviesan países y culturas.
Este entorno digital cumple una doble función: por un lado, ofrece reconocimiento, validación y autoestima; por otro, expone a muchos usuarios a burlas, acoso y estigmatización. “Antes me sentía raro y pensaba que era el único”, relata un joven universitario en uno de sus vídeos . “Ahora sé que hay más personas como yo, pero también recibo mensajes insultantes casi a diario”. La visibilidad, como ocurre con otras realidades minoritarias, tiene luces y sombras.
¿Identidad o problema psicológico?
Una de las preguntas más frecuentes es si el therianismo está relacionado con trastornos mentales. Los especialistas consultados coinciden: no existe evidencia científica que lo considere una patología. No figura en los manuales diagnósticos internacionales ni se considera un trastorno por sí mismo. En la mayoría de los casos, se enmarca dentro de procesos normales de exploración personal e identidad.
Sentirse identificado con un animal no implica desconexión de la realidad. La mayoría de estas personas saben perfectamente quiénes son. El problema surge cuando reciben rechazo social, no por su identidad, sino por cómo la sociedad reacciona ante ella. Como en cualquier colectivo, pueden darse casos de ansiedad, depresión o baja autoestima, pero no como consecuencia directa del therianismo, sino de factores personales y sociales.
Adolescencia: una etapa clave para definirse
La mayoría de los testimonios coinciden en que el descubrimiento o afirmación como therian suele producirse durante la adolescencia. No es casual. Esta etapa está marcada por preguntas fundamentales: ¿Quién soy? ¿Dónde encajo? ¿Por qué me siento diferente? En un contexto de presión académica, exposición constante en redes y expectativas sociales, muchos jóvenes buscan formas alternativas de definirse. El therianismo puede ofrecer un lenguaje para expresar emociones intensas, un espacio donde sentirse comprendido y una identidad que da coherencia a vivencias personales. Para algunos será una etapa transitoria. Para otros, una identidad estable a lo largo del tiempo.
Entre la curiosidad, el respeto y el escepticismo
Desde el exterior, el fenómeno suele generar desconcierto. No encaja en los modelos culturales tradicionales y rompe con las formas habituales de entender la identidad. Cada generación crea sus propios lenguajes identitarios. Hoy, internet amplifica esas expresiones y las hace visibles. Lo que antes se quedaba en círculos pequeños ahora se convierte en fenómeno global. Comprender no implica necesariamente compartir. Respetar no significa estar de acuerdo. Implica no ridiculizar, no patologizar sin fundamento y escuchar antes de juzgar.
Una expresión de nuestro tiempo
El auge de los therians se inscribe en un contexto más amplio: vivimos una época en la que las identidades son más diversas, más visibles y más debatidas que nunca. Género, orientación, neurodiversidad, estilos de vida y espiritualidad forman parte de una conversación social en permanente evolución. Antes, muchas personas ocultaban lo que sentían. Hoy lo comparten. Antes, lo diferente se silenciaba. Hoy se muestra. Este fenómeno habla tanto de quienes se identifican como therians como de una generación que explora constantemente nuevas formas de entenderse.
Detrás de una máscara, una historia personal
Reducir el therianismo a una “moda de internet” es ignorar la dimensión humana que existe detrás. Detrás de cada vídeo hay, en muchos casos, un joven que busca su lugar, alguien que intenta comprenderse, alguien que quiere ser aceptado. “Yo no quiero llamar la atención”, afirma una estudiante de Bachillerato. “Solo quiero poder ser yo sin que se rían”. En tiempos de polarización y juicios rápidos, detenerse a escuchar puede marcar la diferencia.
Mirar con empatía, no con burla
Quizá muchas personas nunca lleguen a comprender plenamente qué significa sentirse therian. Y no es necesario. Lo importante es reconocer que, detrás de una cola, una máscara o un vídeo viral, suele haber una historia de búsqueda, sensibilidad y necesidad de reconocimiento. Porque, al final, más allá de etiquetas y tendencias, todos compartimos el mismo deseo: ser vistos, respetados y aceptados.
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