El turismo es un gran evento
Anuario de Turismo 2026
Influencia del turismo en el desarrollo cultural y moral de España
No he visto la película de Martínez Soria “El turismo es un gran invento”, pero me parece un titular aprovechable para este artículo, con una pequeña modificación. No cabe duda de que el turismo es el máximo evento que se da en este país llamado España, entre otros varios nombres históricos. Por cierto, hoy todo se denomina evento, debe ser cosa de la pereza o de la escasez de vocabulario, porque antes había bodas, bautizos, comuniones, banquetes, galas, presentaciones, conciertos, celebraciones, congresos, recepciones...
El subtítulo se justifica por la conocida influencia que tuvo el turismo en los cambios sociales, económicos, culturales y morales en la época más dura de la posguerra, cuando no teníamos relaciones comerciales ni diplomáticas con casi ningún país del mundo. El incipiente turismo era casi la única fuente de divisas, antes de las que enviarían los emigrantes a Alemania y otros países europeos. En 1953, seis años antes de que Franco se viera obligado a reformar la economía con el llamado Plan de Estabilización, el turismo empezaba a notarse en las costas. Pero había un fuerte conflicto con la Iglesia por los bikinis que se ponían las suecas (había de otras nacionalidades pero esta era la mítica para los reprimidos españolitos).
Y es que, ajenas al veto, las turistas viajaban a por el sol y el vino barato de España con la novedosa prenda de dos piezas. Hasta que un día la Guardia Civil le puso una multa gorda, por escándalo público, a una extranjera que se acercó en bikini a un bar playero de Benidorm a pedir un refresco. El arzobispo de Valencia amenazó con la excomunión al alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, el cual, viendo el negocio en peligro, cogió su Vespa y se fue a ver a Franco. Las razones económicas que adujo convencieron al dictador y desde entonces se toleró el bikini allí y en algunas otras playas como Torremolinos, otro mítico de caladero de suecas.
En Almería
Esas historias de Benidorm son conocidas, pero lo es mucho menos un incidente que ocurrió en Almería pocos años después, a finales de aquella década. En la playa del antiguo balneario Diana, un soldado se lanzó sobre una mujer que estaba tomando el sol en bikini y le mordió una teta. Se trataba de una mujer bastante conocida en aquellos años por su belleza llamativa y su trabajo en cafeterías. Pero, se preguntará usted, ¿cómo se sabía que era un soldado? La respuesta es fácil: además de la marcialidad de su continente y lo bien planificado de su ataque, es que iba vestido de soldado de infantería del regimiento Nápoles nº 24.
Y es que, durante muchos años, a los soldados no les estaba permitido salir a la calle vestidos de paisano. Lo digo por experiencia propia. Años después del suceso de la playa de Diana, una noche de noviembre de 1967, un cabo primero de la Policía Militar me empapeló, junto a Alfonso Nobis -futuro director de Unicaja en Almería-, al salir del cine Reyes Católicos por ir vestidos de paisano.
Bueno, a lo que iba, el suceso de la playa de Almería tuvo como corolario (al menos eso pienso) un chiste que se contaba entre los que estudiábamos francés en el bachillerato (entonces el inglés era minoritario en los institutos españoles). Un chico, huérfano de padre, le preguntaba a su madre de qué había muerto su progenitor. La madre siempre contestaba. “tu padre murió en el tumulto”. Ya un poco mayor, el chico pidió más explicaciones y la madre le contó que un día en la playa (escenario y fecha similares a los del suceso del soldado mordedor) había una francesa tomado el sol en bikini y, cuando se incorporó para ir a refrescarse en el agua, dijo “À la mer”…”y tu padre murió en el tumulto”. Conviene aclarar a los no francófonos que “la mer”, suena “lamer” en español castizo.
No tiene nada que ver con el chiste, pero añadamos como nota cultural que “mer” (mar) suena en francés igual que alcalde (maire), madre (mère) y mierda (merde). Lo que me da pie para una reflexión final sobre los beneficios que ha traído el turismo a España, aparte del bikini, las divisas y los pisos de alquiler turístico. Y es la apertura de los españoles (y las españolas, claro) al aprendizaje de idiomas. Hasta entonces, aquí solo se hablaban tres: español, almeriense y por teléfono (el que lo tenía) y ahora proliferan los plurilingües. Ya no pasa como en otro viejo chiste con el que despido este científico artículo.
Un turista está en la carretera de una provincia española junto a su coche averiado; una pareja de indígenas, padre e hijo, se paran a ver qué le pasa y el turista les pregunta “do you speak english? Cero. Repite la pregunta en francés y en alemán… misma respuesta. La pareja española se aleja y dice el hijo: “Qué bonito debe ser saber idiomas”; respuesta del padre: “Para lo que le ha servío a este…”. Un consejo práctico para acabar: mientras no domine usted las distintas lenguas de los turistas que se le dirijan preguntando algo, les puede seguir hablando en español o en almeriense, pero despacio y muy alto, que los turistas suelen ser sordos.
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