El mapa genético de la manía: un avance para diagnosticar antes el trastorno bipolar
La manía es el rasgo distintivo que define al trastorno bipolar y lo diferencia de otras enfermedades mentales
Hasta ahora, tardaba una media de diez años en ser correctamente identificada.
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Por primera vez, científicos han conseguido identificar la huella genética específica de la manía, el rasgo distintivo que define al trastorno bipolar y lo diferencia de otras enfermedades mentales.
El hallazgo, publicado en la revista Biological Psychiatry por investigadores del King's College de Londres y la Universidad de Florencia, abre la puerta a diagnósticos más tempranos de una enfermedad que afecta al 2% de la población mundial y que, hasta ahora, tardaba una media de diez años en ser correctamente identificada.
Qué es el trastorno bipolar
El trastorno bipolar es una de las afecciones psiquiátricas más graves y complejas. Quienes lo padecen experimentan episodios de depresión, psicosis y otros síntomas, pero es la manía -ese estado de ánimo persistentemente elevado o irritable, acompañado de un aumento de energía, una reducida necesidad de dormir, pensamientos y habla acelerados y, en ocasiones, conductas impulsivas o síntomas psicóticos- lo que verdaderamente caracteriza la enfermedad.
Sin embargo, estudiar la biología de la manía había resultado extraordinariamente difícil, ya que muchas personas con trastorno bipolar también sufren episodios depresivos y psicóticos, lo que dificultaba determinar qué elementos son específicos del trastorno en sí.
Una técnica estadística para aislar la manía
Para desentrañar las bases genéticas de la manía, el equipo científico utilizó datos de amplios estudios genéticos internacionales que incluyeron a más de 27.000 personas con trastorno bipolar grave y más de 576.000 individuos estudiados por depresión.
Aplicaron un método estadístico avanzado -el modelado de ecuaciones estructurales genómicas- que les permitió separar las señales genéticas de la manía de las asociadas a la depresión.
En términos sencillos, esta técnica funciona restando los efectos genéticos vinculados a la depresión de los observados en el trastorno bipolar, dejando así el componente genético específico de la manía. Fue la primera vez que se logró estudiar la manía como un proceso biológico independiente.
Los resultados fueron concluyentes: la manía representa más del 80% de la variación genética en el trastorno bipolar, lo que subraya su papel central.
Los investigadores identificaron 71 variantes genéticas vinculadas específicamente a la manía, incluidas 18 regiones de genes que nunca antes se habían asociado con el trastorno bipolar.
Muchos de estos genes están implicados en los canales de calcio regulados por voltaje, estructuras esenciales para la comunicación entre las células cerebrales y la regulación del estado de ánimo.
Al comparar genéticamente la manía con otros rasgos, mostró un perfil distintivo: compartía menos solapamiento genético con el consumo de sustancias y más con medidas relacionadas con el bienestar y el nivel educativo que el trastorno bipolar en su conjunto.
Hacia un diagnóstico más precoz
Comprender la genética de la manía resulta fundamental porque ofrece una ventana directa a la biología central del trastorno bipolar. Muchas personas con esta enfermedad buscan ayuda inicialmente durante episodios depresivos o de otro tipo, cuando el cuadro puede parecerse mucho a una depresión grave o a la esquizofrenia.
Como resultado, los pacientes pueden pasar hasta una década transitando entre diferentes diagnósticos antes de que se identifique correctamente el trastorno bipolar.
"Al aislar la arquitectura genética de la manía, hemos dado un paso crucial hacia la comprensión de la biología central del trastorno bipolar. Esto nos permite ver qué hace que la manía sea distinta, en lugar de considerar el trastorno bipolar simplemente como una mezcla de manía, depresión y psicosis, y abre nuevas posibilidades para tratamientos más precisos y personalizados", explica el doctor Giuseppe Pierpaolo Merola, investigador clínico del Medical Research Council en el King's College de Londres y autor principal del estudio.
Implicaciones para el tratamiento
Los hallazgos tienen importantes consecuencias tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. Los psiquiatras distinguen actualmente entre varias formas de trastorno bipolar -como el tipo I, el tipo II y la ciclotimia- basándose principalmente en los patrones de episodios anímicos a lo largo del tiempo.
Una comprensión más clara de la biología de la manía podría ayudar a refinar estas distinciones, identificar subtipos adicionales y respaldar enfoques de atención más personalizados.
Los resultados también señalan posibles vías terapéuticas, incluidos los mecanismos de los canales de calcio, y sugieren que medicamentos ya establecidos como el litio podrían ejercer sus efectos a través de estos sistemas biológicos.
"La manía es lo que define el trastorno bipolar, sin embargo, ha resultado sorprendentemente difícil de estudiar por sí misma. Nuestra investigación sobre la genética de la manía nos proporciona una imagen más clara de su biología y de cómo difiere de otras afecciones psiquiátricas. A largo plazo, esto podría ayudar a los clínicos a reconocer el trastorno bipolar antes, reducir las largas esperas que muchos pacientes afrontan antes de recibir un diagnóstico y mejorar los resultados mediante un tratamiento más específico", señala el profesor Gerome Breen, catedrático de Genética Psiquiátrica en el King's College de Londres y autor principal del estudio.
La investigación, financiada por el Centro de Investigación Biomédica Maudsley del Instituto Nacional para la Investigación en Salud y Atención del Reino Unido, supone un avance significativo en la comprensión de uno de los trastornos mentales más elusivos de la medicina moderna.
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