La revolución del camarero
El entusiasta testimonio de un anónimo holandés hizo variar la opinión de los directivos de T-5 que a finales de 1999 dieron el paso de adquirir 'Gran Hermano'
Se acaba el serial El Súper, fijo en las tardes de Telecinco, y desde la productora Zeppelin, que se queda compuesta y sin encargo, surge la idea de adquirir un programa bastante curioso que se había estrenado en Holanda. Hacia allá se marchó el entonces director general de Telecinco, Mikel Lejarza (ahora al frente de Antena 3 Films), para darle una oportunidad. El propio Lejarza recuerda el día de perros, en pleno noviembre de 1999, con que les recibió el aeropuerto de Amsterdam. De allí marcharon a una aburrida ciudad, Almere, y en un apartado polígono estaba una aislada nave, con más pinta de barracón que otra cosa, donde se producía el programa. "Los del control estaban amodorrados, uno estaba incluso dormido, y nadie se movía en la casa", rememora el entonces directivo de Telecinco, cadena que se arriesgaba a adquirir formatos novedosos en una televisión española finisecular bastante gris. En Almere insitían que aquello era interesante, pero la delegación española se marchó sin verle color a esa vida en directo que emitía la escondida cadena holandesa Veronica.
"Fuimos a un restaurante y decidí preguntarle al camarero que nos servía si conocía el programa que habíamos ido a ver. Al camarero se le mudó la cara y decidió sentarse a nuestro lado para detallarnos que ese espacio le había cambiado la vida", desvela Lejarza. El camarero anónimo holandés cambió el curso de la historia de la televisión en España. Sus entusiastas elogios hicieron alterar la impresión a los de Telecinco y decidieron dar el paso y hacerse con los derechos del programa producido por Endemol, Big Brother, Gran Hermano, concepto cazado de la novela de Orwell 1984. La tutela dictatorial de los movimientos de cada ciudadano se convertía en un ojo voyeur público de la vida privada en directo. La televisión, efectivamente, dejó de ser lo que era.
Gran Hermano arranca esta noche en Telecinco con su duodécima edición, apurando efectos de sorpresa y agudizando el enfrentamiento y los conflictos entre los habitantes: cada vez hay que mover más la caja para que se muevan los que están dentro. Pero el reality que revolucionó la parrilla, una idea nacida en el despacho de Jon de Mol, como una perfección de The real world de la MTV y del nórdico Supervivientes, aún tuvo que aguantar un tiempo para que se estrenara en España. El hueco de El Súper lo ocupó un concurso que aprovechó su última oportunidad, el 50x15, ¿Quién quiere ser millonario?, que después de una fría acogida en los fines de semana fue calando en el público vespertino.
Telecinco dispuso así, de forma imprevista, de varios meses para madurar el estreno de Gran Hermano, nacido con polémica desde mucho antes de estrenar el primer programa con Mercedes Milá. En enero de 2000 se inició un primer casting al que 'sólo' respondieron a la llamada 7.000 personas. No todo el mundo estaba dispuesto a tener una cámara en el váter, el principal morbo que despertó el programa en España en un principio.
El 23 de abril del 2000 arrancaba el "experimiento sociológico" que además de las galas iba a contar con una estrategia en su cobertura: un resumen matinal, otro resumen en la sobremesa y el apoyo de Crónicas marcianas. Y la flamante pionera plataforma de TDT de pago, Quiero TV, y Vía Digital contaban con un canal de 24 horas de emisión desde la casa de Soto del Real (no Guadalix). "Miedo, fue simplemente miedo", justificó en su momento Lejarza sobre esa cobertura tan amplia de Gran Hermano, que sirvió de modelo en otros países. GH dio la idea en Gestmusic del siguiente paso, Operación Triunfo. El gaditano Ismael Beiro fue el primer ganador. Se llevó 20 millones. Entonces eran pesetas.
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