Apuntes de Roberto Blanco

Roberto Blanco, en un cambio de mano, en la faena a su primer novillo.
Luis Nieto

18 de mayo 2013 - 01:00

Con la final de la Copa del Rey de fútbol de fondo, la primera novillada isidril fue el cartel que menos expectación ha concitado en la feria madrileña: algo menos de media entrada en un espectáculo con un gran frío climatológico y ambiental.

La novillada de Guadaira, en conjunto bien presentada, resultó noble, aunque con las fuerzas justas y sin apenas fondo de casta. La terna, compuesta por Gómez del Pilar, Juan Leal y Roberto Blanco se marchó de vacío. Fue este último quien destacó y logró los momentos más brillantes.

Roberto Blanco cosechó las ovaciones más fuertes en una actuación seria y dentro de los cánones clásicos, aunque no llegó a redondear lo suficiente para alcanzar el triunfo.

El tercer novillo fue un ejemplar con nobleza. El salmantino escuchó fuertes ovaciones en sendas series con la diestra, con muletazos templados. En otra, en la que el novillo le pisó la muleta, se rompió el encanto. Blanco epilogó con unas manoletinas. Mató de estocada tras pinchazo y escuchó una fuerte ovación.

El manso sexto saltó al callejón. El cornúpeta derribó al picador, tras enganchar por los pechos al caballo. En consonancia con lo anterior, en la muleta no se entregó lo más mínimo y se rajó de inmediato. Blanco lo despachó en una labor que careció de transmisión.

Gómez del Pilar, muy dispuesto, recibió a su lote a portagayola, con sendas largas cambiadas de rodillas. Ante el primero, manejable, se picó en quites con Leal, quien dibujó unas saltilleras y al que el madrileño le respondió con una morelianas. En la muleta, con el toro aplomado, se mostró voluntarioso sin más.

Ante el cuarto, también con condiciones parecidas, con nobleza y flojedad, Gómez del Pilar logró sus mejores momentos con la derecha, tras partirse un cuerno el toro, al hundir los pitones en la arena en la persecución de la muleta.

Juan Leal, en su última novillada -toma la alternativa mañana- concretó una actuación discreta. Con el mansote segundo, que amagó con saltar al callejón y resultó flojísimo, el diestro francés elaboró una faena porfiona, en la que lo más ovacionado llegó al final, cuando pisó los terrenos del novillo y se dio un arrimón.

Con el quinto, otro animal al que le faltaba poder y también clase, Leal manejó bien la muleta, aunque la faena no alcanzó cotas altas.

En un festejo anodino, sin que el público llegara a entrar en el mismo, Roberto Blanco fue quien dejó mejores apuntes, los más intensos. Pero quedó en eso. El salmantino apuntó, pero no llegó a disparar en una tarde que se fue para todos de vacío.

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