Armonizando la Historia

El concierto tuvo lugar en la iglesia de la Concepción.
Marco Antonio Molín Ruiz

19 de mayo 2012 - 01:00

CONCIERTO. VI ciclo de música antigua 'Arquitectura y música'. La música en tiempos de La Pepa, por el grupo 'Archivo 415'. Obras de Francisco Delgado, Juan Domingo Vidal y Nicolás Zabala. Iglesia de la Concepción. 17 de mayo de 2012. Nueve de la noche.

Felizmente concluía la sexta edición del ciclo Arquitectura y música, y ha sido con el pretexto del bicentenario de la Constitución de 1812 y al amparo del proyecto Atalaya. Circunstancias históricas y culturales que han aprovechado la Universidad y el Puerto onubenses para incluir en la agenda una irresistible oferta: repertorio coral religioso de compositores españoles cuyas vidas se nutrieron en una Cádiz que en el paso del XVII al XIX era una ciudad musicalmente internacional. Y lo interpretaba el grupo Archivo 415, músicos andaluces que difunden principalmente composiciones del siglo XVIII; algunas recién sacadas de alguna biblioteca.

La obra más conseguida de la velada fue el Nunc dimitis de Juan Domingo Vidal, cuya austeridad y brillantez corroboraron las mejores cualidades que podemos encontrarnos en un grupo de cámara especializado en música de capilla. La Misa a cinco, también de Vidal, contaría con unas prestaciones individuales y colectivas extraordinarias: desde el kirieleisón todo quedaba envuelto en un misticismo que alcanzaría puntos culminantes; tal es el caso del Et incarnatus, el Crucifixus y el Agnus Dei. Y aquí se repitió ese prodigio ya vivido en anteriores ciclos: una placidez trascendental donde el último resquicio de sonido circundante se hace silencio, y ahí, en el silencio que rodea a la música sacra, todo se hace uno.

Muy variable el plantel solista: Inmaculada Perea, soprano, exhibió sus facultades en el Accepit Jesum calicem y el Quoniam tu solus sanctus, obra brevísima que nos dejaría con la miel en los labios. La contralto, Ainara Estívariz, tenía una voz ronca, lo que fue un impedimento para la afinación. Por su lado, Julio López es un tenor que superó aceptablemente sus diversas intervenciones; y finalmente un bajo, cuyo nombre no se reseñaba, cantante ideal de lenguaje a medio camino de lo académico y lo eclesíastico que servía de prefacio con frases en gregoriano, secundadas por la cuerda varonil del coro.

Jorge Enrique García, el director, supo adentrarse en el espíritu de una época apasionante donde la tradición y la vanguardia o se engarzan o se alternan. Sacó del coro una musicalidad propia de esas obras en que el culto religioso y el esplendor concertístico del siglo XVIII crean un escenario sacro maravilloso. Subrayaba esos contrastes de la época galante donde el Barroco se despide y el clasicismo nos da la bienvenida. Quien conociese el panorama coral europeo pudo acordarse de Vivaldi (obras homofónicas en bloque), Zelenka (pasajes en modo menor con patetismo sutil) o Haydn (introducciones orquestales).

Hubo pasajes donde habría sido necesario atemperar a la cuerda, que daba cierta tosquedad al conjunto. También la música se hizo eco de esa disciplina historicista con que se termina repentinamente una obra, como sucediera en el Beatus vir de Francisco Delgado. Y no podemos dejar de referir esos aplausos inoportunos que rompen la continuidad de una interpretación, lo que ocurriese durante la Misa a cinco de Vidal subtitulada "Sobre la señal de la Santa Cruz". Entre otras muchas cosas, aprender Religión y Latín sirven para que un final impetuoso no signifique que la obra haya terminado.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último