La Puebla de Morante: en el cráter de la fiesta
FIESTAS PATRONALES
El genio cigarrero, que contempló el chupinazo y el encierro desde la Esquina del Reloj, otorga el aura y el alma a las celebraciones de San Sebastián
Morante y la alcaldesa de La Puebla oficializan los carteles de las fiestas de San Sebastián
Morante: en el corazón de La Puebla
Joselito El Gallo dijo un día que quién no había visto toros en El Puerto no podía saber como era un día de toros. Morante, gallista confeso, ha refrescado el dicho atrayéndolo a su terreno: si quieres saber qué es un día de fiesta tienes que ir a La Puebla a celebrar San Sebastián en torno a sus encierros, la procesión, las novilladas de promoción y, sobre todo, envuelto en ese ambiente inigualable que no se puede separar del aura, el influjo y la propia personalidad del genio cigarrero que es, en definitiva, el creador de la impronta actual de la celebración.
La jornada, de alguna manera, era calcada de las ediciones anteriores desde que el diestro de La Puebla se decidiera a revolucionar las fiestas de su pueblo en enero de 2015. Han pasado diez años largos desde entonces y hasta ha habido algún intermedio indeseado pero la celebración en torno al santo de las flechas y los venablos -que tampoco se pierde el encierro, subido en su paso- ha ido reforzando su modelo hasta convertise en un capítulo imprescindible del calendario festivo de la provincia de Sevilla.
¿Morante de la Puebla o La Puebla de Morante? Tanto monta, monta tanto... Pero este año tocaba mirar después de los chaparrones de la víspera, que obligaron a suspender el encierrillo infantil y la exhibición de recortadores que se había publicitado como la gran novedad de esta edición.
A las 11 de la mañana ya no se cabía en la calle Larga. El pasacalles de las bandas Municipal de la Puebla del Río -sonaba Banderita- y la de Tejera anticipó el momento más esperado: ese chupinazo que tenía que aguardar a la llegada del Santo, entronizado en su paso, a la Esquina del Reloj. El pueblo, con una sola voz, cantó su himno; se asomó Morante, la alcaldesa... Don Rafael, el párroco, pidió por las víctimas de Adamuz y Macarena del Río, la gran artista cigarrera, sería la encargada de prender el cohete que terminó de prender todos los entusiasmos.
El Juli, invitado de lujo, se dejó ver también en la balconada pero aún habría que esperar más de una hora para escuchar el segundo cohetazo que marcaba la salida, precedidos de los mansos, de los erales de los hierros de Garcigrande, Santiago Domecq, Fermín Bohórquez, Hermanos García Jiménez, Juan Manuel Criado, Alcurrucén y David Ribeiro Telles que serían lidiados por la tarde.
Comenzaba la carrera, envuelta en el esquileo de los rotundos mansos. Fue breve, intensa, trepidante, recorriendo en muy pocos minutos los casi 700 metros que abarca la calle Larga para desembocar en la plaza portátil instalada en la explanada de las antiguas cocheras del tranvía. El encierro se desarrolló a gran velocidad, y deparó bonitos lances y carreras de los mozos, en algunos casos llegados a La Puebla del Río de otros puntos remotos de la geografía del toro atraídos por la intensidad y la fama de esta fiesta que no se puede entender sin Morante de la Puebla.
Pero aún quedaba fiesta, la capea de la plaza, la vuelta del Santo, la paella popular y finalmente la novillada de promoción, televisada en directo por Canal Sur TV que iba a estar precedida del vistoso pasacalles de los jóvenes lidiadores desde el Ayuntamiento a la coqueta y amplia plaza de toros que ya demanda una construcción fija para tiempos venideros.
La novillada de la tarde
Los novillos que habia sido corridos a mediodía iban a ser lidiados por la tarde en formato de concurso de ganaderías, con premio para el mejor ejemplar, por los novilleros Armando Rojo, Julio Aparicio, Blas Márquez, Iñigo Norte, Joao Fernandes, Jaime de Pedro e Ignacio Garibay.
El paseíllo del festejo se inició a los sones del pasodoble Adamuz, interpretado por la banda del Maestro Tejera. No dejaba de ser una exquisita muestra de sensibilidad por la víctimas pero también por la extraordinaria sensibilidad de un pueblo de la sierra cordobesa que nunca habría querido ponerse en el mapa por circunstancias tan dramáticas. Un minuto de silencio, antes de cambiar la seda por el percal, redondeó el homenaje. Tenía que salir el toro…
El primero, un buen eral de Juan Manuel Criado, le iba a tocar en suerte al novillero Jaime de Pedro, hijo del diestro Pedro Pérez Chicote y la cantante Marina Heredia. El novillero granadino mostró ganas, firmeza y una buena mano izquierda que le permitió pasear dos orejas.
El segundo turno era para Blas Márquez, un novillero de Almería, formado en la escuela de Linares, que volvió a enseñar sus buenas maneras, un concepto vertical y una buena proyección ante un novillo codicioso de Hermanos García Jiménez del que también iba a cortar el doble trofeo.
El tercero, marcado con el hierro de Fermín Bohórquez, le tocó al mexicano Ignacio Garibay que exhibió su oficio y personalidad ante un novillo que, pese a su buena condición, estuvo lastrado por una enorme falta de fuerzas. Como sus compañeros, también iba a pasear las dos orejas.
Llegaba el turno del cuarto, un novillo de Ribeiro Telles, que le había tocado en suerte al novillero leonés Íñigo Norte. Iba a ser otro eral flojo de remos, desordenado, sin clase ni ritmo con el que el aspirante sólo pudo mostrar su solvencia, premiada con una oreja.
Julio Aparicio, ganador del Ciclo de Promocion 2025 en la plaza de La Maestranza, era el encargado de estoquear al quinto, un extraordinario eral de Santiago Domecq que le permitió desgranar su toreo de expresión y sentimiento en una completa faena emborronada con un feo espadazo. Al novillo le dieron la vuelta al ruedo y Aparicio paseó el rabo de su enemigo.
El sexto, del hierro de Alcurrucén, era para el aspirante Joao Fernandes que se mostró resuelto y resolutivo a pesar de los defectos de su enemigo, voluminoso y protestón que le puso muchas dificultades con los aceros. Fue ovacionado.
El largo festejo lo iba a cerrar Armando Rojo con un eral de Garcigrande que, pese a algunas carencias, le iba a permitir enseñar su gran proyección, su personal y expresivo concepto en una labor a más que iba a poner el mejor broche al festejo con la noche encima. Se llevó otro rabo...
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