Joselito el Gallo, testigo de su tiempo
Sevilla ayer y hoy
PRÓXIMA ENTREGA Miércoles, 8 de Junio.A la muerte del torero se conocieron sus obras de caridad siempre anónimas. Fue un padre para sus hermanos y un hijo ejemplar para la 'Señá' Gabriela, que murió con las manos llenas de buenas obras
COMO adelantemos en nuestras anteriores entregas (Diario de Sevilla, 11, 18 y 25 de mayo), el rechazo de parte de la burguesía y aristocracia al funeral por Joselito en la Catedral, fue por su condición de torero y además, de raza gitana. Pero el rechazo social a Joselito tenía, además, otro motivo subrepticio: haber patrocinado la plaza de toros Monumental. Esto fue una afrenta para la Real Maestranza de Caballería. Pero los tres artículos firmados por el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón en las páginas de El Correo de Andalucía, y que fueron premiados por los sevillanos con una pluma de oro que luce la Esperanza de la Macarena, esclarecieron los turbios intereses sociológicos esgrimidos para rechazar el funeral en la Catedral y la falta de caridad cristiana de quienes tanta ostentación hacían de su cristianismo vacío de piedad.
A la muerte del torero, el apoderado y el prócer macareno Juan Manuel Rodríguez Ojeda informaron de cómo entendió Joselito su condición de cristiano y hermano de la Esperanza Macarena. Lo de menos, dijo Rodríguez Ojeda, han sido las cinco esmeraldas que trajo de Colombia para la Virgen; lo que importa recordar es sus ayudas a los pobres de nuestro barrio siempre a través de la Bolsa de Caridad. El apoderado relató las obras de caridad anónimas que Joselito había hecho en vida. Jóvenes parejas de novios sin recursos pudieron casarse con las ayudas anónimas de Joselito. Niños enfermos en el Hospital tuvieron medicinas y médicos gracias a su apoyo económico. Siempre estuvo dispuesto a torear a beneficio de sus compañeros. Su madre, la Señá Gabriela, murió con sus manos llenas de buenas obras con el dinero de su hijo José. Fue, además, un padre para sus hermanos y hermanas. Como bien dijo Muñoz y Pabón, "fue un cristiano humilde y creyente verdadero que se entregó al prójimo".
Un aficionado contemporáneo de la Monumental, Fernando López Vilches, fotógrafo de Prensa, recordó en Abc [1 mayo 1984], sus vivencias de aquellos años, de las que reproducimos los siguientes párrafos:
"[Después de las primeras pruebas de resistencia] circuló insistentemente por Sevilla el rumor, que llegó hasta los más recónditos rincones de la ciudad, de que la plaza había sido sometida a una prueba de peso muy superior a la que en realidad le hubiera correspondido, ya que cargar cada asiento, durante veinte días, con doscientos kilos de peso, le pareció a todo el mundo excesivos kilos".
"Fuertes presiones, procedentes de muy altas esferas, fueron en realidad la falta de solidez de este magnífico coso que tenía una cabida muy superior a la Maestranza, y donde se podían ver novilladas de postín por 1,25 pesetas en grada de sombra, y por 0,35 pesetas en andanada de sol. Éste fue el auténtico motivo para declarar en ruina esta plaza". El autor tituló su artículo con esta curiosa frase: "Joselito el Gallo, la Monumental y su extraña ruina".
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