La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
Siempre, créeme, siempre me recuerdo pintando. Esta frase de la pintora Pepi Sánchez (Sevilla 1929-Madrid 2012) da la bienvenida en la Casa de la Provincia a una muestra que recoge su trabajo a lo largo de los 70 años que dedicó al arte. Comenzó a pintar a los 9 -con 12 entró en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla gracias a una dispensa especial- y no dejó de hacerlo hasta que dejó este mundo a los 83. Por primera vez, su ciudad natal le dedica una muestra gracias al empeño de la Asociación de Vecinos Amigos del Barrio de Santa Cruz, donde vivió hasta los 28 años, y de su familia, cumpliéndose así el sueño de la artista de mostrar su obra en Sevilla.
Tanto en lo artístico como en lo humano, Pepi Sánchez "fue una mujer excepcional". Lo cuenta su hija, Patricia Viñó, que junto a su marido, el historiador del Arte Eduardo Gálvez, ha comisariado la muestra. Lo confirma el rotundo apoyo que tanto el mundo del arte como los vecinos que crecieron con ella brindaron a la familia el día de la inauguración. Pero que Pepi Sánchez, cuya obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas, fue una mujer diferente lo demuestra, sobre todo, su obra. Cercana al surrealismo y dominada por la presencia de un personalísimo mundo onírico lleno de personajes y animales fantásticos que comenzaron a aparecer en sus trabajos a raíz de ser madre, la obra de la artista no dejó jamás de evolucionar. "Fue independiente a modas y tendencias y, sobre todo, siempre fue sincera consigo misma", cuenta su hija. "Como le escribió mi padre [el desaparecido escritor Manuel García Viñó] en una hermosa carta, lo suyo era una vocación prenatal", añade.
La exposición, que puede visitarse hasta el 23 de marzo, reúne 75 cuadros (óleos y dibujos) y 41 litopinturas (óleo sobre piedra) que recogen las distintas etapas de la artista desde que en 1944 comenzara copiando del natural en el jardín de su casa de la calle Pimienta, hasta 2011, cuando dio forma a sus últimos trabajos. Entre unos y otros, toda una vida dedicada al arte y marcada por varios episodios. Por un lado, el mundo artístico que le descubrió su primer viaje por Europa en 1950 y, por otro, la incansable búsqueda de la belleza y la bondad que sólo da la inocencia y que quedaría impresa para siempre en su obra a partir de convertirse en madre en los 60.
Cuenta Eduardo Gálvez que "la gran aportación de Pepi Sánchez al arte son sus trabajos sobre piedra", un soporte que llegó a su vida de manera inesperada -mientras buscaba piedras para jugar con sus hijos- y que ya nunca abandonó. Muchas de estas piedras pintadas -nunca modificaba su forma original- pueden verse también en la muestra, en cuya organización ha trabajado de manera incansable María José del Rey, presidenta de la asociación de vecinos y gran admiradora de la artista desde que la descubrió mientras organizaba hace años otra muestra sobre pintores del barrio.
La dama entre duendes, así se llama la exposición, invita a recorrer la memoria artística de una mujer diferente que, por fin, se reencuentra con su ciudad.
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