La lucha diaria por la tranquilidad

En la vida de una familia con un niño TDAH, el establecimiento de rutinas se hace indispensable

La lucha diaria por la tranquilidad
María José Gata

04 de septiembre 2011 - 01:00

Jaime era un poco revoltoso y despistado desde niño. Olvidaba poner el reloj, anotar las tareas o recordar las cosas importantes en el día a día. Sus padres empezaron a darse cuenta de que los malos resultados académicos eran la tónica habitual y sus olvidos podían tener algo que ver. Así comenzó el interminable desfile de María Jesús y Roberto por las consultas de pediatras, psicólogos y demás especialistas con el fin de encontrar una respuesta. Los padres de Jaime hallaron la solución a todos sus problemas cuando su hijo cumplió los 14 años. Tenía por nombre TDAH. Más comúnmente conocido como hiperactividad, el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) engloba tres subtipos: el hiperactivo-impulsivo, e inatento y el combinado, que aúna las dos variantes anteriores y es el más frecuente.

En Andalucía existen aproximadamente 120.000 niños que, como Jaime, padecen el TDAH. Once asociaciones repartidas por todo el territorio andaluz reconducen sus esfuerzos para acercar conocimientos y terapias a las familias afectadas. La Federación de Asociaciones de Ayuda al Trastorno Hipercinético y Déficit de Atención (Fahyda) es la coordinadora de todas ellas.

El neuropediatra Miguel Rufo aclara que "para un niño con TDAH son tres los pilares en su vida: el colegio, los amigos y la familia". Esta última es la que, de una u otra manera, siente de una forma más cercana las primeras consecuencias de un trastorno neurobiológico con un alto grado de transmisión genética, descubierto hace más de cien años.

El diagnóstico precoz es, según muchos especialistas, el mejor tratamiento. La psicóloga infantil Rosa María Bonet advierte que "para diseñar un programa de intervención y las técnicas a utilizar en cada paciente es importante un buen diagnóstico". Esta profesional aconseja el establecimiento de rutinas, la existencia de unas normas claras y una dinámica de trabajo ordenada en el marco familiar. "El empleo de juegos de mesa en casa es muy adecuado para fomentar la relajación y trabajar con el menor el respeto de las normas". Para eliminar las conductas agresivas, destaca la psicóloga, es necesario prevenir al niño de las consecuencias y cumplir las promesas y amenazas que se ponen en boca de los adultos.

Trabajar la atención, principal déficit en uno de los subtipos, se consigue mediante continuas preguntas, que actúan como apoyo de la comprensión, y en muy alto grado se hace imprescindible "el refuerzo positivo para mantener la motivación", aclara Bonet. Las felicitaciones o los reconocimientos ayudan a aumentar la autoestima del niño, parte importante en la vida diaria, que en afectados con TDAH se resquebraja junto al estado de ánimo, la conducta y el aprendizaje. La pediatra María Jesús Ordóñez, madre de Jaime y coautora junto a su marido del libro No estáis solos, destaca que "las personas con TDAH necesitan mucho apoyo y cariño, vuelven a cometer los mismos errores continuamente porque no hay reflexión en su cerebro". Sus experiencias, positivas y negativas, están contadas con humor y rigor en una obra que aspira a ser algo más que un testimonio esperanzador sobre este trastorno, es un texto con un espíritu divulgador manifiesto.

Gema Aguilar, presidenta de la asociación sevillana Aspathi que vela por los intereses de las familias con niños TDAH, apunta hacia el deporte y los lugares de esparcimiento como una buena alternativa diaria. Aunque la clave está, según comenta, "en proponer siempre cosas distintas, para que el niño no caiga en el tedio".

A pesar de todos los lastres aparentes que puede tener este trastorno, especialistas y padres coinciden en que son personas con una agudeza mental y una creatividad destacable. Si bien el rendimiento escolar es la primera pista para detectar en muchos casos el diagnóstico por TDAH. Muchas familias centran su preocupación en este aspecto que no es sino mera consecuencia del trastorno.

La vía hacia la normalización y el pleno desarrollo de la vida del niño es la principal meta de toda familia. Jaime, lector voraz desde pequeño, combate la imagen estereotipada de niño vago o maleducado que muchos educadores suelen tener de los niños con TDAH. Prueba del éxito del tratamiento es la doble titulación recién comenzada por este joven afincado ahora en Cádiz. "Mamá, ahora puedo", sentenció a su madre sin aceptar réplica. Su historia es un digno ejemplo de lucha familiar y personal que no hace sino empezar por la felicidad que otorga sentirse útil.

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