El periplo de un padre para recuperar a su hijo

José Manuel Gil presenta en Sevilla su libro 'El viaje de Luis', donde cuenta cómo logró rehabilitar a su pequeño de un daño cerebral

José Manuel Gil posa con un ejemplar de su libro 'El viaje de Luis'.
Dulce Rivero

24 de octubre 2014 - 01:00

Cuando la vida da un giro de 180 grados y parece que no hay retorno, sólo queda luchar antes de perder la esperanza. Las armas de José Manuel Gil Antón para creer en la recuperación de su hijo Luis, para no rendirse tras el accidente que dejó al pequeño en un coma a priori irreversible, fueron los conocimientos sobre neurología y medicina que ostenta gracias a la lectura de libros sobre estos contenidos. Su experiencia desde que su hijo sufrió un grave daño cerebral con 12 años hasta su completa recuperación la relata en El viaje de Luis, un libro de divulgación que ayer presentó en la Biblioteca Pública Provincial Infanta Elena.

El pequeño Luis, de 12 años, se clavó una navajita en el pecho mientras jugaba un domingo por la tarde, recuerda su padre y autor del libro. Superficialmente, no parecía una herida importante pero los efectos que causó en el niño delataron su gravedad. El artilugio había alcanzado una arteria cercana al corazón y su cerebro no recibió oxígeno durante 20 minutos. Luis entró en coma. Después del fracaso de los facultativos por intentar despertar de ese estado al menor, los pronósticos que recibió la familia fueron desalentadores.

"Le dieron por perdido", explica Gil, mientras comienza a exponer cuál fue su decisión: no estaba dispuesto a perder a su hijo. Dice que no hizo nada extraordinario para salvar al pequeño, que simplemente puso en práctica los tratamientos que se conocen y que él domina por su afición a la lectura, especialmente de libros de medicina y sobre neurología. "Observé que la estimulación que Luis recibía no pasaba de las caricias o los susurros al oído. Pensé que sería más efectivo ir más allá", apunta. Y, por suerte, estuvo en lo cierto. Ideó formas de excitar los sentidos de Luis hasta que despertó del coma. Hablarle por un micrófono y tocar las melodías que ambos conocían del dúo musical que tienen -padre e hijo tocan el saxofón- cree que fueron de los mecanismos más eficientes.

Cuando llegó el momento de la rehabilitación, José Manuel Gil tuvo que seguir entregado a su hijo, ya que, según cuenta, el sistema nacional público de salud sólo le recetó una hora y media a la semana. Según su criterio, una terapia insuficiente. Se dirigió entonces a un centro privado cuyos profesionales trataron al pequeño tres horas diarias. Pero seguía sin ser bastante para este padre. Así, ideó lo que él denomina como el sistema de rehabilitación de tres ejes y dedicó 12 horas al día a la recuperación de Luis. El ejercicio vigoroso, que está demostrado que aumenta la neuroplasticidad, junto con el trabajo neurológico -las tareas para ejercitar la memoria y el cálculo, entre otras habilidades mentales- y los compuestos de soporte y las medicinas específicas son los tres axiomas de este método, que no deja de ser un diseño basado en tratados médicos ya conocidos, insiste Gil.

El autor quiso que su experiencia sirviese para ayudar a otras personas en su misma situación. Realizó grabaciones con los progresos de su hijo y más tarde escribió el libro. Cree firmemente que hay casos en los que se puede hacer más si se informa de las verdaderas posibilidades de la ciencia. Su obra, que está revisada por profesionales médicos, es la prueba de que el conocimiento correctamente aplicado junto al tesón y el esfuerzo pueden salvar vidas.

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