La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
Un buen día, Carmen Rubio comenzó a enamorarse del circo. "Descubrí que me gustaba, pero no quería ser payaso de pista". Este momento revelador no surgió por casualidad. Ecléctica, como se autodefine, estudió Humanidades y Graduado Social. Poco a poco, fue introduciendo las artes escénicas en su vida y se decidió por Arte Dramático, la especialidad de maquillaje y caracterización. "De ahí, di un salto a la Pedagogía y fue en ese momento cuando gracias a personajes como Leo Bassi me introduje en el mundo circense". Rubio, además, siempre estuvo involucrada en la cooperación, por lo que cuando se fundó en 1993 la ONG Payasos Sin Fronteras no dudó sumarse a ella. Coordinadora a nivel nacional del programa Correo Reparte Sonrisas (animación para niños en hospitales), esta payasa explica cómo este tipo de programas se abre en la ONG a espectáculos, siempre de forma altruista, en centros de discapacitados, inmigrantes y centros penitenciarios. 40 galas al año y 15 talleres de formación -que también imparte-, se unen a la misión con la que nació esta ONG, el viaje a zonas en conflicto con el propósito de sacar unas carcajadas a quienes más lo necesitan. Más allá del voluntariado, enfoca su trabajo como payaso para un público adulto. "Me dirijo, por ejemplo, a un congreso y me empapo de lo que allí pasa. Cuando el encuentro llega a su fin, entro, junto a una compañera, con mi nariz roja. Ambas ponemos el punto cómico entre tanta corbata y traje oscuro".
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