Entre Paquito y Oriol
El ecosistema educativo
El proceso que se inicia de sustitución de la malograda ley para la mejora educativa, es sin duda una de las tareas más notables a que se enfrentan los políticos españoles. Podemos enumerar, sin ser exhaustivos, algunos de sus retos. La financiación es importante, así como la distribución entre niveles de enseñanza, y entre la pública y la privada; hay una responsabilidad principal de los gobiernos en garantizar este derecho, pero también sobre la innovación y calidad en la enseñanza. Un segundo aspecto es conseguir, a la vez, que haya oportunidades para todos, y exigir a las escuelas, las familias y los alumnos, implicación y resultados medibles mediante una evaluación objetiva y continua. Por eso decimos que la educación es un ecosistema social donde la política y la financiación son importantes, pero no suficientes.
El tercer conjunto de ideas gira en torno a los contenidos de la enseñanza en un mundo donde la digitalización se mueve a pasos agigantados. Si lo vemos desde la perspectiva de la formación para el empleo, las habilidades necesarias no pasan ya por incrementar y acumular conocimiento, sabiendo esto o aquello; la educación actual sigue dándose como si el conocimiento fuera algo escaso, cuando es abundante, y sistematizado y disponible gratuitamente en muchos casos. Hay trabajos que seguirán existiendo, como los relacionados con la salud, la enseñanza a niños muy pequeños, patologías del lenguaje, arqueólogos o ingenieros; pero desaparecerán, entre muchos otros, los relacionados con los datos, como tele marketing, la contabilidad, los expertos fiscales, la concesión de créditos, los intermediarios inmobiliarios, o los cajeros. No es una frivolidad ni una moda decir que la enseñanza debe ir por la capacidad de comunicarse mediante el conocimiento de idiomas y manejo de herramientas estadísticas e informáticas, que pueden aplicarse a una variedad de situaciones y trabajos, mecánicos o no.
Un cuarto aspecto es no ya sobre contenidos sino sobre métodos. Necesitamos enseñar de una manera dinámica temas relevantes y aplicados, proporcionando capacidad para solucionar problemas más o menos complejos. No es fácil saber hasta dónde llegar en el contenido abstracto de los temas, y en la capacidad técnica para trabajar con ellos; por ejemplo, casi nadie entenderá qué es un logaritmo, pero es muy fácil enseñar a utilizarlo, partiendo de la lógica de que sumar es más fácil que multiplicar. Dedicamos un esfuerzo inútil al pensamiento abstracto frente a lo concreto, y las tecnologías actuales y la capacidad que dan para aplicar conocimientos, hacer simulaciones y tomar decisiones sobre problemas, ya han hecho completamente obsoleta esa forma de educación. Necesitamos implicar el cerebro de niñas y jóvenes en la enseñanza, más que atiborrarlos con bocadillos de conocimientos y hacerlos pasar por pruebas donde deben contestar mecánicamente a lo que han aprendido sólo para esas pruebas, y pronto olvidarán. La prueba de verdad es la de la vida, ya sea en un trabajo más o menos rutinario o creativo, y es aquí donde se demuestra la capacidad técnica y emocional de dar respuesta a los problemas de siempre, y a las situaciones nuevas.
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