"En Irán, un gay sólo puede estar muerto"
Un iraní que vive en Málaga se convierte en el primer refugiado político que se acoge a la Ley de Asilo por su orientación sexual
Desde su infancia ya se sintió diferente. Pero a sus 18 años, Alí se convenció de que era gay. Desde entonces y hasta cumplir los 35 -cuando huyó de su país, Irán- vio muchas ejecuciones de homosexuales. Allí, tener una pareja del mismo sexo es un delito que unas veces se castiga con 90 latigazos y otras, con la pena de muerte.
Después de que lo detuvieran por estar en una fiesta con otros gays, lo mantuvieran seis días en un calabozo y lo torturaran, supo que sólo tenía una opción para vivir como sentía: huir de Irán. Fue así como este joven que ahora tiene 36 años, era funcionario de un servicio de empleo y es diplomado en Agronomía, llegó a España en diciembre de 2008. De inmediato, pidió asilo. El lunes pasado se lo concedieron. Así, se ha convertido en el primer refugiado que se acoge a la Ley de Asilo aprobada en octubre por su orientación sexual.
Alí no es su verdadero nombre, pero oculta su identidad para que su familia, que permanece en Irán, no sufra represalias. También por eso se tapa la cara con las manos cuando los fotógrafos lo retratan.
Alí da la rueda de prensa de espaldas. Así no se ve su rostro, pero se escucha su voz, que es la de cientos de homosexuales iraníes: "En Irán, un gay sólo puede estar muerto", chapurrea en español. Dice que ha pasado "muchos años sin libertad" , pero que ahora es feliz porque vive en "un país con libertades". El joven vive en el centro de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) de Málaga. Pero por poco tiempo más. En unas semanas debe dejar esas instalaciones. "No tengo trabajo, no tengo dinero y dentro de poco no tendré piso, pero soy feliz porque vivo en un país con libertades", resumió ayer.
El coordinador andaluz de CEAR, José Manuel Mochón, aclaró que la organización tiene ayudas para el alquiler y la manutención, pero insistió en que Alí necesita un empleo: "El objetivo es que cuanto antes responda a sus necesidades con un trabajo".
Este joven está intentando rehacer su vida en España. Pero tiene sus raíces en Irán, adonde no puede volver. Allí están su madre y su hermano. También por ellos se tapa cara, porque no saben que es homosexual. Dice que no lo entenderían.
El presidente de la organización de gays, lesbianas y transexuales Colega, David Cedeño, definió a Alí como una persona entre "dos miedos": el de ser rechazado por su propia familia si conoce su orientación sexual y el de que ésta sufra represalias de las autoridades iraníes por su delito de homosexualidad. Pero a pesar de esos temores, Alí ha dado un cambio "brutal" en un año que lleva en España. Cuando llegó era "tímido y asustadizo", describió Mochón. Ahora es abierto, entregado, alegre y extrovertido. Aquí ha hecho amigos con los que sale a bailar o va de excursión. Pero casi a diario se comunica con su familia en Irán, donde ha dejado un trozo de su vida. Alí no sabe dónde está el chico que era su pareja y que fue detenido también en aquella fiesta, aunque cree que ha salido del país.
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