¡A todo tren! Destino Asturias | Crítica Segura, termómetro de la España neutral

Leo Harlem y Santiago Segura, buscando la química camino de Avilés.

Leo Harlem y Santiago Segura, buscando la química camino de Avilés.

Reventada ya la grasienta gallina de los huevos de oro de Torrente, Santiago Segura rebusca en las franquicias de segunda y en el baúl de los recuerdos del cine español fórmulas de éxito con las que seguir liderando la taquilla y atrayendo a públicos familiares con ganas de pasar la tarde al fresco acondicionado en el centro comercial.

Si Sin rodeos apuntaba el posible camino (truncado) de un cine de Ciudadanos y cuñados, las dos entregas de Padre no hay más que uno y esta A todo tren. Destino Asturias que bien pudiera ser una tercera parte con nueva peluquería, se miran indisimuladamente en sus respectivos títulos previos italianos y franceses y en el amable conservadurismo de La gran familia y su secuela como moldes para la comedia blanca, familiar y con leves apuntes de actualidad donde volcar fórmulas de guion a la americana y maneras audiovisuales fast-food para lanzar a la aventura inocente a un puñado de niños de anuncio y a dos adultos que, protagonizados por el limitadísimo Segura y un domesticado Leo Harlem, muy lejos de ser la pareja cómica con química a la que aspiran, recorren en paralelo el camino desde la capital a los verdes parajes asturianos en una larga noche de gamberradas light, accidentes y encuentros aptos para menores de 7 años.

La película se maneja así en modo piloto automático y a ritmo de trote cochinero con escasas sorpresas y ningún sobresalto verdadero, tanto en el interior de un tren de la bruja en el que Florentino Fernández aburre a unos niños de buena dicción, como en ese viaje por las carreteras secundarias de España en el que los farloperos de after, los canis de buenas maneras, la guardia civil y los catetos rurales celebran al unísono y con algún que otro gag suelto la diversidad nacional, el cameo televisivo o la corrección política parcial a costa de veganos, podemitas y usuarios del lenguaje inclusivo.

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