Selección Española

Así es Adama Traoré: una bala esculpida en músculo y aceite

Traoré en un momento del partido Traoré en un momento del partido

Traoré en un momento del partido

Hay una imagen que se repite antes de los encuentros en la banda del Molineux Stadium. Adama Traoré es embadurnado en aceite para bebés por uno de los fisios del Wolverhampton. Puede sonar extraño, pero esta es una más de las estrategias más importantes del jugador sensación de la selección española.

"La primera vez que le vi hacer eso pensé: 'Madre mía, sí que se quiere a sí mismo'", dijo su compañero Conor Coady en la radio británica TalkSport, al ser preguntado por la táctica de Adama, pero lo cierto es que todo tiene una sencilla explicación.

Adama habló en su día con los preparadores físicos de los Wolves y les pidió consejos para evitar que su velocidad fuera cortada por los defensores con agarrones y faltas que, en una liga de la dureza de la Premier League, están permitidas y que pueden ocasionarle más lesiones en el hombro.

El acuerdo al que llegó con los fisios del equipo fue que antes de los partidos empaparía sus brazos con aceite para bebés, con lo que los rivales tendrían muchos más problemas al agarrarle. Como si de una prueba del Grand Prix se tratase.

La estratagema dio sus frutos, por ejemplo, contra el Sevilla en los cuartos de final de la Liga Europa, cuando el español fue derribado a los pocos minutos de encuentro dentro del área señalando el árbitro un penalti que marró Raúl Jiménez.

"Por el tema de tener problemas de hombro y por las faltas que me hacen al intentar agarrarme, me ayuda a que no puedan hacerlo y también a evitar lesiones", explicó Adama este jueves en rueda de prensa.

En los últimos dos años, Adama se ha convertido en uno de los extremos más preciados de Inglaterra, formando la sociedad más letal de la liga junto a Jiménez. Nadie centró y remató tanto a gol como la dupla de Traoré y Jiménez y todo ello le valió ser convocado hasta en tres ocasiones por la selección absoluta.

Una lesión en noviembre de 2019 y un positivo en coronavirus en agosto de este año le negaron vestir la camiseta de la selección; y tuvo que ser a la tercera, a las 62 minutos de un amistoso contra Portugal, cuando el de Hospitalet de Llobregat pudo poner por fin un pie en los libros de la Roja.

Fue un camino largo. Desde entrar en la cantera del Barcelona con ocho años, debutar con el primer equipo en 2013, hasta que aquel chico delgado y prometedor tuvo que emigrar a las islas británicas.

Un periplo de un año en el Aston Villa, que le valió para ser calificado por su entrenador como "el futbolista más rápido del fútbol británico en años", le llevó al Middlesbrough, donde fue puliendo todos los detalles que le habían frenado en el Villa.

La habilidad, el regate y la velocidad siempre habían estado ahí, pero en el Boro perfeccionó la disciplina táctica y su estancia de dos temporadas le sirvió para que el Wolves, un recién ascendido a la Premier por entonces, pusiera sus zarpas sobre él y le firmara un contrato de cinco años.

Poco a poco ha ido ganando importancia en el club del Molineux Stadium, con culmen en el triunfo por 2-0 ante el Manchester City hace un año, en que él hizo los dos goles.

"Estos son los partidos que hacen que llames la atención, pero llevaba trabajando mucho desde hace tiempo", apuntó Adama.

Su estilo rápido y vertiginoso, compatible con el de un Ansu Fati que se coloca en el otro extremo del campo, crean la nueva España. Un forjada en la velocidad, el regate, la explosividad y sí, el aceite para bebés.

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