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Calderón, ¿mejor director deportivo que entrenador?

  • El argentino se ve más como un mánager general deportivo en el Betis y asegura que no renovaría de cualquier manera. Su labor de cantera y de gestión convencen en el club y superan con creces a la tarea de campo.

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Gabriel Humberto Calderón es una persona inteligente y lo cierto es que, en poco tiempo, le ha cogido el aire perfectamente al Betis. Más al club, con todo lo que ello conlleva, que al primer equipo y, sobre todo, a la competición española. Pero, en definitiva, da la sensación de que si la entidad verdiblanca prescindiera de sus servicios en junio posiblemente perdería más que ganaría.

Calderón renovaría automáticamente su contrato en caso de lograr la permanencia con el primer equipo verdiblanco, aunque la circunstancia hoy se antoja imposible. En caso de descenso, debería negociar con el club un contrato y este jueves ya avisaba en una interesante entrevista en Marca que sería "exigente" llegado el extremo. Es decir, que no renovará de cualquier manera, ya que pretende galones en la estructura deportiva de la entidad. Y es que el argentino se ve más como un mánager deportivo general que como un simple entrenador que quede en el club al pairo de un director deportivo de fuera que llegue con menos conocimientos del Betis y de su idiosincrasia y la de la ciudad que él mismo.

Al margen del conocimiento adquirido en los dos meses y medio que lleva en la entidad, Calderón ha tomado conciencia de la división interna existente en lo futbolístico y propiciada, principalmente, por José Antonio Bosch, es decir, los reinos de taifas o compartimentos estancos, con Pepe Mel por un lado, Vlada Stosic por otro y Luis Fradua también a su aire. Esta perniciosa política se ha llevado por delante el primer equipo y la cantera y el argentino es consciente de que el Betis necesita un hombre fuerte en el aspecto deportivo que lo englobe todo. Y, lógicamente, le gustaría serlo él, algo más que un simple entrenador, sabedor, además, de que hoy no hay ninguna persona más capacitada que él para llevar esa labor a cabo.

Por eso la pregunta que podría hacerse el club y que, de hecho, ya se hace más de uno en Heliópolis es la siguiente: ¿No sería mejor Calderón como director deportivo que como entrenador? La respuesta, posiblemente, sea afirmativa. Pero, a la par, casi imposible de llevar a cabo a no ser que fuera desde la perspectiva del entrenador, con él como mánager controlando la secretaría técnica con un hombre de club puesto por él y, de igual forma, en la ciudad deportiva para la cantera.

A raíz de ahí, surge una segunda pregunta: ¿Es mejor esta estructura que firmar a un director deportivo de fuera y que éste sea el encargado de elegir el entrenador para la próxima temporada? Seguramente, no, porque además el Betis, de descender a Segunda División, tendría la plantilla prácticamente confeccionada. Entre los 14 futbolistas que mantendría, los cuatro cedidos que regresarían y los cuatro o cinco niños de la cantera a los que habría que dar cobijo, sólo le restaría acertar con los cuatro futbolistas que deberían formar o apuntalar su columna vertebral, como hace tres temporadas ocurrió, por ejemplo, con Dorado, Salva Sevilla, Jorge Molina y Rubén Castro. ¿Y quién dice que éstos no podría firmarlos incluso a primeros de agosto cuando el entrenador haya trabajado ya con el resto y sepa específicamente los puestos a cubrir y, sobre todo, las características de los futbolistas? Por cierto, que en el caso de Calderón incluso se podría ganar ese tiempo.

El técnico argentino acabará la temporada como entrenador y es una persona bien vista en el club por los actuales consejeros y, principalmente, por su valedor y amigo, Rafael Gordillo, quien sigue teniendo influencia sobre aquéllos. Además, dejarlo como entrenador sería la salida más cómoda. El inconveniente, al margen de la novedosa exigencia de Calderón, es que hay quien no acaba de verlo como un buen estratega ni suficientemente preparado para encarar una competición tan delicada como la Segunda División.

Lo que nadie duda en el Betis es que su labor psicológica con la plantilla ha sido muy importante, así como la de regenerar sentimientos que se habían perdido durante la breve etapa de Juan Carlos Garrido y que a Mel, un entrenador maniatado, jamás dejaron explotar. Calderón llegó al club y ya no estaban ni Stosic ni Bosch y lo ha tenido más fácil. Ha sido, además, valiente y se ha impuesto a los técnicos de origen granadino que han destrozado la cantera. Éstos, tras la salida de Bosch, han perdido, además, el poder que no les ha quitado directamente Calderón con su beticismo y su personalidad. Saben, encima, que sus horas en el club están contadas y han perdido cualquier margen de maniobrar ni de programar nada.

Calderón conoce ya perfectamente, porque se ha preocupado y trabaja asiduamente con ellos, a todos los jóvenes valores de la cantera verdiblanca, sus defectos, sus virtudes, en qué equipos deben jugar... Incluso, en el plano personal, ha trabajado con muchos de ellos, cuando no los ha convocado, hecho debutar con el primer equipo y hasta dado órdenes al club para que los renovara ante el posible interés de entidades de fuera.

¿Por qué entonces no convencer a Calderón de que su sitio podría ser ése? Sólo debería buscar ojeadores para fichar cuatro futbolistas y hallar un entrenador. Más sencillo que la revolución que significaría firmar a un director deportivo ajeno a la casa con plenos poderes. El problema es que Calderón, probablemente, no aceptaría porque se siente entrenador y, además, habría que reubicar a Eduardo Anzarda y a sus otros tres colaboradores en el organigrama.

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