EL TIEMPO
Regresa la lluvia a Sevilla

Frenado por un silbato (1-1)

Ponferradina - Betis

En un partido salpicado de incidentes, el colegiado dejó de señalar un penalti a favor del Betis y le anuló un gol legal en los estertores · Con más garra que ideas, el equipo parece mejorar.

Jorge Molina dispara a puerta. / Norberto Cabezas
Javier Merida / Ponferrada

03 de marzo 2011 - 21:58

El Betis se ha convertido en un perro flaco. Todos son pulgas en su caminar presente si se exceptúa el partido del pasado domingo frente al Albacete. Ayer mereció ganar un encuentro trufado de incidentes y de decisiones que pudieron cambiar la suerte del empate que cosechó, casi siempre a su favor.

Pero no fue así, en gran medida gracias a un juez arbitrario que acabó siendo presa de la presión que ejercen los aficionados de la Ponferradina. Así, en los estertores del partido ignoró unas claras manos en el área local y, minutos después le anuló un gol a Jorge Molina, quien cabeceó tras ganar la posición a su defensor y sin cometer falta sobre él un medido centro de Isidoro.

No es que fuera un Betis para volverse loco, pero sí dio síntomas de mejoría en su juego en El Toralín, con una actitud sobresaliente y muriendo en el área local tras el diez para diez en que acabó el partido. Empero, se fue para Sevilla con un empate que lo aleja más de la cabeza y que aplaza una remontada que a buen seguro se hubiese producido de ganar en este frío paraje berciano.

El amanecer verdiblanco en el partido tampoco es que fuera catastrófico. El equipo se ordenó bien bajo el asimétrico 4-4-2 que dispuso Mel con Salva Sevilla a la derecha y, de la mano de Beñat, trató de llevar la iniciativa del juego. La mala noticia fue el temprano gol que encajó, fruto de un despiste de Roversio, al que se adelantó Saizar en el primer palo, y de Casto, quien tardó en reaccionar y en vez de acometer el balón vio cómo éste le pegaba en el cuerpo y se alojaba en la red.

Corría el Betis el riesgo de que sus futbolistas le cogiesen asco al partido. El escenario y el frío casi polar que sometía a esta localidad berciana invitaban casi a bajar los brazos y ver el paso de los minutos. Pero el Betis no se durmió. Beñat y, sobre todo, Ezequiel e Iriney no se lo permitieron. Pero no fue constante.

Entre las pérdidas de balón, las de tiempo del rival, las continuas interrupciones y la desconexión entre líneas impidieron que el fútbol del Betis fuese más incisivo. Claudio Barragán, delantero centro en su día al igual que Mel, tenía estudiado al Betis. Así, cambió su sistema habitual por un 4-3-3 en el que el ex sevillista Jonathan Ruiz ejercía como medio de cierre y lo escoltaban por delante Abraham, un futbolista que Paco Chaparro pretendió para el Betis cuando militaba en el Barça B de Pep Guardiola, y Toribio. Este triángulo central tenía como principal cometido cortocircuitar el juego del Betis en el eje y a fe que lo consiguió antes del ecuador del partido, aunque sólo fuera por su buena ubicación.

Las llegadas verdiblancas fueron esporádicas. A los 14 minutos, Ezequiel puso de gol a Rubén Castro y éste la envió fuera cuando incluso tenía pase de gol a Jorge Molina; en el 24, fue el propio delantero alcoyano el que se agenció un balón largo, lo controló de cabeza y lo envió fuera con su pie derecho sin dejarlo caer; en el 34, un trallazo de Ezequiel raso al primer palo lo envió a saque de esquina un Alejandro que se mostró muy seguro en todo momento. Curiosamente, una ocasión cada diez minutos, fruto de un fútbol deslavazado y al que también le faltó un puntito más de agresividad.

Tanto fue así que Mel no esperó ni al descanso. Y puso a Emana en el sitio de Salva Sevilla, al virgitano de medio centro con Beñat y a Iriney lo retrasó al centro de la defensa. Corría el minuto 40 y Roversio, con molestias musculares, era el sacrificado con tal de que el Betis jugase más junto y, principalmente, más cerca del área de una Deportiva jaleada por sus aficionados cada vez que intentaba algún ataque, algo que ocurrió a cuentagotas desde que se adelantara en el marcador.

Con todo, el inicio de la segunda mitad debió dejar sentenciado el partido, ya que un gol de Jorge Molina y la posterior expulsión de Abraham le abrían las puertas al Betis. Pero Iriney se buscó dos tarjetas más que tontas ante un árbitro deseando compensar y también dejó al Betis con diez.

En esa igualdad debió ganar el Betis, que mejoró su fútbol en intensidad y buscó la puerta rival con más ahínco. Pero ahí surgió de nuevo el colegiado para, con dos decisiones erróneas, castigar a un equipo que debió resurgir en esta gélida Ponferrada para siempre y que, por contra, ahora ve cómo el Rayo se le ha vuelto a ir. Habrá que esperar. Pero tiene la pinta de que el Betis va a más.

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