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Verdad, ni cuatro pases seguidos (0-0)

Betis-Las Palmas · la crónica

El Betis hace buena la frase de Julio Velázquez y ofrece una disertación de cómo no se debe jugar al fútbol. Las Palmas tampoco se esmera y deja en el aire que si éstos son dos de los mejores equipos de Segunda...

Foto: A. Pizarro
Francisco José Ortega, Sevilla

12 de octubre 2014 - 14:16

Empate a cero en el Benito Villamarín y una sensación de vacío absoluto para los seguidores de la causa verdiblanca. ¿Porque se puede jugar peor al fútbol que como lo hizo ayer el Betis contra Las Palmas? Habrá equipos que lo hagan, pero este Betis está construido para cosas bien diferentes en la categoría en la que milita y la verdad es que pasa un partido, pasa otro, y las sensaciones que transmite no pueden ser más decepcionantes. Tanto que Julio Velázquez, su propio entrenador, lanzaba al aire en el entrenamiento del pasado jueves una frase en la que sí tiene razón, al menos en eso sí hay que dársela. "No somos capaces de dar cuatro pases seguidos", gritó a los miembros de su plantilla de futbolistas. Y éstos se empeñaron en no dejarlo en mal lugar en ese sentido, pues rara vez dieron esos cuatro pases seguidos, tal vez cuando la pelota circula entre los zagueros sin presión del rival y pasa por Adán en alguna ocasión, pero sólo ahí, nunca superado el mediocampo.

Se anunciaba un bonito partido entre Betis y Las Palmas, dos de los teóricos mejores equipos de la categoría, pero la verdad es que aquello fue verdadero dolor. Los locales eran incapaces de acercarse siquiera a Casto para asustarlo al menos, se quedaban en un quiero y no puedo que llega a convertirse en un verdadero suplicio para sus seguidores. Tanto que Rubén Castro no se encontró con una pelota medianamente digna hasta el minuto 44 de juego y fue porque Aythami se la facilitó, no porque alguno de los compañeros del delantero canario del Betis le hiciera llegar el esférico, faltaría más. Los visitantes, mientras, transmitían una mayor calidad a la hora de dominar el balón, pero siempre dentro de una cobardía que les impidió ir a por el triunfo de verdad incluso cuando Perquis vio la segunda cartulina amarillaen una entrada a Araujo.

Entre la nula calidad de unos y la escasa valentía de otros casi desde el minuto cinco ya se podía vaticinar que el partido estaba destinado a acabar con el cero a cero con el que había arrancado. Sólo alguna acción aislada, principalmente procedente de un rebote o de un fallo clamoroso, podía alterar esa monotonía, y así sería. Las Palmas se pudo poner por delante en una falta que salió rebotada, terminó con un remate de Jordi hacia su propia portería que se estrelló en el poste y después con una acción providencial del propio defensa central catalán cuando Aythami remataba, mal por supuesto, con todo a favor debajo de los palos de Adán. El Betis, que ya había tenido un cabezazo al principio que sacó Christian cuando parecía que iba para dentro, debió aguardar hasta el minuto 44 para que Rubén Castro se quedara con esa opción que le regaló Aythami. Pero nada, balón rebotado también hacia fuera. Y en la segunda mitad ni una sola llegada para los locales, sólo una de verdadero peligro para Nauzet por parte de los canarios.

Es el balance en lo referente a acercamientos a las porterías contrarias de un partido que nacía con muchas expectativas e incluso con la idea de echar el balón abajo. Eso se suponía, al menos, cuando se conoció la alineación inicial que sacaba Julio Velázquez. Los dos delanteros centro más físicos, Rennella y Jorge Molina, se quedaban en el banquillo para apostar por futbolistas más bajitos, ya que Kadir se metía al medio para estar cerca de Rubén Castro y Dani Pacheco entraba en el equipo en el perfil izquierdo. Por detrás, Matilla era el acompañante de Lolo Reyes para tratar de crear fútbol desde esa zona. Sin embargo, todo sería un espejismo. Tanto Perquis como Jordi se sienten tan inseguros con el balón en los pies que su primera opción siempre es el pelotazo arriba para no tener problemas detrás. A eso se le suma que Molinero y Casado son nulos a la hora de proyectarse por las bandas en busca de apoyar el ataque.

A Las Palmas le bastaba con ordenarse un poco, con cerrar los espacios y con invitar al Betis a que optara por esos pelotazos en lugar de arriesgar a la hora de sacar la pelota desde atrás. Y el resultado era un juego espantoso, sin ninguna posibilidad para que aparecieran los de arriba, para que el balón les llegara alguna vez con ventaja de ser controlado y jugado. Tanto es así que resulta complicado recordar en el análisis posterior las intervenciones de Kadir y Rubén Castro. Todo lo más en alguna jugada a balón parado para el francés, pero tampoco fueron muchas, pues el Betis rara vez se movía por esa zona intermedia con la pelota en su poder.

Si a todo esto se le suma la participación de De la Fuente Ramos, que así se llama el encargado de impartir justicia, pues ya tendríamos el cuadro completo. El árbitro, de 22 años, estuvo a la altura del pobrísimo nivel del litigio e incluso también tuvo mucho que ver en que éste careciera de ritmo en todo momento. Cierto que muchas de las faltas eran clarísimas, que los futbolistas acertaban más con las piernas del rival que con el balón, pero las interrupciones también fueron numerosas y eso impedía que hubiera la más mínima fluidez.

El Betis, en definitiva, dependía, una vez más, de que Rubén Castro lo pudiera sacar del aprieto ante el equipo de su vida. Pero esta vez ni siquiera le llegó un balón medianamente en condiciones al hombre que desatasca a los verdiblancos en la mayoría de los partidos. Así de planos fueron los noventa y tres minutos de fútbol que se disputaron. Incluso los béticos pueden dar las gracias de que el estropicio no fuera aún mayor tras la expulsión de Perquis. Restaba un tramo de veinte minutos y Las Palmas, de haber ido de verdad, podía ganar, pero, afortunadamente, no fue así, aunque ni siquiera esto sirve para aliviar el dolor de ver que Velázquez sólo tiene razón en una cosa, en que los suyos no son capaces de dar ni cuatro pases seguidos. ¿Y qué hace él para impedirlo, Dios?

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