El doloroso trance de vender lo que sirve
Desde mi córner
Tras la frustración que supuso vender a Bono, en el Betis ocurre más de lo mismo con Guido
DIFÍCIL y dolorosa coyuntura, muy abundante en el mundo de este fútbol nuestro es la de vender a los buenos. Se trata de sobrevivir en una situación de economía bajo mínimos. Lo que quieres vender no hay quien te lo compre y sólo vendiendo a los indiscutibles puedes encontrar la bocanada de aire que te permita seguir viviendo. Y comiéndose las lágrimas no hay otra salida que desprenderte de lo que nunca quisieras vender.
Lo más reciente es lo de Bono en el Sevilla. Con la cantidad de pesos muertos que abundan en su vestuario, resulta que se vio obligado a vender al mejor portero, tras Palop, en este tiempo de oro y platino que se vive en Nervión. Y para más inri, lo ocurrido al día siguiente en Vitoria multiplica la sensación de frustración que supone la marcha del milagrero guardameta marroquí. Y es que ¿en cuántos partidos como ese rascó puntos el Sevilla con Bono en la portería?
Y en ese laberinto se halla el Betis respecto al futuro de uno de sus pilares, el argentino Guido Rodríguez. El hecho de que el uno de enero ya pueda negociar su futuro lejos del Betis hace que las prisas hayan entrado en el club bético. Está claro que el interés del argentino por continuar en Heliópolis es cero cartón del ocho según la disponibilidad económica de su actual club y el hecho de que pueda negociar en la ventana próxima hace que cundan las urgencias.
Y aquí llega el dilema de que mientras Pellegrini lo considera intocable, la tesorería opina todo lo contrario. Mientras Bartra y Bellerín siguen en ese limbo laboral de no estar inscritos, en el club se hacen dibujitos de colores para encontrar el hueco por donde meterlos en el plantel. Dolorosa encrucijada la que se vive entre la planta noble y el camerino respecto a un jugador fundamental para ese crecimiento que busca el Betis; como para cuestionar la ampliación de capital.
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