Abuelo rockero

Crítica 'Alguien a quien amar'

Mikael Persbrandt, en el filme.
M. J. Lombardo

04 de noviembre 2014 - 05:00

Alguien a quien amar. Drama, Dinamarca, 2014, 92 min. Dirección: Pernille Fischer Christensen. Guión: Kim Fupz Aakeson, Pernille Fischer Christensen. Fotografía: Laust Trier-Mørk. Intérpretes: Mikael Persbrandt, Sofus Rønnov, Trine Dyrholm, Birgitte Hjort Sørensen, Eve Best, Lourdes Faberes.

El principal y más grave problema de este aseado filme danés es que uno sabe desde muy pronto que toda su sobrecarga dramática, todos esos gestos de dureza e insensibilidad, todas esas malas caras y conversaciones agrias entre sus protagonistas, adultos y niños, están destinados a formar parte de un calculado trayecto de redención y catarsis para espectadores amantes de las emociones fuertes y los finales felices o edificantes a pesar de los pesares.

Así, en el retrato de este viejo rockero amargado que regresa a casa para grabar un nuevo disco después de un largo periodo en Estados Unidos, y de su reencuentro con una hija drogadicta a la que no quiere y con su nieto, hijo de ésta, del que tendrá que hacerse cargo, hay más de cliché, estereotipo e incluso caricatura bienintencionada del tío con malas pulgas pero con su corazoncito de lo que cualquier espectador serio estaría dispuesto a creer en beneficio del funcionamiento del mecanismo melodramático.

Mikael Persbrandt pone cara de circunstancias, pose de diva con lado oscuro y voz profunda para acabar encima del escenario con algunos los asuntos resueltos, incluso los de conciencia, que es de lo que se trata. Hasta la desafortunada Alabama Monroe hacía todo esto con un poco más de credibilidad y arrojo cinematográfico.

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