El corazón de Butterfly

Madama Butterfly | Crítica

Carmen Solís como Madama Butterfly en el Maestranza. / Antonio Pizarro

La ficha

Madama Butterfly

**** Ópera en tres actos con música de Giacomo Puccini y libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica. Coproducción del Festival Castell de Peralada y la Deutsche Oper am Rhein de Düsseldorf y Duisburgo.

Solistas: Carmen Solís (Madama Butterfly), Enrique Ferrer (Pinkerton), Gerardo Bullón (Sharpless), Cristina Faus (Suzuki), Moisés Marín (Goro), Pablo López Martín (Bonzo), José Manuel Díaz (Príncipe Yamadori y Comisario Imperial), Diana Larios (Kate). Coro de la AA del Teatro de la Maestranza. ROSS. Director Musical: Alain Guingal. Director de escena: Joan Anton Rechi. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Mercè Paloma. Iluminación: Alberto Rodríguez.

Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves 7 de octubre. Aforo: Lleno.

Clavó esta vez la cuerda de la ROSS el motivo fugado inicial que tan desajustado resultó la noche del estreno. Su contribución al espectáculo quedó en cualquier caso marcada otra vez por las maneras opulentas de Alain Guingal, que dan como ventaja una gran amplitud dinámica y un trato fastuoso del color y permite que los temas camerísticos adquieran considerable relieve (primeros atriles de las maderas, violín, arpa o glockenspiel lucieron con esplendor), pero como contrapartida le pone las cosas muy difíciles a los cantantes.

Esta vez Carmen Solís y Enrique Ferrer tardaron en encontrar lo mejor de sí mismos. Ella, acaso tratando de asegurar la línea, entró en escena con un vibrato desmedido, que no se corresponde con el estado de su voz, como demostraría luego. Él, voz de emisión algo trasera y agudos poco brillantes, tirando directamente del grito pelado para superar el foso. Eso sí, Ferrer ha trabajado la producción desde el principio y dramáticamente resultó mucho más convincente que Jorge de León. Llegó además entero al final, hasta el punto de que su romanza (“Addio fiorito asil”) fue quizá lo mejor de su actuación.

Superado ese arranque inseguro, la soprano pacense mostró, sobre un registro de gran homogeneidad, una proyección sobresaliente y un timbre de exquisita belleza, una enorme flexibilidad, que la hizo plegarse con filados y pianissimi de gran delicadeza en los momentos más íntimos y bramar en los más dramáticos (asegurando en alguna ocasión la afinación con ese exceso de vibrato). Su visión de la joven geisha es más sentimental que la de Jaho; parece concebida toda ella desde la tragedia del tercer acto, en el que incurrió en algún exceso con las lágrimas.

Magnífico el Sharpless de Gerardo Bullón. El barítono madrileño no es tan lírico como Damián del Castillo y acaso su fraseo no tan fino, pero su voz es hermosa, su emisión de enorme claridad y su volumen, sobrado para teatro, orquesta y bombas. Muy correcta Cristina Faus, de graves hermosísimos y fraseo sensible. Coro y secundarios repitieron las buenas prestaciones del primer día.

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