El ejército fantasma de Marlene Monteiro

Canine Jaunâtre 3 | Crítica de Danza

Los 25 bailarines del Ballet de Lyon llevan a cabo un trabajo realmente encomiable. / Marc Domage

La ficha

Marlene Monteiro Freitas / Ballet de la Ópera de Lyon. Coreografía, vestuario y música: Marlene Monteiro Freitas. Asistente de coreografía: Ben Green. Intérpretes: 25 bailarines del Ballet de la Ópera de Lyon. Investigación artística: Marlene Monteiro Freitas, João Francisco Figueira. Escenografía: Yannick Fouassier, Marlene Monteiro Freitas. Iluminación: yannick fouassier. Sonido: Rui Antunes. Lugar: teatro central. Fecha: Viernes 16 de enero. Aforo: lleno.

Conocida y admirada por los aficionados sevillanos desde su primera visita, en 2011, con su solo Guintche, esta artista inclasificable nacida en Cabo Verde, afincada en Lisboa y formada en la P.A.R.T.S. de Bruselas nos trae ahora, en calidad de estreno en España, una obra realmente peculiar.

Monteiro la llamaba ‘su pieza ausente’ o su ‘pieza fantasma’, ya que, desde su creación en 2018, por invitación del coreógrafo Ohad Naharin y de la célebre compañía de danza Batsheva de Israel, no había visto la luz hasta que en 2024 fue asumida por el Ballet de Lyon.

Impactada por la colonización de Cisjordania, la caboverdiana dice que fueron dos imágenes –la de un buldócer construyendo y derribando edificios y la de un juego de Lego- las que le inspiraron el trabajo.

De hecho, aunque sepultada en un repertorio de gestos que ella distorsiona hasta crear un vocabulario de muecas, ridículo y enigmático a partes iguales, una pulsión de muerte recorre la obra junto a una enorme vitalidad y al humor negro que la caracteriza, saltando de lo hermoso a lo feo e incluso a lo desagradable; de un orden casi marcial al delirio más absoluto.

La coreografía, casi matemática, hecha de decenas de células que evolucionan sin cesar, casi siempre en grupos de tres, convierte a los 25 extraordinarios bailarines del Ballet de Lyon en unos verdaderos autómatas. Con el número 3 a la espalda y vestidos de negro sin distinción de género, parecen deportistas –la referencia al deporte es otro de los rasgos más recurrentes en las obras de la creadora- pero también unos seres contradictorios y sugestivos que nos escamotean una y otra vez cualquier intento de dar un sentido o un significado unívoco a la obra.

Un ejército incansable que se mueve a golpe de silbatazos y de pitidos. Porque se habla de poder, sin duda. Incluso hacen gritar al público: “Super Power”.

El uso del espacio es realmente increíble, así como el de los sonidos. El que emiten los bailarines y el de la música, desde el The Weeping Song de Nick Cave a La Construcción de Chico Buarque, desde El lago de los cisnes -con unos soldados mecanizados que disparan poniendo sus piernas a modo de metralletas- hasta las canciones de Amy Winehouse o Rihanna.

Es cierto que algunas escenas se repiten o se alargan en exceso en detrimento de la emoción, pero no puede negarse que Monteiro Freitas posee un talento tan peculiar como el de nuestro Israel Galván, con el que el año pasado se divirtió creando el dúo Ri.Te, y que el trabajo de los intérpretes es verdaderamente admirable.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Canine Jaunâtre 3 | Crítica de Danza

El ejército fantasma de Marlene Monteiro

Bayón, Águeda & Saturno | Crítica

Ascenso y caída de un político ilustrado

Lo último