Con el fracaso en los talones

El filme, que costó 117 millones de dólares, debería recaudar 250 millones para dar beneficios y en las primeras semanas de exhibición no ha superado los 62 millones.

Cameron Diaz y Tom Cruise protagonizan la cinta de James Mangold, en la que se muestran los peculiares 'sanfermines sureños'.
Carlos Colón

16 de julio 2010 - 05:00

Noche y día. Comedia romántica de acción. Estados Unidos, 2010, 130 min. Dirección: James Mangold. Guión: Patrick O'Neill. Fotografía: Phedon Papamichael. Intérpretes: Tom Cruise, Cameron Diaz, Peter Sarsgaard, Maggie Grace, Paul Dano, Marc Blucas, Viola Davis, Jordi Mollà, Liam Ferguson, Nicole Signore, Falk Hentschel, Kal Thompson, Jerrell Lee. Cines: Ábaco, Al-Ándalus Bormujos, Al-Ándalus Utrera, Arcos, Avenida, Cervantes, Cineápolis Montequinto, Cinesa Plaza de Armas, Cinesur Nervión Plaza, CineZona, Los Alcores, Metromar.

Noche y día es una maravillosa canción compuesta por Cole Porter en 1932 para su espectáculo El alegre divorcio. Dos años después Fred Astaire la cantó y bailó en la versión cinematográfica que, a causa de la censura, pasó a llamarse La alegre divorciada (una divorciada puede ser alegre pero el divorcio, no). También fue el título de la simpática película que sobre la vida del compositor, interpretado por Cary Grant, rodó Michael Curtiz en 1946. Por culpa de los traductores españoles desde ahora Noche y día nombra también a esta cosita cuyo título original -Knight & Day (Caballero y día)- bromea con poca gracia con el de la canción. No importa: como afortunadamente la película se olvida casi antes de que termine, Noche y día seguirá siendo el título de una de las más hermosas canciones del siglo XX.

Según un alto directivo de la Fox, el cartel silueteado que anuncia la película es un homenaje al diseñador Saul Bass -autor de los títulos de crédito y carteles de obras de Hitchcock, Kramer, Kubrick o Preminger- porque Noche y día quería recuperar el cine de aventuras y suspense para adultos al estilo de Con la muerte en los talones de Hitchcock. Ese mismo ejecutivo, tras el fracaso de la película en la taquilla americana -costó 117 millones de dólares, necesitaría recaudar 250 para empezar a dar beneficios y en sus primeras semanas de exhibición sólo ha recaudado 61.393.000- ha dicho: "Cúlpenme a mí, no a Tom Cruise".

Estoy de acuerdo con él. Los actores nunca tienen la culpa. Ni tan siquiera Cameron Diaz, que ha perpetrado películas como Algo pasa con Mary, La cosa más dulce o -también junto a Cruise- Vanilla Sky. La culpa es siempre de la producción que monta el tinglado, del guión que lo organiza y, sobre todo, de la realización que lo convierte en imágenes. En este caso la producción ha errado en el casting y dado luz verde a un proyecto disparatado. El guión desarrolla malamente una trama alocada intentando pisar los talones hitchcockianos y arrimarse a Charada o Arabesco de Stanley Donen. El problema es que Patrick O'Neill, el autor de este guión, no es el Ernest Lehman que escribió el prodigioso guión de Con la muerte en los talones. El mcguffin (expresión tomada por Hitchcock del vodevil para nombrar a los elementos irrelevantes o casuales que provocan el arranque de una historia o hacen avanzar la trama) que en aquella era la respuesta de Cary Grant a un botones de hotel, es aquí el encuentro casual en un aeropuerto entre un espía y una chica que acude a la boda de su hermana. La maravillosa aventura que seguía a la confusión entre Grant y un inexistente agente secreto es aquí una debilísima trama de servicios secretos que no puede sustentar a la película.

Y lo peor no es que O'Neill no sea Lehman. Ni que James Mangold no sea Hitchcock. Sino que ni tan siquiera sea él mismo, pues Noche y día está por debajo de otras correctas películas suyas como Cop Land, En la cuerda floja o El tren de las 3:10. Aventurarse en el difícil terreno de la aventura de suspense tejida por casualidades con tan poco equipaje es peligroso. Y la película lo demuestra. Funciona en su arranque porque los personajes hablan, lo que permite que los actores actúen y que el suspense -¿quién es Cruise?, ¿por qué le persiguen?, ¿cómo se trenzará su relación casual con Diaz?- funcione. En este breve tramo Cruise custodia bien su misterio y hasta Cameron Diaz convence como chica frágil y simpática. Pero esto dura poco. A partir del aterrizaje forzoso, primero, y la persecución por la autopista, después, el guión se convierte en un dislate sin pies ni cabeza (el sinsentido también tiene sus reglas), la exageración desmelenada de la acción en humoradas sin gracia, los actores en monigotes saltarines y los efectos especiales en el único sostén de la película junto a los conductores acrobáticos. En cuanto a lo de situar los sanfermines en Cádiz y Sevilla, qué quieren que les diga. Debe ser una especie de maldición hispánica que arrastre Cruise, ya que en Misión imposible 2 se mezclaban y confundían la Semana Santa y las fallas.

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