La mirada de Ruth Matilda Anderson
El legado de la estadounidense que, enviada por la Hispanic Society, recorrió y fotografió los pueblos de España en más de 14.000 tomas ocupa un lugar protagonista en la muestra que alberga Santa Clara.
De todas las personas enviadas a España por Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of America, "ninguna produjo resultados tan espectaculares como Ruth Matilda Anderson", en palabras de Patrick Lenaghan, conservador de Grabados y Fotografías de la institución estadounidense. Es más, para Joaquin Bérchez, catedrático de la Universidad de Valencia y comisario, junto con Lenaghan, de la exposición Atesorar España -gracias al patrocinio de Bancaja y el ICAS en el espacio Santa Clara de Sevilla, hasta el 29 de junio- "la obra y personalidad de Ruth Matilda es, fuera de toda duda, coda de la selección de imágenes que integran los fondos fotográficos de la Hispanic Society".
La ingente producción de Anderson, que superó las 14.000 tomas, recorriendo zonas rurales, ciudades y pueblos de la Galicia, Asturias, Salamanca, Zamora, Extremadura, La Mancha, Islas Canarias o Huelva en diversas misiones entre los años 1923 y 1930, partía del imaginario español pintado por Sorolla en su Visión de España. Por sus escenas fotográficas, subraya Bérchez, "transitan escenas de pesca, de ganadería, de descorches de árboles, almazaras, secaderos de jamones y un sinfín de labores agrícolas, con tipos humanos y oficios diversos, pescadores, mejilloneras, rastrilladoras de sal, cabreros, afiladores, hojalateros, vaqueros, lecheras, músicos, fotógrafos minuteros de pueblo, todo un hábitat plural de interiores y procesiones patronales, paisajes y ambientes monumentales" en numerosos casos buscados "desde puntos de vista similares" a los adoptados por el pintor valenciano.
¿Pero quién fue esta mujer intrépida y sensible ante lo desconocido? Nacida en 1893 en Nebraska, "centro de Estados Unidos, una zona no muy avanzada", indica Lenaghan, fue iniciada en la fotografía por su padre, que dirigía un estudio especializado en vistas y retratos. Se trasladó en 1919 a la escuela de Clarence White, un centro de gran raigambre en la fotografía estadounidense y decisivo, no sólo en el perfeccionamiento de su técnica, sino en su entrada en la Hispanic Society, pues fue el propio Clarence White el que recomendó el trabajo de esta joven que pronto quedó impresionada por la visión de Archer Milton Huntington. El fundador de la Hispanic Society le exigió desde el principio "excelencia y trabajo arduo", según Lenaghan, unos requisitos que Anderson cumplió con creces. Para el conservador de la Hispanic Society, "sus fotografías reflejan esa España castiza, la de las tradiciones eternas de las pequeñas capitales de provincia, pueblos y zonas remotas del país. Es -continúa este amante y máximo conocedor de la obra de Anderson- la vida diaria, la vida de los oficios, de los trabajos y los mercados, de las fiestas locales y, muy especialmente, de sus indumentarias". De hecho, en 1930, a su regreso del último de sus viajes, pasó de supervisar la fotografía del museo-biblioteca a centrarse en el estudio del atuendo español. En 1954 fue nombrada conservadora de trajes de la Hispanic Sociey, cargo que conservó hasta su jubilación, casi 30 años más tarde. En el estudio del catálogo En busca de la España castiza: el hispanista y la fotógrafa, Lenaghan recuerda que Anderson, fascinada por ejemplo por el ritual del traje típico de Candelario (Salamanca), "no se limitó sólo a realizar fotografías, sino que también anotó numerosos detalles. Comprendía perfectamente que aquel mundo de trajes y costumbres estaba desapareciendo".
Aunque, sin duda, la fotografía de Anderson nunca se quedó en la superficie. La hondura de la mirada de sus retratados delata que esta joven americana de su tiempo -esos felicesaños 20 previos al crack en los que muchas mujeres se rebelaron frente a las convenciones- conectó personalmente con aquellas gentes que abandonaron sus quehaceres para charlar y posar para una desconocida que los congeló para siempre en el tiempo. Así lo expone Bérchez: "Arranca gestos imprevistos, algunos de una ternura intemporal, ausente de aspavientos sentimentales, y retrató oficios y trabajos con noble distancia, obteniendo una serena cercanía humana".
Una cercanía que tiene su más alta cota en la serie fotográfica que realizó sobre la pesca del atún en Isla Cristina. Para Lenaghan es ésta "la serie que mejor encierra el sentido de esta exposición en Sevilla", por varias razones: "Son piezas inéditas y reflejan la relación que nuestra colección tiene con el deseo de documentar una España menos conocida, vinculada con las obras de Sorolla. Además muestra la intrepidez de esta mujer extraordinaria". Para Bérchez, la imagen del pescador faenando, sorprendido en pleno fragor de la captura del atún, empapado, descalzo y en inestable equilibrio resume "la belleza frenética y exaltada del riesgo" y "el silencioso halo fotográfico que nos precipita a sentir presencias ausentes, atronadoras voces, griteríos, aletazos bruscos y chapoteos, intensos olores salinos, densas espumas teñidas de rojo" frente a la cámara de una mujer que retrató el instante.
Atesorar España. Fondos fotográficos de la Hispanic Society. Espacio Santa Clara. Hasta el 29 de junio.
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