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Cultura

Las posibilidades del algoritmo

Solsticio de invierno. Fran Pérez Rus y José García-Vallés. Galería Weber-Lütgen (Fray Diego José de Cádiz, 4). Hasta el 30 de abril.

Los antiguos, ante la imprevisible variedad de la naturaleza, fraguaron el mito de Proteo. Como en tal desconcierto la luz ponía claridad y por tanto orden, hicieron del sol un dios, Apolo. Pero la luz tampoco era dominable y Apolo podía promover a la vez la vida y las epidemias. El arte buscó ordenar la luz y el acontecer natural: los griegos valiéndose de la geometría y el Renacimiento, de proporciones aritméticas que contenían además la armonía musical. Hoy el arte explora el algoritmo que, desde la informática, puede generar formas. Son gratas a la vista pero sobre todo afinan la percepción y estimulan la fantasía y el pensamiento. Este es el atractivo de las obras de Fran Pérez Rus (Lupión, Jaén, 1986) y José García-Vallés (Sevilla, 1986).

Pérez Rus trabaja lo indeterminado: lo deslizante, lo fluido en contraste con la geometría, y las formas cambiantes de manadas de animales o bandadas de aves, construidas con boids, un desarrollo informático de la teoría del caos que estudia esos movimientos. Una instalación, sin embargo, El pliegue y la luz, remite al arte concreto y en particular a Elena Asins.

García-Vallés se centra más en la capacidad de la luz para construir o alterar formas, y su incidencia en el paisaje. Con un programa informático que traza mallas poligonales en tres dimensiones evoca las alternativas de luz en los montes, mientras su (falsa) holografía genera tetraedros en la mejor tradición del arte objetivo. Una exposición que debe verse y dos jóvenes autores que no deben ignorarse.

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