Víctimas del imperialismo
De Godard a Lightyear: revival de una España en blanco y negro
Los primeros actos de censura de Vox desde las instituciones evidencian los riesgos de involución vinculados a la ultraderecha
EL 23 de enero de 1985 se estrenó en España la película Dios te salve María, del director Jean-Luc Godard. El filme venía precedido de una importante polémica en otros países e incluso de una condena del Papa Juan Pablo II, que lo consideró herético. Semanas antes de que la cinta se exhibiera en las pantallas españolas los medios más conservadores publicaron cartas al director encendidas, se produjeron amenazas de bombas en las salas y declaraciones políticas condenando su exhibición. Cientos de manifestantes ultraderechistas, portando cruz y cirio, entre ellos Blas Piñar, fundador de Fuerza Nueva, la ultraderecha española de toda la vida, rezaron arrodillados delante de los cines Alphaville, en Madrid. Trataron de frenar el estreno con todos los medios a su alcance, nostálgicos de la Junta Superior de Censura cinematográfica de Salamanca, creada por Franco, que concedía al representante eclesiástico especial calidad de voto en asuntos relativos a la moral y la religión.
La oposición bravía logró suspender sesiones de la película de Godard y solo la policía, protegiendo la sala, permitió que se proyectara la película en sesión nocturna. Hacía tres años que el PSOE gobernaba España con mayoría absoluta y la Constitución había cumplido ya siete años.
La censura como herramienta
Si a los españoles no nos preocupa en 2023 el regreso de la censura es que estamos peor de lo que parece. Si nos da igual es que hemos retrocedido como sociedad. Si nos ponemos de perfil y hacemos como si no nos concerniera estaremos renunciando a lo que hemos avanzado y somos como país, incluyendo a algunos principios constitucionales. El artículo 20 de la Constitución reconoce y protege los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción, así como a la producción y creación literaria, científica y técnica. Censurar desde instituciones públicas las obras que abundan en las temáticas anatemizadas por Vox es una conculcación de estos derechos. Añadan que se puede dar por hecho el destino cierto de las subvenciones futuras y los apoyos desde los organismos bajo control de la ultraderecha para obras y espectáculos de signo muy determinado, lo que será estratégico para que su pensamiento y su visión de la vida permee tratando de imponer unos cánones, pero sobre todo impidiendo la difusión de otros.
Ciudadanos que no necesitan ser salvados de nada
Los ciudadanos no necesitan ser salvados de nada por otros ciudadanos. Ni que se les diga qué han de ver o pensar. Ni que se les hurten opciones o se les impongan otras. La única conducta posible en un Estado democrático es el respeto a la libertad creativa y a las ideas desde todas las posiciones. Pero prohibir y censurar son actos atroces en una democracia porque representan la imposición de una ideología, unas ideas y una forma de ver la vida utilizando las instituciones públicas. Lo contrario no es censurar las ideas que molestan al bando censurado, sino permitir la libre exposición de todas ellas dentro de los amplios márgenes que conceden las leyes y el entendimiento de que una de las misiones aceptadas del arte es la provocación, la transgresión, buscar los límites del pensamiento y proponer reflexiones que cuestionen lo establecido. “El arte no es un espejo para reflejar el mundo, sino un martillo con el que golpearlo”, afirmaba el poeta y dramaturgo Vladimir Maiakovski, quien, precisamente debido a sus actividades políticas, fue expulsado de la Escuela de Pintura, escultura y arquitectura de Moscú.
Lope de Vega, Virginia Wolf y Buzz lightyear
Solo en esta semana se han registrado al menos cuatro actos de censura en nuestro país promovidos por Vox en instituciones en cuyo gobierno participa con el PP. El Orlando de Virginia Wolf, un clásico que aborda la transexualidad y el feminismo, ha caído en Valdemorillos, aunque el alcalde trata de reducirlo a un recorte presupuestario y a una deslealtad de su socio ultra. En Briviesca (Burgos) el alcalde del PP, donde gobierna con los de Abascal, ha cancelado una obra de teatro sobre un maestro republicano fusilado. Sonada ha sido la censura en los cines de verano de Santa Cruz de Bezana (Cantabria) de la película Lightyear –de la serie animada de Pixar– porque en una escena se besan dos mujeres: igual que fue censurada en Arabia Saudí, Emiratos Árabes o Kuwait. Los extremos siempre se tocan ¿Quién querría estar en ese club? Ni el Fénix de los ingenios se libra de la ola moralista ultra: el concejal de Vox en Getafe ha pedido la retirada de la obra La villana de Getafe de Lope de Vega porque algunos elementos de la escenografía –órganos sexuales– pueden incomodar a los espectadores. Y en Palma de Mallorca ha suspendido el ayuntamiento una obra de Ann Perelló sobre los trastornos alimenticios porque no entra en el tipo de temática que el PP pretende programar, porque los trastornos alimenticios, por lo visto, también tienen ideología.
Censura manilarga
La censura no procede solo del frente de derechas. La extrema izquierda y otras izquierdas hiperventiladas a través de organismos y por vía directa ha hecho tonterías semejantes en España aun sosteniéndose sobre su concepto de lo políticamente correcto en asuntos de género e igualdad. El Instituto de la mujer pidió retirar la etiqueta de una botella de vino porque sexualizaba a a mujer, aunque era una ilustración bastante discreta y asexual. Sirva como ejemplo. Y en pleno Me too, el Museo de Manchester descolgó el cuadro Hylas y las ninfas, de Waterhouse, porque el desnudo cosificaba a la mujer. Y se retiró de Arco la muestra Presos políticos y la España contemporánea de Santiago Sierra; y un juez secuestró el libro Fariña, de Nacho Carretero o se suspendió una obra basada en la vida de Santa Teresa de Jesús y así docenas de obras y exposiciones. Ya ven que la censura, esa dictadora estulta y manilarga, mora en diferentes pagos.
Ola muy azul
La ola reaccionaria de hoy es, sin embargo, azul y tiene dos socios. Uno que empuja y otro que traga. Y es peligrosa porque va a disponer de mucho poder en España en comunidades autónomas y ayuntamientos y ya se verá si en el conjunto del Estado.
Salirse del foco de la igualdad y la violencia machista ayuda a entender mejor la dimensión chusquera de lo que representa Vox, que trae debajo del brazo un catálogo de prestaciones más amplio, actuaciones pensadas –y votadas– para el cambio cultural que propugnan y, que hay insistir, no se basa solo en la legitimidad de sus propias propuestas como en la censura de las que salen de su ámbito ideológico. No es una sola cosa, no es solo la defensa del campo –aunque sea con acciones tan estúpidas como tratar de desmovilizar el ganado afectado por tuberculosis para contentar a un grupo de ganaderos–; ni se limita a una cruzada contra la violencia machista, los inmigrantes, la sostenibilidad o una España plural o diversa. No. Es más complejo aún. La ultraderecha propone hoy un cambio profundo de lo que es España. Es una apuesta por la anti Europa del grupo de Visegrado –Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia– y representa por tanto aquella visión apocalíptica de Europa como problema. Menos integración y devolución de competencias nacionales. Volver atrás. España es hoy un pilar del europeísmo y la cuarta economía de la zona. Es fácil acusar a la izquierda de exagerar con el partido de Abascal y es cierto que una campaña siempre se refleja en lentes deformantes, pero realmente es más difícil no querer ver los riesgos aparejados a la operación política de la derecha el 23-J.
Liberales a la deriva
Borja Sémper, portavoz del PP, un político estimable y valioso con una hoja de servicios impoluta en defensa de la democracia, ha construido esta semana un inteligente hilo en Twitter a favor de la libertad y contra la censura. Solo falla en lo que falla el PP, una formación liberal que supuestamente alberga a una inmensa mayoría de militantes y cargos en contra de la estupidez de la censura: en que los pactos con Vox son los que conducen a esto y amplifican justo lo contrario de lo que él defiende con solvencia intelectual, pero con una praxis contradictoria.
Hasta dónde alcanzará el tiempo escalofriante que vivimos que cuando El mundo Today anunció esta semana que Vox fichaba al obispo Munilla para restaurar la Oficina clasificadora de espectáculos encargada de otorgar a cada película una clasificación moral pareció verosímil.
'OK Corral'
Sánchez y Feijoo irán mañana en su cara a cara en Atresmedia a por el millón largo de votantes que abominan tanto de la coalición de izquierdas como de los pactos con Vox. Un debate cruzado a dos siempre es a cara de perro. 100 minutos para convencer y sobre todo para no cometer errores inhabilitantes. Deben cuidar el exceso de agresividad pero sin dormirse. Las respuestas cortas, directas y lapidarias siempre desarman al oponente. Deben ser eficaces para conseguir votos y para eso necesitan ser creíbles y exponer bien el discurso. Es un debate raro porque el presidente parece el aspirante y el jefe de la oposición quien defiende el título. Es imposible tenerlo todo amarrado en un acto de este tipo, pero es previsible que Feijoo no se aparte de los dos elementos de la línea estrategia dura: el antisanchismo y la idea de que lo dejen gobernar si es el más votado para sacudirse a Vox. Se va a mover peor con los datos, especialmente en asuntos económicos. Está por ver también qué Sánchez comparece, aunque den por seguro que opondrá su gestión al discurso catastrofista de Feijoo, al que acusará de bisoño y ambiguo. Le irá peor en las respuestas a sus alianzas porque lo que puede explicar es complicado y no se puede explicar en un debate de estas características y menos a dos semanas para que se abran las urnas. Interesante cita. La tragedia es que el destrozo que unos y otros han hecho de TVE la hayan convertido en parte del programa electoral y la tele publica no albergue este y otros debates.
Desokupa, ¿un wagner español en ciernes?
Envalentonados, bizarros, desafiantes y descontando un triunfo de los suyos, los ultraderechistas de Desokupa protagonizan parte de la campaña. Desde su infecta lona en Atocha mandando al presidente español a Marruecos y autocolocándose ellos en la Moncloa, hasta el tono amenazante y faltón propio de los porteros de discoteca más testosterónicos. Así son estos muchachos y su líder Dani Esteve, que además de hacer un negocio sacando a okupas de las casas okupadas con métodos expeditivos, ya juegan abiertamente a la política. Y quién sabe si aspiran a ser un batallón Wagner a la española. Denle tiempo y el aliento necesario e igual un día los vemos desfilando en carros blindados por la carretera de La Coruña camino de Moncloa.
Carnés de buenos y malos periodistas
La candidata de sumar, Yolanda Díaz, ha propuesto la creación de un Estatuto de la información y la creación de un Consejo Estatal de los medios audiovisuales con el objeto de que se encargue de imponer sanciones severas y llegue incluso a expulsar de la profesión a aquellos profesionales que manipulen o desinformen. Sin duda, esta profesión necesita mejoras urgentes como el comer, pero lo que no necesita es un órgano que acabará siendo constituido por políticos o cuotas políticas dando los carnés de buenos y malos periodistas y reproduciendo el hartazgo y las banderías como en cualquier órgano de extracción parlamentaria.
El frente frío baja del rin
Alemania en recesión, en un proceso de desindustrialización de inciertas consecuencias y con la ultraderecha en ascenso, ya anuncia el retorno de la austeridad. El consejo de ministros alemán ha aprobado recortes por 30.600 millones para 2024. Francia sumida en un conflicto social de complicada gestión y con efectos bloqueantes para su economía, su marca y confianza país. Meloni sacando pecho ante Francia y Alemania y presumiendo de “locomotora italiana” con un crecimiento del PIB del 1,9 (España crece al 3,8) y un déficit disparado al 12% (España un 3,3 en 2022). Tras la relajación fiscal por la covid y la guerra de Ucrania vuelve la ortodoxia. A quien le toque gestionar España le viene un frente frío desde el Rin.
UE, Latam y la guerra de ucrania
A Sánchez, como presidente de turno, le toca resolver el pésimo inicio de los prolegómenos de la cumbre del 17-18 UE-Latam. La Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) ha sacado del borrador alternativo que ha enviado a Bruselas cualquier alusión a la guerra de Ucrania y, por lo tanto, rechazan explícitamente condenar la invasión y a Rusia. La guerra de Ucrania pilla muy lejos de América Latina y se ve todo de otra forma. Hay datos contundentes: los países que han impuesto sanciones a Rusia representan al 16% de la población mundial aunque producen el 61% de la riqueza global. Por el contrario, los neutrales representan al 66% de la población mundial pero producen una exigua parte de la riqueza que se crea en el mundo. Para colmo, la propuesta alternativa de declaración conjunta que envía la Celac recuerda el comercio de esclavos y pide reconocer la dignidad de las víctimas y compensaciones económicas para compensar “el legado del subdesarrollo”. Era esta una buena oportunidad para que la UE regresara a Latam con fuerza pero parece que va a ser que no.
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