Análisis

Francisco Vélez de Luna

Presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla.

'Gratia et Pax', fray Carlos Amigo Vallejo

El cardenal Carlos Amigo Vallejo con Francisco Vélez.

El cardenal Carlos Amigo Vallejo con Francisco Vélez. / M. G.

Gratia et pax, es el lema utilizado por el cardenal Amigo en su fecundo pontificado en la Archidiócesis de Sevilla. Ciertamente, no puede resumir mejor lo que nuestro querido don Carlos ha significado. Ante todo una gracia dispensada por el Señor, que dispuso que en mayo de 1982 llegara a Sevilla un nuevo prelado para suceder en la silla de San Isidoro al recordado cardenal Bueno Monreal, en vísperas de la anunciada visita del pontífice san Juan Pablo II, que llegaría a nuestra ciudad para la beatificación de nuestra venerada Sor Ángela de la Cruz. Posteriormente, en junio de 1993, recibiría de nuevo al Papa para la celebración de la Statio Orbis que serviría de clausura al Congreso Eucarístico internacional.

Nuestra memoria alberga la imagen de un joven y espigado prelado, que muy pronto, sintonizó con la idiosincrasia de nuestro pueblo. Su simpatía personal, su carácter afable y su don de gentes hacían que conectará fácilmente con todo tipo de personas, pertenecientes a los más variados ámbitos, fruto de la Paz y Bien, virtudes en las que había forjado su carácter franciscano, siguiendo las huella del Poverello de Asís.

Dotado de una elegancia natural, con una forma siempre solemne en sus celebraciones, don Carlos supo captar muy pronto la importancia que la religiosidad popular encierra en esta tierra. Conocía muy bien a nuestras hermandades y cofradías, las quería y entendía, siendo perfectamente consciente de su papel trascendente en la transmisión de la fe, de la devoción íntima entre los fieles. Fruto de esta dedicación han sido los muchos casos de coronaciones canónicas que promovió por toda la geografía de nuestra Iglesia local.

Como presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías, haciéndome eco del sentir de los hermanos mayores y de mis predecesores, debo rendir pública constancia de la acogida siempre afectuosa que nos dispensó, a lo que hay que sumar su comprensión ilimitada y su entrañable afecto, más fraternal que paternal. Sin duda, los frutos del pontificado de monseñor Amigo han dejado una profunda y perdurable huella en esa parcela del Pueblo de Dios que es la Archidiócesis de Sevilla.

Que el Señor, por mediación de Nuestra Señora de los Reyes, Madre de la Iglesia de Sevilla, se haya dignado otorgarle la eterna Bienaventuranza.

Descanse en paz.

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