Análisis

Roberto Pareja

Illa ofrece su peor versión al Congreso en su semana negra

El ministro de Sanidad parece contagiado del hastío en las calles y hace uno de esos mítines que tanto le disgustan mientras Sánchez se escabulle

Salvador Illa, en el Congreso, con su mascarilla. Salvador Illa, en el Congreso, con su mascarilla.

Salvador Illa, en el Congreso, con su mascarilla. / EFE

Ha comparecido este jueves en el Congreso de los Diputados para cubrir el enorme boquete que suponía la ausencia del presidente del Gobierno (presente en el hemiciclo pero mudo; su espantada, que se ha materializado por completo tras el discurso inicial de su remedo en la tribuna, ha irritado incluso a la izquierda) a la hora de exponer los argumentos para solicitar la macroprórroga del estado de alarma y su aura conciliadora para afrontar la pandemia se ha evaporado entre agrias acusaciones y rechiflas a "Pili y Mili" (Pablo Casado y Santiago Abascal) para solaz de los amigos de la confrontación.

El hombre tranquilo que en momentos muy duros de esta larga y penosa travesía del desierto de lucha contra el Covid-19 ha venido haciendo gala de serenidad y que nunca se había quitado el traje de ministro ni se había manchado los zapatos con el barro de la refriega política parece que se está contagiando del hastío generalizado y del estado de alarma y de nervios que se palpa en las calles entre la atribulada ciudadanía cada dos pasos.

No, no ha estado nada acertado el ministro de Sanidad durante una comparecencia que ha discurrido en algún momento en paralelo a la de su bestia negra (aunque Isabel Díaz Ayuso se vista de rojiblanco en las grandes ocasiones, en su pretendida calidad de abanderada de la Comunidad de Madrid, luciendo sus colores), en la que ésta le ha vuelto a echar un órdago al Gobierno anunciando su intención de cerrar Madrid durante los dos puentes a la vista parcelando el calendario en lugar de por semanas como ha establecido el Gobierno, porque ella lo vale.

Un mal día

Llegaba trasquilado después de su desafortunada asistencia a un nutrido evento de un medio de comunicación que congregó a varios miembros del Gobierno (el susodicho Salvador Illa y sus homólogos de Defensa y Justicia, Margarita Robles y Juan Carlos Campo) y de la oposición (Pablo Casado e Inés Arrimadas, entre otros VIP de la política), por lo que no le ha quedado otra que disculparse ante una perpleja ciudadanía ahíta de restricciones que se saltan a la torera los toreros que les ponen una banderilla tras otra un día tras otro mientras al toro Covid se le afilan más y más los cuernos. 

Illa le ha reprochado a Casado en un ejercicio de superioridad moral académica que esta mañana "ha hablado mucho, pero no ha dado ningún argumento sanitario" desde la tribuna del Congreso. El ministro le ha afeado al líder del PP que no tiene posición ante la reinstauración del estado de alarma, "aunque la llame abstención", y le ha invitado a escoger entre "una posición constructiva" o unirse a la "estrategia de confrontación de la ultraderecha".

Tenso y alzando los brazos, ha sentenciado al líder de la oposición (quien al tiempo no dejaba de sonreír  bajo su mascarilla, otra seña de identidad a lo que se ve de la refundación de la marca del PP, el rictus jocoso-sardónico)  que o construye para salvar vidas o se echa al monte con los ultramontanos en su afán de desgastar al Gobierno en vez de al coronavirus.

Madrid, Madrid...

Madrid, Madrid, es su gran quebradero de cabeza dentro de la cefalea galopante desde el cabo de Finisterre al de Gata... Illa debe tener más pesadillas con Ayuso de las que Sánchez se presumía con los ministros de Podemos ante de dormir -como parece ahora- a pierna suelta, y le ha  dicho a Casado que había echado en falta alguna enmienda del PP (el plazo se agotó el miércoles) para recoger la demanda de la presidenta madrileña de parchear puente a puente el estado de alarma. Una postura que al Gobierno (Carmen Calvo) le suena "calculada" para buscar el enésimo encontronazo entre Moncloa y Sol. 

Y al hilo de su disgresión Illa ha salido al paso de los reproches de Casado al "socialista catalán en Madrid" y de los que sostienen que "da puntos" arremeter contra la comunidad central. Se siente agredido cuando le llaman "ariete de la madrileñofobia del Gobierno" en su papel de enderezador de las medidas y contramedidas que toma y retoma su -díscolo como ninguno- Gobierno regional, y ni corto ni perezoso, en el momento más tierno de la desabrida sesión de este jueves en la Cámara Baja, ha hecho toda una declaración de amor castizo.

"Siempre me he sentido muy cerca de Madrid y ahora más que nunca porque sufro con los madrileños". "He visto, no me lo tienen que contar, una ciudad admirable, que resiste, que acoge, que se levanta, que no pregunta, unida, me siento muy cerca de Madrid porque es imposible no sentirte cerca de un lugar que enseguida te hace sentir como uno más". Ahí queda eso para los que le reprochan cierta fobia, la ha disimulado muy bien...

Primarias en la derecha

El cariacontecido ministro le ha dicho a Casado que su "único adversario es el virus", en contraste con el del PP, a decir de Illa, el Gobierno de Pedro Sánchez. Y ha vuelto a cargar contra el nuevo Partido Popular que algunos quieren barruntar tras el manteo de Casado a Santiago Abascal durante la moción de censura más estrafalaria de la democracia. "Vemos con estupor que esto se ha convertido en unas primarias de la derecha, entre usted y Abascal, Pili y Mili, Pili y Mili (lo ha repetido para que a nadie se le pase el titular)".

Illa ha tenido esta mañana que hacer de sanitario y taponar la mala sangre que se les está haciendo a los españoles con un estado de alarma que va para medio año, haciendo una quimera de la "moral de victoria" que propugna el presidente del Gobierno. El desnortado titular de Sanidad le ha reprochado a Casado que su intervención anterior hubiera tenido un marcado sesgo político, pero el mitin ulterior de Illa durante sus primeros diez minutos de réplica le ha puesto indisimuladamente a su altura.

La de la clase política no está en modo alguno a la del dramático momento que vivimos, es el avispero de siempre y hasta las presuntas tiernas libélulas como Illa pican y se pican. 

 

 

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