La ventana
Luis Carlos Peris
La lluvia era puro llanto
Con un ojo en el balón y el otro en el crono fue como el Betis logró ese objetivo de quedar entre los ocho primeros. Al final quedó cuarto, pero todo discurrió en un partido con dos caras y un protagonista principal, Pau López. El catalán salvó a su equipo en un manojo de ocasiones en las que el gol estuvo muy cerca, demasiado cerca. Sobre todo en el primer tiempo y coincidiendo en las fases de mejor juego de su equipo.
Hizo una buena primera parte el equipo bético con un rol especial para Antony, que interviene poco pero cuando lo hace sus decisiones resultan decisivas. En esta ocasión rubricó su trabajo con un golazo y una asistencia para que Abde la peinase. Eran momentos de supremacía local, pero sin que el Feyenoord, un ejemplo de desenfado, fuese de víctima propiciatoria. Mandaba el Betis, pero los holandeses se dejaban notar con un fútbol tan combinativo como vertical.
El 2-0 al descanso parecía dejar la causa vista para sentencia, pero el Feyenoord, al que sólo le servía el triunfo, dijo aquí estoy yo mientras que el Betis optaba por la vieja conseja de guardar la ropa en vez de seguir nadando. Intentaba defender con la pelota, pero el rival sacó carácter y cuando en el minuto 77 marcó Tengstedt, todos los demonios familiares revolotearon sobre la Cartuja. Un gol más del rival sacaba al Betis de donde quería estar y ahí apareció la fiel infantería verdiblanca para soplar de popa para un final feliz, muy feliz.
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